Calladito te ves más bonito

Tenía 14 o 15 años la primera vez que sentí violencia sobre mi cuerpo de mujer. Andaba de uniforme de pre-universitario y estaba parada en el borde de la acera esperando para cruzar una calle. Pasaron unos muchachos en bicicleta y me tocaron las nalgas con mano firme, agarrando todo lo que pudieron. Todavía puedo sentir mi estupefacción, el ardor en todo el cuerpo, la impavidez con que miró la mayoría de las personas a mi alrededor, y el gesto solidario de unos pocos que se decían: “Qué barbaridad”.

Me quedé petrificada en aquel contén. Los carros terminaron de pasar; la luz roja, la verde para peatones, otra vez la roja, y otra vez la verde. Las piernas me temblaban de impotencia, no de miedo: era de día, plena avenida, en una ciudad muy segura para mí, y quienes me habían tocado no iban a regresar ni me estaban persiguiendo. Simplemente habían aprovechado la “oportunidad” para hacer una “maldad” casi inocente, casi sin consecuencias… que, resulta, recuerdo dos décadas después.

Años antes, salía con miedo de la secundaria porque un muchacho del barrio me esperaba en la esquina y balbuceaba lo que podría pasarme en sus manos. Según decían, “tenía problemas”, no había que hacerle caso, era inofensivo; pero yo cambiaba la ruta de ida a mi casa. Cuando el miedo se convirtió en pánico, mi familia fue a hablar con su madre. Desde ese día no dijo nada más, y sólo me miraba. Sin embargo, no pude dejar de cambiar de ruta. Era demasiado niña para advertir que esas situaciones se repetirían en muy diferentes formatos.

Tampoco pude traducir, hasta mucho tiempo después, el malestar enorme que sentía cuando, caminando por la calle, miraban entre mis piernas y me lanzaban un: “Mami, ¿todo eso es de verdad? ¿Todo eso es tuyo?”.

“No te bajes la saya, que te queda muy bien así”, “Mama, esos muslos están pa´ caerle a mordidas”, “Qué rica para hacerte todo lo que yo quiera”. Y así sucesivamente. ¿Por qué tendría que sentirme mal si, al fin y al cabo, eran piropos? De últimas, el problema es que yo llamaba demasiado la atención, “cómo no iban a decirme algo siendo el mujerón en que me había convertido”. He escuchado argumentos parecidos muchas veces después, en voz de mujeres y de hombres: las mujeres a veces son demasiado provocativas al vestir, al caminar, al relacionarse; además, el “piropo” es un halago a la belleza femenina, una forma de reconocimiento público. Dicen.

Desde mi adolescencia, vi a más hombres masturbarse que los que hoy podría contar; crucé más veces de acera para no pasar entre un grupo que me diría “piropos”, que las que decidí partir en dos la nube de deseo viril que me veía acercarme; me quedé más veces callada escuchando frases ofensivas que las que respondí; bajé más veces la cabeza ante lenguas saboreándose la boca, que las que miré de frente. Nada de eso evitó que una mañana, mientras iba a la universidad, un hombre sin rostro –nunca lo vi– se masturbara detrás de mí con tanto éxito que pudo llenarme el pantalón de semen. Cuando me bajé del “camello” en que iba, me sentí húmeda, toqué mi ropa, miré mis dedos, y reconocí, violada en lo más profundo de mi psiquis, lo que había pasado. Regresé a la casa, me cambié, y volví a la universidad para una clase de Psicología Social donde no dije una palabra sobre aquello.

Ninguna de esas referencias es excepcional. De hecho, podrían ser ampliadas por mujeres de todo el mundo; también por mujeres cubanas. Esos eventos, y otros, requieren traducirse en términos que los nombren con propiedad: violencia, violencia sexual, acoso sexual callejero. Organismos internacionales, observatorios sociales, organizaciones ciudadanas, estudian las consecuencias del acoso sexual callejero; analizan sus dinámicas para construir políticas públicas y mapean las rutas de la violencia.

Así demuestran cómo las mujeres cambian sus espacios de vida por miedo; cómo ese miedo, para nosotras, va más allá del temor al asalto o al robo, es un miedo por el propio cuerpo: la calle y el transporte público no son territorios neutrales y los grados de libertad para hombres y mujeres al transitar la ciudad, son distintos.

La cuestión específica del acoso sexual callejero es polémica, y en Cuba lo es especialmente. ¡Cómo llamar acoso –por ejemplo– al piropo, en un país donde este es bandera nacional! Pero el halago –que es con lo que muchas veces se quiere identificar el piropo– es muy diferente al acoso. Todas las situaciones descritas antes, y todas las que lectores y lectoras puedan aportar, son situaciones de acoso sexual callejero si incluyen prácticas con connotaciones sexuales explícitas o implícitas que provienen de un desconocido, si son unidireccionales (quien habla no considera el malestar de quien escucha, mira o siente), si ocurren en espacios públicos y si provocan malestar.

Las consecuencias son afectaciones en las posibilidades de movimiento en el espacio público y en la sensación de libertad y control sobre el entorno y el propio cuerpo. Entonces, el piropo, tanto como otras formas de acoso sexual, no son prácticas neutrales ni fundadas en el bienestar recíproco. Funcionan en un contexto de asimetrías de género, se expresan a través del control y del poder que otorgan esas asimetrías, y se reproducen a través de las mismas rutas de otras formas de dominación patriarcal.

Por lo anterior, es necesario pensar el acoso sexual callejero desde las políticas públicas y a través de campañas de educación ciudadana que consideren las necesidades y voces de mujeres y hombres sensibilizados con el tema. En Cuba no contamos con normativa alguna para hacer frente a esas situaciones, tan cotidianas como alguien sea capaz de imaginar. En 2016, el periódico Vanguardia publicó uno de los pocos análisis sobre el acoso sexual callejero. Allí se refirió que en nuestro país no contamos con formas legales que regulen y sancionen ese tipo de violencia. Para encontrar amparo jurídico, las personas afectadas requieren evidencia de la reiteración del acoso; de lo contrario, se califica como “vulgaridad, grosería o casualidad”.

¿Cuántas veces más tendré que caminar con incomodidad y hasta temor, cuántas masturbaciones más tendré que presenciar sin querer, cuántas frases violentas más tendré que escuchar para demostrar que la violencia sexual, que el acoso sexual callejero, es reincidente en mi vida, en nuestra vida, hasta un punto en que no lo podrían creer?

 

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Comentarios

Adrián

3 octubre, 2017

Muy buen artículo. Aunque piropeo (muy pocas veces) a una mujer hermosa cuando la veo, para nada uso malas palabras o expresiones de acoso. Y en muchos casos, logro que sonrían.
Cuando estudiaba en la UO, caerle atrás a los “tiradores” que se escondían cerca de la Facultad era casi una tarea diaria para muchos. Y en la Beca estar atento a cualquier extraño potencial rascabucheador o violador de nuestras compañeras era otra tarea voluntaria, especialmente los fines de semana. Ahora en mi ciudad, cerca de donde laboro, siempre hay quejas de mis compañeras por “tiradores”…
Nada, que a los cubanos hombres nos falta mucho en ética social…y nuestra legalidad mucho por legislar en este tema.

novasaningunaparte

3 octubre, 2017

esto que cuentas es la realidad, la manera cubana de acosar sexualmente a las mujeres. El acoso sexual del que puede más físicamente, es lo más corriente del mundo y en los países mejor organizados se combate diariamente con mayor o menor éxito, según el novel de organización social. En Cuba, con el desastre social en que se vive, no creo que tengas muchas esperanzas de cambiar la realidad. En países con el nivel de desorden social comparable a Cuba, estas cosas son aún peores, porque en Cuba hay control represivo y esto hace que se sienta la gente más vigilada y que pasen cosas a niveles menos violentos. pero esperanzas de que el estado cubano dedique recursos a cambiar esta realidad no creo que nadie tenga muchas.

…en realidad si existen formas legales en Cuba para sancionar y hasta poner carcel a estos acosadores, incluso conozco casos en que algunos han cumplido condena por estos motivos…cierto es que que nuestras leyes no recojen particularmente el nombre y los procesos se realizan bajo cargos de conducta antisocial y no acorde con los principios de la moral y el orden público…pero a estos acosadores si se les denuncia como debe ser pueden cumplir incluso varios años de prisión…es preocupante la situacion que en realidad forma parte del paisaje urbano fundamentalmente…tambien debemos reconocer que el problema tiene muchas aristas y es bastante antiguo sin que en otros tiempos se le diera mayor importancia, por ejemplo en las becas de los años 70 y 80 en cuba era muy común que los varones intentaran mirar a las niñas en las duchas, o con espejos para ver debajo de la falda, y no pasaba nada mas que alguna protesta aislada, y mucha risa…por otro lado esta el acoso que sufren las mujeres en los centro de trabajo en cuba y el que sufren las niñas en las escuelas por parte de profesores jóvenes y no tan jóvenes pero adultos; y no solo acoso, tambien abuso de la autoridad, aprovecharse de la situacion vulnerable de las adolecentes para seducirlas… y es que al parecer muchos no entienden que los conceptos que hoy manejan al respecto son distintos; que hace 80 años una niña de 13, 14 años se casaba con un hombre de 30 y parecía normal, pero hoy no…creo que se debe revisar seriamente todo este asunto, modernizar conceptos, educar a nuestra sociedad y formular atributos legales para combatir este problema…también creo que es muy importante la denuncia directa, es otro gran problema que tenemos en cuba que no se denuncian las cosas, muchas cosas se intentan resolver sin recurrir a la ley y por falsos conceptos…si usted denuncia es un chivato y asi su vecino pone la música todo volúmen y nadie denuncia, venden cualquier bebida alcoholica clandestina, se llena de alcoholicos su barrio, el portal de su casa y nadie denuncia…muchos ponen una cafeteria, pagan impuestos mientras los otros venden por la libre y nadie denuncia..hay acoso y nadie denuncia,,,la policia se hace de la vista gorda y nadie denuncia…y por lo general, sin denuncia no hay delito…tenemos que aprender que lo que nos molesta como ciudadanos, lo que atenta contra la convivencia en paz y con respeto dentro de la sociedad hay que denunciarlo…

Dunia LLanes

3 octubre, 2017

Muy buena reflexión, todo lo que has relatado le ha sucedido a muchas mujeres en Cuba, en las cuales me incluyo. Es un acoso sexual en toda su expresión y las mujeres no tenemos porque bajar la cabeza ante tanta precariedad moral. Debemos levantar las voces y crear estrategias sociales y de igualdad en contra de la violencia de género. Cuba debería tener, ya, mecanismos legales para luchar contra estos temas y desde las instituciones gubernamentales y sociales trabajar en la educación de un pueblo en pro de combatir la violencia de género y el acoso sexual a tantas y tantas mujeres. Es una vergüenza y síntoma de subdesarrollo social que paseando por tantas y tantas calles del país tengas que pasar a la otra acera porque hay algún masturbador, deplorable e inaceptable.

Negracubana

3 octubre, 2017

Adrian, si ella no te pidio ser piropeada entonces es acoso. Nada te da el derecho de molestar a una desconocida en plena calle, aun cuando ella se ría. Es su cuerpo, es su belleza y no deberías abordarla por eso. Te imaginas si cada 10 hombres 8 te piropean si fueras mujer. Y muchas mujeres se ríen, desgraciadamente, porque eso aprendieron desde pequeñas: a estar disponibles para el otro y a configurar su autoestima a partir del criterios del resto. Abrazo

Negracubana

3 octubre, 2017

Ailyn, me encanta el título del texto pues juega con aquello tan machista de “calladita…”. Abrazo

Ofelia Pérez

3 octubre, 2017

Tengo 31 años y soy mujer; he vivido cada una de las experiencias que describes, quedando perpleja y con ese sentimiento de impotencia que te corroe cuando miras en derredor y el entorno permanece inmutable, sin hallar a la redonda ningún agente del orden (¿dónde se mete la Policía en Cuba?) que cumpla con su deber. Estoy a favor del apoyo que da Mariela Castro a la comunidad LGTBI, pero quién brinda protección y un apoyo real en este sentido a las mujeres cubanas?

Andres Bello

3 octubre, 2017

Las mujeres siguen indefensa hasta en las sociedades más avanzadas. Muchas cubanas emigradas presentan las legislaciones de las naciones donde viven como modelo a seguir, pero ni en ellas han dejado de ser un juguete sexual y son manipuladas por los hombres aun con leyes que las favorecen. Nada más revisar las noticias de comunidad de Hialeah en EEUU para ver todas las semanas alguna noticia donde las mujer sea el objeto de violáceo Nestlé. En Cuba se avanzó entre “” hacia esa emancipación pero en una sociedad machista las leyes las hacen. Los hombres, nada mas ver las acciones policiales frente a una acusación de una mujer de ser víctima de acoso sexual, revisen las cuantías que pagan los padres para los hijos en custodiado las madres. Queda mucho camino por recorrer y el principal es en la mente.

María Antonia Borroto

3 octubre, 2017

Magnífico texto.
Y es muy triste ver cómo muchas veces no somos capaces de reconocer el acoso sexual, pues se ha naturalizado entre nosotros. O lo creemos una actitud marginal: en realidad ningún ámbito escapa a la violencia de género. Ni siquiera los ámbitos universitarios, ni los intelectuales. Allí todo es tal vez un poco más sutil, más sofisticado, pero tan o más lacerante.

Jesús Muñoz

4 octubre, 2017

Ailynn
Muy buen artículo. Muy personal, lo que permite hacer una conexión especial con el público lector. Además, ya sabemos que “lo personal es político”.
El título: súper.
No calles. Ya sabemos que por cada mujer que calla, hay miles de hombres que siguen acosando a las mujeres en Cuba.
El documental “Mírame, mi amor”, de la realizadora feminista Marilyn Solaya es una joya en este tema y también lo recomiendo.
Por cierto, a los hombres les recomiendo tampoco hacer mutis porque “ese silencio nos hace cómplices”.
Saludos

Luis Medrano

4 octubre, 2017

Aqui en el sur de la Florida no existen “tiradores”.Las leyes son muy severas con los sexual ofenders,ademas las mujeres se trasladan en auto,en su gran mayoria.Ademas una bolsa de senora puede ser el lugar donde una mujer transporte un Smith and Wesson calibre 38,o in a Glogk calibre 9 de dieciocho balas…Que bonito debe de verse un “tirador”con semejante agujero en la panza chorreando sangre y mondongos.No los hay,no…

Dean Luis Reyes

5 octubre, 2017

Este es un tema del que se habla muy poco. Marylin Solaya, por ejemplo, dedicó una pieza de docuficción al asunto, que no se divulgó demasiado. Cuando se habla de violencia de género en Cuba, esto no se incluye. Y en cuanto a las autoridades, a menudo actúan según su propio sesgo machista (no importa si la policía, instructor del caso o jueza es mujer) de cada mediador. Como hombre, siempre me pregunto hasta qué punto vulnero el derecho a la privacidad de la mujer que me atrae a la hora de sugerir un halago. Pero hay un borde inevitable: la educación. Y volvemos al centro del asunto.

Entré de casualidad a leer este magnífico artículo. Lo colgaron en http://www.rebelion.org y me llamó la atención el título. Pensaba que era una sugerencia para que no hubiera debate sobre alguna cosa en Cuba. Pero, ahora que lo he leído he de manifestar que el título está muy bien elegido.
Pienso que lo que se cuenta es muy real y que ocurre con demasiado frecuencia. No sólo en Cuba. Yo vivo en Andalucía, el sur de España y la situación es muy parecida.
Hemos sido maleducados desde yo no sabría decir cuándo. Alguien nos inculcaba esos valores por el mero hecho de ser muchachitos. Yo recuerdo películas italianas como “Malena” (dirigida por Giuseppe Tornatore) con la bellísima Mónica Belucci que parecían darnos “la razón” al vernos reflejados en la conducta machista de los jóvenes italianos. El cine y la literatura están llenos de ese tipo de sensaciones. Hasta el punto que si hasta hace poco alguien criticaba esos relatos le afeaban su conducta y le desplazaban como un crítico insensato y frívolo.
Hay mucho por hacer. No sólo en Cuba. Y tenemos que ponernos todos a trabajar en estos temas, pues son fundamentales para una buena convivencia, un sano respeto y una fraterna comunidad de personas libres y responsables.
Me llama la atención que en alguien ha subido un comentario, un tal Luis Medrano, que es bastante inoportuno por varias razones. Primero, seguro que no conoce en persona el machismo tan atroz que existe en la sociedad estadunidense (el cine pornográfico es una muestra de que todo lo aberrante está permitido sobre un cuerpo de una mujer esclava y prostituida). Y, segundo, estúpidamente propone una solución que sólo genera más dolor, más violencia y más criminalidad. Es como querer eliminar una plaga de mosquitos a base de lanzar bombas nucleares.

Adrián

6 octubre, 2017

Negracubana: Ninguna mujer u hombre pide ser “piropeado”. Conoces algún caso ?. El piropo bien dicho es una expresión de admiración ante la belleza. A mi me piropean algunas compañeras y yo nunca las he invitado a eso (tampoco me disgusta). Acoso es otra cosa.

Adrián

6 octubre, 2017

Y para novasaninguna parte “En países con el nivel de desorden social comparable a Cuba, estas cosas son aún peores, porque en Cuba hay control represivo “..me imagino…tremendo control represivo que hay…no estarás refiriéndote a Barcelona ? O a México ?.

Adrián

6 octubre, 2017

Y por cierto, negracubana: No sé de tus experiencias, pero si nos guiaramos por tu línea de pensamiento, me imagino que el 80 % de los amores felices hubieran comenzado en tono de reunión oficial. Y me quedo esperando por un ejemplo tuyo de como una mujer “invita”, con palabras, a que la piropeen. O un hombre.. Porque si una mujer se pone un short corto, y una blusa sin tirantes, no es una invitación. Es su derecho a vestirse como quiere.

Negracubana

6 octubre, 2017

Repite y pon camarón: Negracubana 3 octubre, 2017
Adrian, si ella no te pidio ser piropeada entonces es acoso. Nada te da el derecho de molestar a una desconocida en plena calle, aun cuando ella se ría. Es su cuerpo, es su belleza y no deberías abordarla por eso. Te imaginas si cada 10 hombres 8 te piropean si fueras mujer. Y muchas mujeres se ríen, desgraciadamente, porque eso aprendieron desde pequeñas: a estar disponibles para el otro y a configurar su autoestima a partir del criterios del resto. Abrazo

Mauricio

6 octubre, 2017

Son los rezagos de una sociedad patriarcal y machista. Conozco de mujeres que han ido a la policía a denunciar acoso o intentos de violación y los mismos oficiales se han “metido” con ellas. Vivimos en una sociedad donde los valores y el respeto son cada día más escasos. Hace pocos días pasé frente a una escuela primaria en el Vedado a la hora del recreo y los niños repetían alegremente las letras machistas y sexistas de una canción de reguetón.

Adrián

6 octubre, 2017

Negracubana: Sigues sin darme un ejemplo de como debe ser cuando te invitan a piropear. Ni de como deberia ser esa invitacion. Una mala comunicación de algunos no significa que no deba haber comunicación para los otros. Y no pienso que haya que llegar al extremo de los paises nórdicos, donde mirar a una mujer desconocida a los ojos se puede interpretar como acoso.

Ailynn Torres Santana

6 octubre, 2017

Adrian, Negracubana, me meto en la conversación. Piropo y acoso sexual callejero guardan una estrecha relación, aunque no son lo mismo: no todos los piropos son acoso sexual callejero ni el acoso sexual callejero es solo el piropo. Si pienso esa relación desde mi experiencia y la de las personas conocidas, diría que, al menos en Cuba (que es el lugar donde más me han “piropeado”), una parte importante de los llamados piropos, sí podrían clasificarse como acoso sexual callejero, no todos, pero sí un número muy, muy considerable. A ello podría añadir que no pocas veces esos piropos se acompañan de otros “gestos”: cerrar el camino poniéndose delante, intento de contacto físico, miradas lascivas o gestos sexuales, etc. Sin embargo, poniéndonos más precisos, Adrian, como digo en el texto, el piropo u otros comportamientos sociales deben considerarse acoso sexual callejero: “si incluyen prácticas con connotaciones sexuales explícitas o implícitas que provienen de un desconocido, si son unidireccionales (quien habla no considera el malestar de quien escucha, mira o siente), si ocurren en espacios públicos y si provocan malestar”. El conjunto de esos cuatro elementos ayudaría a esclarecer qué es y qué no es acoso sexual callejero. Si un piropo se deslinda de esas claves, entonces podría ser reciprocado y entraría en el espacio del filtreo, etc.
Por último, me pregunto si cuando dices “a mi me piropean algunas compañeras y yo nunca las he invitado a eso (tampoco me disgusta)”, ¿te refieres a compañeras que conoces o a mujeres en la calle, totalmente desconocidas para ti, que te interpelan? La respuesta a esa pregunta podría ser una primera precisión necesaria; sin embargo, tampoco esclarecería del todo el asunto, porque los modos en que un hombre (en su posición de poder en el espacio público) recibe la interpelación de una desconocida o un desconocido es, lamentablemente, bastante diferente a cómo lo recibe una mujer, y eso porque muchas veces el problema no es solo lo dicho (aunque también), sino lo que va junto con lo dicho y antes o después de lo dicho (más y más violencias, en diferentes registros).
Aprovecho y agradezco muchísimo los comentarios, las reflexiones, las identificaciones y los debates que ha traído “Calladito te ves más bonito”!!

alfredo

7 octubre, 2017

aylinn por qué no pones una foto tuya de perfil eh?… no… fuera de jodedera… yo creo que debes empezar por buscar soluciones locales antes que soluciones globales… digo… pídele a alguien de miami que te traiga un spray de pimienta… métete en alguna clase de canto… para que ejercites las cuerdas vocales… mira… este artículo tuyo me luce de una perdedora… si tu le hubieras metido un spraysazo a cualquiera que se te pegara nada más que un poquito… si en el camello le hubieras armado una gritería: “tirador… tirador”… “descarao”… los que estuvieran escribiendo este artículo fueran los tiradores víctimas… pidiendo que las mujeres dejaran de abusar con ellos… si tu pegas ese grito en el camello… se lo comen vivo… como lo vi yo…
aparte de eso… una pregunta que me hago… alguien consideraría las feromonas como un acoso sexual femenino?… las mujeres agreden sexualmente a los hombres con sus olores… científicamente demostrado que las mujeres durante sus períodos de ovulación cambian sus maneras de vestir… de actuar… de oler… se vuelven una provocación para los hombres que perfectamente sienten esos cambios feromonales…
estarían de acuerdo las mujeres en usar una burka(prenda de vestir árabe) en la que no se ven ni los ojos de las mujeres…

Negracubana

7 octubre, 2017

Adrian eres hombre (eso parece) por lo tanto no te corresponde hablar de los “extremos” porque solo a las mujeres (siguiendo el tema de este texto) nos corresponde. Te invito a que cierres la boca y leas con atención, o sea que escuches lo que nosotras tenemos que decir. Es muy heavy leer tus opiniones cuando sé que no sabes lo que se siente cuando adviertes que los hombres buscan tus pezones debajo de camiseta y brassier, lo cual ni siquiera lleva piropo. En todo caso, te toca hablar de tu experiencia como potencial acosador cuando piropeas a mujeres que no conoces y que no te han pedido ser piropeadas.

Desmiento a Medrano que vive en Miami y dice que no hay tiradores… hay que cuidarse al salir a hacer jogging temprano en las mañanas,

Liudmila Morales

7 octubre, 2017

Estimado Alfredo:
Su comentario es una muestra elocuente de la estupidez en defensa del machismo. La petición de foto (y nombre completo) la extiendo a usted, para ponerle rostro a la peligrosa cantidad de tonterías que escribe. Y digo “peligrosa” porque a pesar de que sus “argumentos” son verdaderamente risibles, y al parecer quiso ser gracioso, la originalidad no lo acompañó y acabó reproduciendo todos los argumentos que sustentan y justifican la cultura de la violación: que si las mujeres que denuncian la violencia se victimizan (llama a la autora “perdedora”), que si las mujeres provocan a los hombres con su vestuario y “sus feromonas” (en esta parte no sé si reírme o llorar con el patético argumento de que es un hecho científico)… En fin, que ni es original ni es gracioso, y si no puede ver que las mujeres no tenemos por qué soportar que nos hablen, toquen o miren en los espacios públicos, y que somos libres de vestirnos y oler como nos de la reverenda gana, su problema es de “neuronas”, no de “feromonas”. Para que deje de tomarse a la ligera la violencia, que hoy le cuesta la vida y el bienestar a miles de mujeres en el mundo (y de paso no haga ridículos como estos, aunque se esconda detrás de un seudónimo) le diría que se consiga libros, pero antes necesitaría conseguirse un cerebro.

Adrián

7 octubre, 2017

Negracubana: No tengo por que cerrar mi boca. Trabajo con mujeres, dirijo mujeres, soy hombre, y ninguna de ellas ha recibido una falta mía. Y si para ti elogiar la belleza en buenos términos, con decencia, es acosar, entonces es que tienes un serio problema. Me imagino que el día que piropees a un hombre y el te lance una mirada de “no molestes” te darás cuenta de que también funciona en la otra dirección. Y para Aylinn: Me han piropeado mujeres que no conozco, y sonrío. Me han “bajado muela” compañeras mías, y tranquilo, digo que no si no lo quiero. Espero que en el caso de las dos, nunca nadie las piropee. Porque también sé que en algún momento, Uds. dos desearan ser piropeadas con decencia, al estilo de como decía Feijoo en “Del piropo al dicharacho”.
Y negracubana, manda a callar a otra gente. Realmente, le pusiste la tapa al pomo. Se te acabó el feminismo. Un poco más y terminas hablando del manifiesto ultrafeminista.

Adrián

7 octubre, 2017

Y negracubana: Sigues sin darme un ejemplo de como sería una “invitación” femenina a piropear. Comenté esto con una amiga mía, ya no tan joven pero igual de bella y no aguantó la carcajada.
Ya veo que como no pudiste darme un ejemplo, trataste de mandarme a callar.

Adrián

7 octubre, 2017

Un piropo puede ser “que vestido más bonito”. Tan sencillo como eso. Y no es acoso. Es igual a cuando una mujer te dice: “que bien te quedan las camisas a cuadros”. Eso no es un piropo ?

Gabriel

8 octubre, 2017

Por dios, los complejos de esta mujer la tienen cegada. Si a eso le sumas que por donde vive, de ser los más salvajes se convirtieron en los más frágiles, completo, antifa

Negracubana

8 octubre, 2017

Adrián, dime si con 14 años tu vecino te ha tocado una nalga; dime si estando sentada en una guagua un tipo ha metido la mano por la ventana y te ha tocado una teta; dime si un tipo te ha desnudado con la mirada y tu te has sentido completamente desnuda a pesar de no estarlo; dime ademas si te ha tocado tener que ponerte los audifonos para no oir lo que te dicen cuando pasas entre un grupo de hombres; dime si no quieres que se fijen en tu vestido y, a pesar de ello, alguien te dice que vestido más bonito; dime si cuando pasas por una construcción cruzas la acera para no ser sometida a chiflidos; dime si sueles usar camisetas largas o blusones para que nadie se meta con tu culo… cuando me respondas una sola de esa preguntas, reconozco tu derecho a hablar de lo que sentimos las mujeres. Mientras deberías hablar de lo que te hace decirle a una mujer un piropo aun cuando ella sea una desconocida y no te lo haya pedido.

El Dany (pero no Dany a secas!!!)

8 octubre, 2017

Negracubana, ve al psicologo, necesitas ayuda!! Y no es bonche lo que te estoy diciendo

Adrián

9 octubre, 2017

Negracubana: Porque te haya pasado, no significa que todos seamos iguales. Y cuando tu vecino te toco una nalga, lo acusaste ?. Porque con 14 años, era un delito bastante grave el que él cometió. Y por demás, tengo una hija, y tengo hermanas. Y creeme que sé bien lo que pueden sentir o no. Y acaba de darme el ejemplo de como una mujer te pediría que la piropearas porque no lo imagino.
Y por cierto, que te toquen una nalga, no tiene nada que ver con piropos.

Negracubana

9 octubre, 2017

Adrian, los ejemplos que te puse, es solo una compilación de lo que viven las mujeres cubanas TODAS, unas más, unas menos.
Esto no da para más. Buenas noches.

albesuar

9 octubre, 2017

Ya es el colmo estamos a las puertas de una nueva inquisición, la inquisición sexual, últimamente estoy viendo un derroche de mojigateria que es preocupante, se esta tratando de confundir la gimnasia con la magnesia y lo peor es que se esta atacando un patrón cultural de la identidad cubana tan fundamental como cualquier otro, un piropo no es una ofensa, no es un acoso, no es nada deplorable y no violenta absolutamente nada muy por el contrario es un reconocimiento, una alabanza un agasajo, el sentido común indica que infeliz debe ser la mujer que no reciba uno o varios pues laceraría su auto estima y muy a pesar de seudo intelectuales sociólogos del atropello y estudiosos estériles de la peluca de la recontrapeluza a la inmensa mayoría de las mujeres cubanas les encanta que las piropeen como indica toda lógica. Que haya un grupo de inadaptados sociales, algunas con fobias, aprensión u algún otro tipo de desorden no quiere decir que haya que legislar para protegerlas mas bien se impone ponerlas bajo tratamiento, valga aclarar que no son solo los hombres los que piropean la mujer en su justa emancipación social a tomado la iniciativa y son muchas las que se suman a esta tan bonita, desinivida y cubana costumbre, que bueno que no somos ingleses ni franceses, que bueno que tanto se ha escrito de la voluptuosidad del cubano (sobre todo de las cubanas) que bueno que Lezama, Carpentier y muchos otros nos despojaron de complejos, que bueno que un grupo de beatas no vana a acabar con la cubania

Beatriz

9 octubre, 2017

Yo soy mujer me encanta que me digan piropos y tambien me encanta sentir que soy agradable al sexo opuesto, yo tambien piropeo a los hombres que estan buenos sin ponerme colorada favor si estan pensando en los derechos de las mujeres a las que no les gustan los piropos piensen aunque sea un poco en los derechos de las que si nos gustan que somos muchas

Por si alguien confunde la magnesia y la violencia
gihttps://m.youtube.com/watch?v=_4J2BMrmtUo

Ailynn Torres Santana

9 octubre, 2017

albesuar, aquí le dejo el post que puse en mi muro de Facebook, reproduciendo su comentario. así lo pueden leer más personas y debatir a más voces.
si lo estima, puede darse una vuelta por ahí:

“Diría que esto es demasiado, pero lo que es realmente “demasiado” es cada mujer violentada.
Me encantaría tener el nombre completo de esta persona, para poderla etiquetar, y debatir con él a más voces; pero no lo tengo.
No voy a hablar de lo que pienso del comentario, de lo poco que entendió, de la repulsión a sus argumentos que evocan a la nación y a la identidad cubana, de lo insidioso de sus abundantes adjetivos. Sólo diré que, aunque no lo parezca en Facebook, estos discursos no son tan excepcionales como parecen, ni reivindican solo el hecho de “pensar diferente”.
Resulta que, para él, soy/somos inquisidoras/es. No me dice feminazi porque esos códigos no operan en Cuba hasta el momento, pero el contenido es el mismo.
En todo caso, bienvenidos sean estos indicios de otros lugares para mirar de frente cómo se reproduce la violencia.
(yo, la verdad, le pediría me reconozca el legítimo rol de bruja, con el que hace muchos años me siento más cómoda)”

(Y a continuación copié integro su texto)

Yo era una que sufría a diario esos piropos. Me peleaba con cada tipo que se me encimaba a decir idioteces o groserias. Lamento decir que a muchas mujeres los piropos, sean del cariz que sean, nos caen muy mal. No nos interesa que nos vayan alabando a cada paso por características genéticas que heredamos de nuestros padres. Ser inteligente y tener una carrera es lo que realmente quiero que un hombre admire y reconozca de mí, especialmente si es un individuo que no conozco y que no me conoce. Si se trata de un amigo, no me importa que a veces me diga: qué linda estás hoy o qué bien te queda ese vestido. Pero no soporto piropos de ningún desconocido. Menos mal que hace tiempo me fui de Cuba. Ya no tengo que sufrir esos acosos desagradables.

Renier Estevez

9 octubre, 2017

Camaradas machos varones masculinos, bien machos. Los invito a pensar en el tema desprendiéndonos del temor a perder nuestros privilegios patriarcales. Les garantizo que ellas no muerden (no teman) y que todos merecemos una sociedad de iguales. Felicidades a la autora y a los foristas que no han perdido el tino.

Me encanta este debate! Recuerdo que estando en el técnico medio un buen día me cansé de que se me restregaran en la guagua y que me dijeran “mami si no te gusta coge un taxi” cuando protestaba, y comencé a “vengarme”. Me subía en la guagua con un pomo de agua fría en la cartera y lo clavaba en el mismo centro de las nalgas del primer tipo que me caía delante. Si no tenía mi pomo, cogía la punta de la cartera y empezaba a rozar suavemente, pegando y despegando como al descuido, exactamente como me lo hacían a mí. A veces trataba de que la persona sintiera mi respiración en su nuca. Estaba por supuesto lista para responder “disculpe señor, si no le gusta coja un taxi” pero nunca tuve la oportunidad, porque a los hombres les cuesta muuuucho más trabajo denunciar un hecho así.

Yo otra vez! solo una sugerencia para la autora: deben existir casos de acoso sexual callejero que hayan derivado en violencia y muerte (un padre que haya matado a golpes a un tipo después de haber acosado a su hija, por ejemplo). Tienes que buscar estos casos y divulgarlos. Es la única forma de sensibilizar a los hombres en Cuba con este tema.

Albesuar

10 octubre, 2017

Estimada autora trate de contactarla en facebbok pero mi relativa ignorancia cibernética me lo impidió, mi comentario fue mas dirigido o otros comentarios que a su texto en si ,en el que reconozco algunas virtudes y una dosis no baja de exageración y catastrofismo, solo me referí como puede usted ver al piropo sacando en cuenta que por su puesto cualquier otra manifestación que moleste y agreda es de entrada deprorable no obstante mi criterio es que no se debe tratar de esterilizar la sociedad a costa del feminismo que por demás para mi es coherente y pertinente. Los cubanos a dios gracias tenemos desde siempre una relación peculiar sutil y deferente con la sensualidad ( nótese que no digo sexualidad) en todo el caribe hispano es así y esto señora mía le guste a usted o no es una herencia cultural. A nadie se le ocurre acusar ( o tal vez si ) al teatro vernáculo de sexista pero cuando vemos un vídeo moderno lo acusan de poco menos que pornográfico. En mi opinión las mujeres los hombres y todos ya que vivimos en sociedad debemos aceptar las interacciones respetuosas nos gusten o no como normales, lo patológico esta en creerse violentada con un agasajo pues ed síntoma de inadaptación. Me uno a usted en la lucha contra la violencia de genero y contra todo lo que atente contra la dignidad de la mujer, me deslindo si se trata de con una actitud paranoide borrar de la sociedad el interactuar de los sexos, abolir la sensualidad y voluptuosidad que nos ha caracterizado y en mi opinión nos debe seguir caracterizado uno tiene que oír a diario tantas cosas que no quiere que mínimo resulta refrescante que eso que no quiere uno oír sea un halago
Mi nombre es alejandro benitez suarez por si tiene a bien etiquetarme

Albesuar

10 octubre, 2017

Me intriga sobremanera saber que opinión tiene la autora sobre las muchas mujeres que piropean a los hombres.

Los 7 nuevos pecados capitales
1.Galanteria
2.Picarezca
3.Filtreo
4. La chica de Ipanema ( dedicar una hermona cancion a una desconocida es pecado capital )
5. Admirar la belleza femenina y atreverse a verbalisarlo
6.Piropo
7. Cortesía

Boyeros y 19 de Mayo

10 octubre, 2017

Hay quien piense que esto es solo un problema de las mujeres, o que es preocupación de los que tienes hijas o hermanas. Lo cierto es que afecta a todos.
Me gustaría ver que pasa el día que un Hombre le toque una nalga a otro Hombre en la calle.
Porque si permiten que un hombre se le repelle a una jovencita en el transporte publico también pude pasar que otro hombre este tocando a un jovencito.
El que tenga dudas que se de una vuelta por la sala polivalente Ramon Fonts (Boyeros y 19 de mayo), por avenida los precidentes y zapata….

Ailynn Torres Santana

11 octubre, 2017

Alejandro Benitez, me interesa el debate con el tipo de pensamiento que usted representa y, al mismo tiempo, considero importante dejar clara cuál es la agenda. Este texto -y la lucha de mujeres y hombres feministas- es sobre el acoso sexual callejero. No es sobre el piropo, no es sobre el teatro vernáculo. La demanda es hacer un asunto público lo que requiere serlo; la demanda es construir políticas públicas para gestionar las violencias en general y el acoso sexual callejero en particular. En un ámbito más amplio, la agenda es participar del esfuerzo por colocar en debate , temas, actores, y problemas que muchas veces se quedan en lo privado e incluso psicológico-individual: eso supone hablar de acoso sexual callejero, hablar de violencia de género en espacios institucionales, domésticos, públicos (sobre eso será el próximo texto, por cierto, que me encantaría que usted leyera), sobre los cuidados y el envejecimiento, sobre las desigualdades en sus diferentes registros, etc.
Siendo así, Alejandro, es casi un facilismo inaceptable reducir la cuestión a si el piropo es o no es contenido de lo que usted llama la identidad cubana (cosa sobre la cual tengo opiniones informadas, pero, repito, ese no es el núcleo de lo que interesa aquí). Por tanto, al menos esta vez, no voy a tratar de explicarle que muchas mujeres no necesitamos de su reconomiento para nuestra autoestima ni para sentirnos más o menos bellas; lo que me interesaría discutir con usted (si no buscara constantemente el descrédito, de forma tan evidentemente machista) es cuándo un comportamiento social puede considerarse acoso sexual callejero.
Como dejo claro en el texto, eso sucede: “si incluyen prácticas con connotaciones sexuales explícitas o implícitas que provienen de un desconocido, si son unidireccionales (quien habla no considera el malestar de quien escucha, mira o siente), si ocurren en espacios públicos y si provocan malestar”.
Usted estaría de acuerdo que cuando eso pasa, estamos hablando de acoso sexual callejero?
Si un piropo (de quien sea a quien sea) proviene de un desconocido, causa malestar en quien lo recibe y eso no interesa al que lo “prodiga”, tiene referencias sexuales, y ocurre en un espacio público, entonces, Alejandro, es acoso. Si un piropo se deslinda de esos indicadores, podríamos hablar de otras claves de relaciones sociales, y sería otro tema.
En realidad, es muy sencillo. No cree?
Ni pudiera examinar los comentarios a ese texto en las redes sociales, apreciaría que no hay exageraciones o catastrofismo alguno. Si tiene compañera, hija, sobrina o nieta cerca, también puede preguntarles sus experiencias. Le animo, sincera e interesadamente, a hacerlo.
Por último, una observación: utilizar en su crítica adjetivos y expresiones como inadaptada, persona con desórdenes, necesitada de tratamiento, etc. es una evidencia muy clara de su machismo, del cual probablemente no es consciente (o sí?). Ese es un tipo de ofensa que se usa desde los hombres hacia las mujeres (y no entre hombres, por ejemplo); es un modo de colocar los argumentos de las mujeres en un exclusivo ámbito de los afectos (considerando, además, que los afectos con vacuos). Sería recomendable que usted repensara la forma en que plantea del debate, para hacerlo de mayor provecho.

¿Habrá alguna mujer en el mundo que no haya sido víctima del machismo?

El primer “piropo “callejero que recibí en mi vida y que me dejó totalmente consternada fue de parte de un policía y a los 11 años. Lo de levantarme el vestido y tocarme las nalgas en pleno separador de la calle 23, frente a todos, y sentir exactamente lo que narras, fue a los 13. Y ahí comienza una larga lista de vivencias de este tipo que continúan hasta el día de hoy, más de 20 años después de aquella primera. Lo peor es que he tenido que escuchar cosas como “no entiendo por qué lo tomas así, son halagos, te dicen esas cosas porque estás buena”, la mayoría de las veces de parte de hombres que nunca entenderán lo que es caminar con miedo por la calle, ni sentir la aprensión de las miradas acosadoras, ni llegar al punto buscar desesperadamente como vestirte para tratar de pasar lo más inadvertidamente posible… Me siento identificada con cada una de tus palabras y me reconforta que hagas público algo que tantas veces se me queda atorado en la garganta y en el alma.

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