Mayra Espina es una socióloga cubana especializada en el tema de las desigualdades, equidad y políticas sociales en Cuba. En la actualidad es además oficial de la cooperación Suiza dirigiendo los proyectos de desarrollo local. Aceptó conversar con OnCuba sobre los riesgos sociales que puede traer la reforma económica.

¿Cómo están repercutiendo las reformas económicas a nivel social?

Desde el punto de vista social es un proceso que abre nuevas y necesarias oportunidades. Solo dando un paseo por la ciudad uno nota el nuevo dinamismo. Eso es un efecto muy positivo para la sociedad porque la falta de oportunidades que ha habido durante muchos años fue factor de un bajo optimismo social.

Pero todo esto es ambivalente porque, junto a ese mejoramiento, también se dan otras tendencias que tienen que ver con la herencia histórica de desventajas emergidas durante la crisis de los 90.

Mayra Espina / Foto: Raquel Pérez.
Mayra Espina / Foto: Raquel Pérez.

En resumen, no todos pueden aprovechar esas nuevas oportunidades porque para poner un negocio hay que tener una casa, un carro o un capital. Y eso está asimétricamente distribuido en la sociedad cubana.

Hay grupos sociales que van quedando rezagados y es una tendencia muy negativa en el sentido de que se acumula históricamente. Es un rezago que tiene sexo, tiene color y tiene territorio.

¿Cuáles serían los sectores más rezagados?

Los estudios señalan claramente que las desventajas están especialmente acumuladas en la población de negros y mestizos, en las mujeres –aunque hay una franja de ellas muy empoderadas-, los territorios rurales, montañosos y dentro de las mismas ciudades hay franjas empobrecidas.

¿Es inevitable que la apertura traiga mayor desigualdad?

Siempre un cambio de cierta radicalidad tiene ganadores y perdedores pero me parece que es un error pensar que estos cambios inevitablemente traerán aparejadas mayores desigualdades.

“Hay grupos sociales que van quedando rezagados y es una tendencia muy negativa en el sentido de que se acumula históricamente” / Foto: Raquel Pérez.
“Hay grupos sociales que van quedando rezagados y es una tendencia muy negativa en el sentido de que se acumula históricamente” / Foto: Raquel Pérez.

Se generan mayores desigualdades pero también mayores oportunidades para impulsar a los grupos que están en situación de desventaja. Ese potencial de la reforma no está todavía suficientemente explotado para reforzar políticas de equidad.

¿Cómo se podrían reforzar esas políticas?

El espacio del desarrollo local y municipal es especialmente propicio para aplicar políticas de proximidad y crear otro tipo de instituciones. Muchos estudios proponen la territorialización de las políticas universales de equidad. Deben reforzarse los derechos universales desde el territorio con mayores asignaciones en comunidades en desventaja.

Una parte de las decisiones en la política social debería estar en manos de los gobiernos municipales, acompañados y asesorados pero en sus manos, tanto para los contenidos como para los presupuestos concretos. El dinero es el mismo que tenemos ahora, Cuba dedica más del 30 por ciento del presupuesto a los territorios, una parte del cual debería ser asignado con más libertad. El próximo año el 1 por ciento de los tributos se quedará en los territorios, con lo cual tendrán sus propias fuentes de financiamiento.

Debe haber una política central sobre a qué municipios favorecer, a cuáles incentivar y a quiénes compensar por sus desventajas.

¿Cuando habla de pobreza, a qué se refiere exactamente?

Yo uso la cifra del 20 por ciento de población urbana en situación de pobreza, que viene del año 2000 porque no tenemos nuevos datos. Los que estudian este tema aclaran que en Cuba la pobreza tiene una calidad distinta, la pobreza extrema apenas existe, la nuestra es una pobreza amparada por el acceso a los beneficios universales (salud, educación, etc).

Aunque la pobreza en Cuba no tiene la dimensión de otros países sigue siendo un problema económico, social y ético grave / Foto: Raquel Pérez.
Aunque la pobreza en Cuba no tiene la dimensión de otros países sigue siendo un problema económico, social y ético grave / Foto: Raquel Pérez.

Yo concuerdo con ellos pero agrego que esa pobreza es difícil de vivir porque esas personas apenas tienen posibilidades de tomar decisiones, su vida transcurre por los circuitos de amparo. Aunque no tiene la dimensión de otros países sigue siendo un problema económico, social y ético grave.

¿Habría posibilidades de transformar la asistencia social en un mecanismo que permita a la gente opciones de desarrollo independientes?

Tiene que continuar la asistencia social, me da temor que tienda a disminuir, pero considero que tiene que ser acompañada por otros mecanismos. Empoderar a los pobres es un discurso válido siempre y cuando no desmantele los marcos de asistencia, protección y seguridad social.

La idea no es sustituir los mecanismos de asistencia social sino complementarlos con otros para generar activos y unificar el punto de partida de los grupos que están en desventaja para que puedan aprovechar las nuevas oportunidades.

Son muy esperanzadores los instrumentos que se aplican en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela, en Argentina y Brasil para crear esas condiciones en el microespacio a partir de microfinanzas solidarias y un sistema de ahorro y asesoría para crear emprendimientos. Parten de un criterio de discriminación positiva y de restauración de una deuda histórica.

Cuba tiene las mejores condiciones para avanzar por este camino, por su grado de institucionalización, por la cohesión y seriedad de sus autoridades locales, por los vínculos entre lo nacional, lo provincial y lo local.

¿Si pudiera hablar con los hacedores de política en Cuba qué les advertiría?

Trataría de dialogar sobre aquellos elementos que me parecen más complicados. Cuestionaría la idea de que restaurando el tema económico en el país puede por sí solo mejorar las condiciones sociales. Les diría que es una idea peligrosa que puede inducir a muchos errores. Y a mí modo de ver está presente en algunos aspectos de la reforma.

Efectivamente sin una buena economía se puede hacer poco en materia social pero la tarea social no debe quedar para después sino que debe avanzar de una manera articulada. No se trata de tener un mayor gasto social, sino de organizar un mejor gasto social.