Un avión ruso contra la sequía en Cuba

El Servicio Federal Hidrometeorológico y de Monitoreo Ambiental de Rusia, Roshydromet, enviará a Cuba un laboratorio aéreo para combatir la sequía que afecta a la Isla. El Yak-42D número 42 400 tendrá la encomienda de generar nubes por medio de reactivos químicos que provocan precipitaciones, según informa Sputnik News.

El avión ruso llevará a cabo labores de siembra de nubes sobre el territorio cubano, para incrementar de modo artificial las lluvias en 80 litros por hora. Las labores se llevarán a cabo durante octubre y noviembre.

A bordo de la aeronave experimental participarán técnicos del Observatorio Central Aerológico de Rusia, perteneciente al Roshydromet, junto a cinco especialistas cubanos.

De acuerdo con el medio de prensa, el costo de los trabajos ascenderá a 92,5 millones de rublos (aproximadamente 1,7 millones de dólares). La operación será financiada con recursos del presupuesto de 2017 del Observatorio Central Aerológico.

Cuba sufre una intensa sequía desde hace varios años, la mayor en más de un siglo. El evento, que alcanzó su punto más crítico en 2015 –con solo el 84 por ciento del promedio histórico en el período lluvioso–, ha afectado a más de las dos terceras partes de la Isla.

En el primer semestre de 2017 el 43 por ciento del territorio cubano padeció de escasez de lluvia. El 7 por ciento de las áreas con sequía recibió la categoría de severa a extrema, el 15 de moderada y el 21 de débil, según especialistas del Instituto de Meteorología.

Según datos ofrecidos a la prensa por el Máster Argelio Omar Fernández, de la dirección de Uso Racional del Agua del Instituto Nacional de Recurso Hidráulicos (INRH), en julio las lluvias en Cuba promediaron 147,9 milímetros, el 110 por ciento de la media histórica mensual.

La región occidental fue la más beneficiada por las precipitaciones, con 202,4 mm (119 por ciento de lo esperado). En el centro y el oriente cayeron por ese orden 140,3 (102 por ciento), y 109,4 (108 por ciento).

No obstante, al cierre del séptimo mes del año los 242 embalses del INRH contenían 3 662 millones de metros cúbicos de agua, lo que representa el 40 por ciento de su capacidad total. La porción utilizable era de 2 984 millones de metros cúbicos, apenas el 34 por ciento.

El volumen total almacenado representa un incremento de 97 millones de metros cúbicos con respecto a junio, pero se encuentra por debajo del promedio histórico para la fecha en alrededor de 1 508 millones.

La sequía nuestra de cada día

De los 77 embalses destinados al abasto de la población, 30 muestran un llenado igual o inferior al 25 por ciento de la capacidad aprovechable. Las provincias más afectadas al cierre de julio eran Ciego de Ávila, con un 17 por ciento de llenado útil, y Las Tunas con un 19 por ciento.

La presa Zaza, el mayor embalse de Cuba –situado en la provincia de Sancti Spiritus–, tiene solamente el 15 por ciento de su capacidad a solo dos meses de terminar el período húmedo. Apenas acumula 154,630 millones de metros cúbicos de agua de un total de 1 020 millones.

En cuanto a los acuíferos (agua subterránea) vinculados con el suministro de agua a las principales ciudades y polos turísticos de Cuba, 13 figuran en rango normal (dos descendiendo, tres estables y ocho subiendo), uno en estado desfavorable y otro en situación crítica.

Sembrar nubes

La gravedad de la sequía ha motivado la búsqueda de diferentes soluciones en Cuba, así como la aplicación de medidas de ahorro. Una de las fórmulas, ensayadas ya en otras ocasiones, es la llamada “siembra de nubes”, que ahora espera implementarse con la colaboración rusa.

En 2015, en el momento más álgido de la sequía, se valoró esta posibilidad para varias zonas de la provincia de Santiago de Cuba y el Valle del Cauto. OnCuba consultó entonces al Dr. Daniel Martínez-Castro, jefe del Centro de Física de la Atmósfera del Instituto de Meteorología, para conocer sobre el tema.

Martínez-Castro explicó que en este proceso “se introduce un reactivo en la nube para influir en la formación de la lluvia de modo que se incremente su volumen. Para la siembra se escogen los cúmulos en desarrollo, que contienen gotas líquidas a temperaturas bajas, las cuales se congelan rápidamente al contacto con el yoduro de plata, liberan calor latente y energizan la nube”.

“La siembra –agregó el especialista– influye en la evolución de la nube, contribuye a que se extienda más en superficie y aumenta su tiempo de vida, de modo que también crece el volumen total de lluvia que es capaz de aportar.

No tiene riesgo ecológico, porque las concentraciones de yoduro de plata que se emplean son mínimas y según las mediciones efectuadas en diferentes países sus niveles no afectan en lo absoluto el medio ambiente.”

Siembra de nubes, una respuesta a la sequía

De acuerdo con Martínez-Castro, la siembra necesita condiciones en la atmósfera. “Por lo general, esas premisas se cumplen durante los meses de nuestra estación lluviosa (mayo a octubre)”, detalló.

Como antecedente de esta práctica en Cuba, el especialista citó los trabajos realizados en la década de los ochenta en Camagüey, y otros experimentos realizados desde el año 2005.

El extenso período de sequía de los últimos años ha motivado la colaboración científica entre Cuba y Rusia en busca de soluciones, en particular las lluvias artificiales. Moscú accedió a proporcionar tecnología a la Isla en esta dirección, razón por la cual llegará el laboratorio aéreo Yak-42D.

Esta aeronave, diseñada con fines científicos a partir de un modelo comercial, ha permitido a los especialistas del Ministerio de Recursos Naturales y Ecología de la Federación Rusa perfeccionar los modelos de pronóstico del tiempo y del clima.

El avión cuenta con un moderno equipamiento de investigación, que le permitirá medir miles de parámetros atmosféricos. A bordo del mismo fueron instalados más de 7o instrumentos y más de 50 sensores externos. Además, cuenta con 14 puestos de mando a bordo para el trabajo con sus instrumentos.

En su presentación en diciembre de 2013, el ministro de Recursos Naturales y Ecología de Rusia, Serguéi Donskói, definió el avión como un laboratorio volador de la más alta calidad capaz de medir más parámetros que ningún satélite orbital.

Por su parte, el consejero del presidente y representante especial para cuestiones del clima, Alexander Berditski consideró que “por su personal e instrumental no hay nada similar en el mundo”.

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