Lázaro Cuesta es uno de los Babalaos más conocidos de Cuba porque encabeza un grupo de cientos de sacerdotes yorubas que se reúnen cada diciembre para sacar la Letra del Año, una serie de predicciones sobre lo que ocurrirá en Cuba y el mundo durante los siguientes 12 meses.

Lo que pocos saben incluso en su país es que además ocupa uno de los cargos más altos entre los masones, es el Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba. Por esa razón la sección A fondo de OnCuba decidió entrevistarlo.

Lo encontramos trabajando en la rehabilitación del Asilo Nacional Masónico, institución que atiende ancianos masones, a sus familiares y a los vecinos pobres de la zona. Ya reabrieron tres pabellones, donde viven 90 abuelos y piensan llegar a superar la cifra de 250 al terminar las obras.

Nos cuenta que están buscando recursos entre los hermanos de Cuba y los del extranjero para poder acoger durante el día a todos los ancianos pobres del barrio de Arroyo Naranjo, atenderlos y brindarles además desayuno y almuerzo.

La actividad social de la masonería viene desde muy lejos, “en Cuba hasta el año 59 teníamos diferentes acciones sociales, como el zapato escolar y el traje masónico para calzar y vestir a los niños pobres. Lo entregábamos en el aniversario del nacimiento de José Martí”.

Lázaro Cuesta, de pie, Babalao y Masón / Foto: Raquel Pérez
Lázaro Cuesta, de pie, Babalao y Masón / Foto: Raquel Pérez

Cuesta recuerda que “teníamos la escuela nacional masónica y la universidad masónica para los hermanos que no tenían la posibilidad económica de estudiar. Y también esta obra, el Asilo Nacional Masónico, que fue creado en 1918 y es la única que sobrevive”.

Hay una historia negra sobre la relación de los masones con las religiones por eso nos sorprende que un babalawo pueda ocupar tan alto cargo en la institución. Cuesta se sonríe y me explica que incluso “al masón se le exige la creencia en un ser supremo, al que llamamos Gran Arquitecto del Universo”.

Agrega, sin embargo, que “no se nos permite hacer planteamientos de tipo religioso dentro de las logias porque como existen tantas variantes de la fe uno puede lastimar los criterios de otro y la masonería quiere unir a sus miembros, convirtiéndolos en eslabones de una gran cadena.

“Respetamos cualquier creencia, aceptamos a un pastor evangelista, un testigo de Jehová, un musulmán o un religioso yoruba. Nosotros no medimos la fe de ninguna de las personas que forman parte de nuestra institución, consideramos que lo más importante es la comunicación entre los hombres”, nos dice.

En la práctica diaria no siempre funciona bien, “a veces los preceptos de las instituciones se ven resquebrajados por la actitud de algunos de sus miembros. No vamos a negar de que en ocasiones ha habido contradicciones personales pero nunca bajo la prédica institucional”.

Con la política ocurre algo similar, ellos tienen prohibidos los debates políticos dentro de las logias. “En la masonería está vedada porque divide a la sociedad, fracciona a la familia, debilita la unidad, sobre todo cuando se mezcla con la relación social, familiar, religiosa o fraternal”.

Nos aclara que “la masonería y la política viven juntas porque los masones también somos políticos pero hay que llevarla de forma personal no institucional”. Explica que en las logias “seguimos teniendo hermanos que están contra el sistema y otros que apoyan a la Revolución, pero la institución se fortalece con el pensamiento de todos, cuando este es diáfano y sincero”.

Lázaro Cuesta cree que en la relación Estado-Masonería “hay un antes y un después del reconocimiento de Fidel Castro de que un religioso puede formar parte del Partido Comunista (1992). Hasta ese momento ser masón constituía casi un delito”.

Nos explica que en realidad “no existía ninguna ley pero éramos mirados con recelo. Hoy la situación ha cambiado aunque encuentras aun algunos recalcitrantes, con una actitud hostil. Pero las relaciones del Estado con la Masonería son hoy bastante saludables y respetuosas”.