Ibrahím, con nitidez

1.

Antes me daba igual morirme, ahora quiero vivir –dijo en una de las entrevistas que concedió poco después de que un disco, y luego una película, lo colocara en marquesinas de grandes auditóriums del mundo: Carnegie Hall, Albert Hall, Chatelet… también plazas de toros, anfiteatros y estadios, como si fuera una estrella del pop. Hasta 1997 no se consideraba un hombre afortunado. Fue el año de Buena Vista Social Club, el de su buena suerte.

Llamarlo el Nat King Cole cubano es innecesario porque basta que haya sido un intérprete sensible en el bolero, pícaro e imaginativo en el montuno, la guaracha y de los buenos improvisadores del son que tuvimos en años y años, reconocido por el público y por famosos, como Miguelito Cuní y Tito Gómez, a ambos se lo oí decir: es buenísimo ese mulato.

Estuvo a punto de venir al mundo en medio de un baile que se celebraba en el Club Aponte de Santiago de Cuba el 20 de febrero de 1927, pero hubo tiempo de que su madre fuera trasladada a su casa en el aledaño pueblecito de San Luis, donde dio a luz. El muchacho fue criado por su abuela, que bailaba en una formación de Tumba Francesa, especie de sociedad artística formada por descendientes de haitianos.

Pensó que le sonreía la buena fortuna cuando entró a cantar con Chepín Chovén, la mejor orquesta de Oriente, con la cual estrenó “El platanal de Bartolo”, un exitoso son montuno compuesto por Electo Rosell (Chepín), que no tuvo oportunidad de grabar en su momento. Durante muchos años le sucedieron esa clase de cosas.

Llegó a La Habana a finales de los años cincuenta con Pacho Alonso y sus Bocucos. A diferencia de otros, este conjunto tenía la particularidad de contar con una batería y de encargar un rol destacado a la guitarra eléctrica. De Oriente traían el ritmo guasón que al decir de músicos santiagueros, proviene del masón, que tocan los haitianos, y de la cubana guaracha con la imprescindible presencia del son montuno. Parte importante del repertorio del conjunto en esta etapa fueron las composiciones de Enrique Bonne, quien dio a conocer su ritmo pilón, de las más gustadas invenciones cubanas de inicios de los años sesenta.

Ibrahím aportaba al coro de Los Bocucos un color especial, de tono agudo, pero sin la estridencia que llaman “voz de vieja”, como la de Caíto (Sonora Matancera), y otros coristas de conjuntos y septetos. La voz de Ibrahím se reconoce de inmediato, nítida, en los coros de “El manisero”, “A cualquiera se le muere un tío”, “Que me digan feo”, “Rico pilón”, grandes éxitos de Pacho con los Bocucos. Siempre se reconoce. Está ahí.

En 1967, cuando Pacho se separó del grupo para seguir otro camino con sus Pachucos, Ibrahím se convirtió en la voz líder del conjunto que había tomado su nombre de un tamborcito de la conga de Santiago: el bocú. Y seguimos guapeando solos aquí en La Habana, decía al recordar aquellos tiempos.

Los Bocucos pusieron a bailar en los carnavales de Cuba “Mañana me voy pa’Sibanicú”, “Mi quimbín”, “Apúntate una mi social”, “No te precipites”, “La chica del granizado” y –sobre todas– “De camino a la vereda” y “Ay, candela”. Grababan pocos números sentimentales: una excepción inesperada fue “Falso juramento”, bolero trovadoresco de Rosendo Ruíz, que cantaron Ibrahím y Carlos Querol, a dúo. Una joya que en su momento no se editó. A Ibrahím le sucedían cosas así, continuamente.

A mitad de la década del 70 muchos grupos, orquestas y conjuntos de la música cubana padecían una especie de “complejo de desactualización”. Se intentó la estrategia de poner al día las agrupaciones existentes, no solo en el repertorio (los boleristas cantaban baladas, las charangas tocaban shakes, los conjuntos incursionaban en un ritmo híbrido y artificial llamado areíto), también en las instrumentaciones. El piano fue sustituido por el órgano eléctrico, las guitarras fueron electrificadas y todo el mundo clamaba por un baby bass, para echar a un lado al contrabajo. También algunos cantantes fueron considerados fuera de época y relegados a un segundo plano. Y en la lista de los intérpretes demodé estaba él.

Aunque en los años ochenta hicieron algunas buenas grabaciones, como “Calabaza con puerco” y “En qué parte de Cuba nació el son”, la decadencia de Los Bocucos, fue descorazonadora. Hacia 1986 se publicó un disco sencillo con lo que, –se suponía– iba a ser de sus últimas grabaciones de Ibrahím: “Todavía me queda voz”, de Emilio Cavahilón, especie de declaración artística (y de principios) de veteranos cantantes populares que apenas ya encontraban lugar en los escenarios: Todavía me queda voz, / sentimiento y melodía / para darle a la patria mía / un sabroso guaguancó.

A mediados de la década siguiente, en plena crisis los años 90, después de haber cantado por más de medio siglo, decepcionado, pensó que había llegado su término en la música, y se fue a su casa en la calle Indio, casi esquina a Monte a pensar cómo ganarse la vida. Lo llamaban alguna que otra vez para que reforzara coros en grabaciones de éste o aquel grupo. Muchas veces decía no, no puedo ir.

Un fin de año en la televisión nacional. Pacho Alonso y sus bocucos (1964). Cantan Pacho Alonso e Ibrahím Ferrer.
Un fin de año en la televisión nacional. Pacho Alonso y sus bocucos (1964). Cantan Pacho Alonso e Ibrahím Ferrer.

2.

No fue fácil convencerlo, en un mediodía de 1996, para ir con Juan de Marcos González a un estudio de la calle San Miguel donde se fraguaban, improvisadamente, números que luego integrarían los discos Buena Vista Social Club y Afro-Cuban All Stars. Claro que eso nadie lo sabía aún: Yo creía que era un bolo más, estaba cansado de hacer coros y coros por una miseria. Total, luego, al volver a la casa no me sentía ni regular. 

Por fin Juan de Marcos, hombre con probados recursos persuasivos, logró conducirlo al estudio. En cuanto apareció en la puerta, con su gorrita bolchevique, Eliades Ochoa comenzó a poner en la guitarra los acordes de “Ay, candela” y otro veterano “rescatado” ese mismo día, Rubén González, fue al piano y comenzó a tocar. Al instante El Guajiro Mirabal sumó su trompeta al grupo, que completaron enseguida bajo y percusión. No fue raro que el productor Nick Gold decidiera grabar inmediatamente.

En 2000 Ibrahím Ferrer ganó un importante premio en los Estados Unidos en la categoría de “artista revelación”. En sus setenta años de edad, recibió la noticia con una tranquila filosofía: Es que estoy viviendo mi sueño de juventud aunque mi cuerpo sea viejo.

Al preguntarle un periodista de Newsweek, por teléfono, cómo definiría su modo de cantar, aseguró que la suya era una voz natural, con un timbre que se identifica con el sabor del ron del oriente cubano, añeja por una larga tradición de musiqueos que hacen bailar y olvidar los dolores del amor.

Sentía deseos hacer un disco de boleros, vieja aspiración que, durante la mayor parte de su carrera, pareció imposible. Y logró hacerlo, casi al final. Hasta donde sé, fue su último sueño realizado.

Portada del CD Mi sueño, World Circuit, 2007.
Portada del CD Mi sueño, World Circuit, 2007.

3.

Cuando en 2004 se preparaba su segundo CD en solitario (Ibrahím Ferrer. Buenos hermanos.) Ry Cooder, quien lo produjo, no se decidía por las diez o doce canciones que integrarían el disco y decidió sumar varias más.

El repertorio se montaba prácticamente en el momento y se grababa en directo con un grupo de músicos cubanos que pueden ser considerados, en mi opinión, entre los más eficientes, rápidos y bienhumorados que ha conocido nuestra época. Demetrio Muñiz no daba a basto, no sé cómo lograba capitanear aquella tropa al tiempo que escribía guiones para éste o aquel instrumento, tocaba el trombón, modificaba un arreglo de cuerdas que había escrito hacía unas horas, iba a sumarse al coro… En aquellas sesiones, Ibrahím cantó un poco de todo. Más de veinte canciones, me parece.

Cuando me encargaron que escribiera para él una letra en español para la vieja balada “Love me tender”, le bastó escuchar un par de veces la versión de Elvis Presley para concordar la melodía con las líneas que acababa de entregarle, ponerse frente al micrófono, listo para poner voz y añadirle, además, a la canción, “lo suyo”. Años más tarde escribí para él una versión en español de “As time goes by”, que grabó solo y a dúo con Omara Portuondo.

Entre las piezas que en algún momento se consideraron para formar parte de aquella producción del 2004n –o de alguna otra que no se ha publicado aún– estuvo “Alfonsina y el mar”, de Luna y Ramírez, canción que no le resultaba nada familiar a Ibrahím. Mientras escuchaba un casete con el número, se ajustó varias veces la gorra en su cabeza. Supongo que se trataba de una versión de Mercedes Sosa, aunque no recuerdo ese detalle.

Un sendero solo de pena y silencio

llegó hasta el agua profunda.

Un sendero solo de penas mudas

llegó hasta la espuma.

-Bájame la lámpara un poco más,

déjame que duerma nodriza en paz,

y si llama él no le digas que estoy

dile que Alfonsina no vuelve…

La melodía de “Alfonsina…”, es un vals bastante llano. El énfasis interpretativo, por tanto ha de recaer sobre los versos, algo retóricos, por cierto, dicho sea con perdón. La pieza estaba muy alejada de su estilo, eso estaba claro, pero valía la pena aventurarse. Estoy seguro de que por su mente pasaron muchas cosas, pero nunca renunciar a cantar La canción que canta / en el fondo oscuro del mar / la caracola… que tarareaba ya, tras la segunda escucha.

La volvió a oír, y al final me pasó el brazo por los hombros: Chico, el caso es que no entiendo muy bien el asunto ese, dime tú qué lío –dijo con el más puro acento santiaguero– explícame un poco eso, compay. La música, sí, es mamá y papá, pero lo que dice…

Fue así que, en una tarde habanera, Ibrahím Ferrer conoció del tránsito por esta tierra de una poetisa llamada Alfonsina Storni y de su tremenda decisión, al saberse enferma, de abandonar la vida adentrándose en el mar. ¡Qué cosa más grande lo de esa mujer –comentó como si se tratase de un suceso de ayer mismo– y qué valiente, la pobre!

No tuvo dificultad alguna para cantar el número al día siguiente, con Chucho Valdés al piano, y entender que en la misma letra existen dos discursos: el de un narrador que dialoga con la suicida y la propia voz de Alfonsina. Cantó con voz queda, delicadamente, y comunicó a todos los presentes en el añejo estudio de la calle San Miguel su compasión por el ser infortunado que se fundía con el misterio del mar y era recibida por las criaturas de la transparencia. Sin sobreactuación, sin dramatismo, con toda la ternura de su pequeña, extraña voz, que a veces parecía la de un niño.

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Comentarios

Estelar y hace justicia a I. Ferrer ,bué..Tú sabes .Por cierto , hace poco vi un concierto Rock de una banda ” virtual ” que se llama GORILLAZ, y tocan un tema donde I. Ferrer canta con ellos desde una pantalla de video…Tremendo !!!

diana balboa

28 Septiembre, 2016

Gracias Sigfredo…que bueno saborear la música cubana por ti…dame mas

Hugo Cancio

25 Septiembre, 2016

Simplemente, Genial!!

Cira Romero

24 Septiembre, 2016

Hermoso y sentido artículo dedicado a Ibrahim Ferrer, además de excelentemente escrito en su desenfado. Lo felicito.
Nadia

Sigfredo Ariel

23 Septiembre, 2016

Agradezco a todos los mensajes de simpatía, los comentarios que ha provocado la publicación de este artículo, en especial las líneas de Gladys Regina, que se detienen en la memoria de Carlos Querol, poderosa voz segunda de la música popular cubana, pocas veces mencionado. Los “segundos” nuestros, como los coristas, suelen ser encubiertos por la brillantez de “los primos” o los solistas. La excepción es quizás Repilado, el “compay segundo” del dúo que formó con Lorenzo Hierrezuelo (Los Compadres), a su vez, y por más de tres décadas, “segundo” de María Teresa Vera. Grandes voces segundas, entre muchas otras, tuvimos las de Bienvenido León (septeto Nacional), Siro Rodríguez (trío Matamoros), a Conrado Cepero (conjunto Chappottín), sin olvidar a Sindo, claro, y a Zequeira… a ver si redactamos una página para ellos.

gladys regina

23 Septiembre, 2016

Ibrahim,Querol,Pacho,Tito Gomez,y otros musicos de las mejores orquestas de Cuba,no siempre renombradas en los medios de la epoca.Todos compartiendo con nosotros en Mayari,adonde iban de gira por los carnavales de la entonces provincia Oriente.Mi padre los invitaba a pasar un buen rato entre familias,era su hobby.Ahi estan las fotos.Luego en la noche como muchos otros en ese pueblo quedaba absorto plantado frente a la tarima viendo la ejecucion de los instrumentos y los cantantes improvisando mientras el coro hacia lo suyo.
Ibrahim,Tito,Barbarito Diez,etc cantaban tiesos como estacas pero hipnotizaban con su voz,…que decir de la voz segunda de Querol?,.para mi fue la mejor segunda voz de Cuba de ese tiempo.QUe buenas las improvisaciones!!,no habia que decirle al publico que diera plamadas,ni manos pa´rriba mi gente,porque la gente aplaudia,bailaba en el lugar,elevaba las manos al cielo espontaneamente,en fin,disfrutaba las canciones.
Hoy son otros tiempos:para cantar hay que moverse,hacer la danza del vientre ,no importa que se desafine o se pierda el compas,hoy por suerte contamos con un programa selectivo y bastante riguroso que esta tratando de rescatar los buenos cantantes que andan regados por las provincias y que se decantaran no en unas cuantas sesiones sino a traves de la vida.
Leyendo este articulo y otras fuentes que han descrito algunos eventos biograficos de Ibrahim,nos damos cuenta que la calidad se impone,a pesar de todo lo triste que haya tenido que pasar en la vida de alguien antes de lograr su sueño.Ibraim nunca se creyo cosas,siempre humilde hasta el ultimo de sus dias.
Menos mal que aun existen Juan de Marcos con memoria suficiente para aglutinar la crema y nata ,tenemos que insistir para que esa musica grabada sea publicada,comprarla,deshacer contratos de disqueras,en fin no se como se hacen esas cosas pero veo como un crimen que no podamos disfrutar de esas interpretaciones pues es lo que ha quedado para la historia,;la mayoria de esos musicos no de halla entre nosotros,ese proyecto les llego muy tarde ,a una edad en que tiene mas merito todo su esfuerzo.

Qué belleza Sigfredo! Gracias (se necesita más).

Rosa Marquetti

23 Septiembre, 2016

Esto es una joya imperdible , Sigfre. Gracias, querido! !!

Muy bonito

Entrañable y cercano. Así se siente Ibrahím cuando uno lee este artículo. Gran intérprete ya se sabe que era, pero aquí está el tipo!

Paco Funez

23 Septiembre, 2016

Muy buen trabajo y excelentemente escrito

En Cuba poca gente sabe quien es este cantante, super famoso en muchos países, que estuvo a punto de irse de la vida en medio de la miseria y el olvido. Hay un documental sobre su historia y la de otros veteranos que tuvieron un último chance. Me gustó bastante este trabajo, pero es muy largo, ya la gente no lee tanto.

la pluma y el talento de ariel es de sobra conocida y cuando lo pone en el rumbo de alguien siempre hay que tenerlo en cuenta. ibrahim ferrer es un caso insolito entre nosotros pero recurrente en la musica. en 40 años de carrera solo tuvo dos temas en cartelera y ambos como miembro de orquestas: “el platanal de bartolo” y “ay candela”. varios de los que en el articulo se mencionan no lo tuvieron a el como solista, solo basicamente los anteriores. ibrahim estuvo con pacho en la primera etapa y con el conocio el mundo, ademas de codearse con el talento de aquellos dias. si no recibio el apoyo que el soño es porque nadie, nadie le vio las posibilidades necesarias. ojala y a todos nos suceda el hermoso detalle que en los momentos finales de la vida “la varita magica” nos toque y que la calidad humana nos mantenga con los pies en la tierra. ese es para mi el mayor elogio para ibrahim ferrer, porque pretender que sea un gran bolerista con lo que hizo con “as time goes by” no es serio y si un paso en falso en un pais con tantos y tantos boleristas destacados. ibrahim recogio en su carrera cubana lo que su talento le dio. lo que sucedo con buenavista social club fue un fenomeno creado para el exterior y su mejor prueba fue que en la Isla nunca sucedio nada con ellos. segui el proyecto desde las mismas grabaciones en la egrem y siempre fue una lucha de intereses entre ry cooder y juan de marcos: uno queria recoger la buena musica del pasado y el otro sencillamente estaba embelesado con la ritmatica criolla. por algo los grandes, grandes especialistas nuestros de la musica tradicional tienen al disco resultante en un lugar menor.
que orgullo para los cubanos que ibrahim estuvo entre nosotros hasta sus ultimos momentos, pero de ahi a poner a buenavista en el sitial que no le corresponde va un gran trecho. por lo menos por respeto a la enorme, a la inmensa cantidad de gente de la radio y la television cubanas que ubicaron a ferrer donde le correspondia. ellos tambien han luchado por defender la cultura del patio.

Tremendo artículo se vinieron a mi mente muchas de las majestuosas interpretaciones, gracias al destino que nos permitió disfrutar de sin duda alguna a uno de los mejores intérpretes cubanos

Diana La mona

22 Septiembre, 2016

Gracias!

datos de valor para los que nacimos ayer mismo

Qué buen perfil de Ibrahím Ferrer

Un gran articulo que hace honor a uno de los grandes de nuestra musica.

Formidable la informacion sobre Ibrain

Gracias por tan lindo artículo!

Coño esto esta bellisimo!!

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