“Pobres, pero decentes”

A la memoria de Fernando Martínez Heredia, que fue siempre un hombre pobre y decente.

 

 

 

En mi familia materna solía usarse esta variante que coloco en el título antes que “pobres, pero honrados”, que es más frecuente. Desconozco en qué momento alguno de mis antepasados creyó que era preferible declararse decente primero que honrado. A lo mejor la elección tuvo que ver con el ejercicio del magisterio, la profesión con que muchos de ellos se ganaron la vida. He revisado el diccionario y confirmo que lo “decente” es más abarcador que lo “honrado”, porque lo incluye: según la primera acepción que brinda el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, decente es “honesto, justo, debido”. Pero el adjetivo no solo califica comportamientos sino que se expande hacia las formas: “conforme al estado o calidad de la persona” y “adornado, aunque sin lujo, con limpieza y aseo”, de manera que ser decente es también guardar determinadas apariencias que pueden relacionarse con la elegancia del espíritu.

En la época, ya lejana, de la que hablo, la adversativa (el “pero”) expresaba también el menosprecio hacia los que menos tenían; incluso, la subvaloración propia: “Ya que mis bienes materiales son escasos, la decencia es uno de los pocos valores que puedo ostentar”, sería un subtexto posible de la frase. Había otro más radical: “Como soy pobre, no me queda más alternativa que ser decente”. Y aún otro más: “Como eres pobre, no te queda más alternativa que ser decente”. Jamás escuché decir: “Pobre y decente”, o “Rico, pero decente”.

La enorme movilidad social ocurrida después de 1959 y la crisis de valores que tenían en su origen un comportamiento burgués o pequeño burgués fueron sacando lo decente de las preocupaciones cotidianas de muchos cubanos. A mi juicio (y sé que es polémico), para bien y para mal. Ahora mismo, el sitio word reference tiene como segunda acepción de la palabra “Acorde con la moral sexual”, y pone como ejemplo la frase: “Se considera una chica muy decente”. A partir de los 60 fue desapareciendo esa pacatería que condenaba a las señoritas a ser decentes para poder encontrar un buen partido, o que obligaba a las personas a andar vestidas en casa, aunque se ahogaran de calor, o estigmatizaba a las parejas que se besaban o acariciaban en público (como si al hacerlo dañaran a los demás).

Con aquellas aguas sucias se tiraron no pocos bebés. A mediados de los años 80, en un esfuerzo por recuperar valores y comportamientos que se daban por perdidos, hubo intensas campañas mediáticas en favor de la “educación formal”: una manera de reconocer que la enseñanza iba por una parte y la decencia (a la que dejó de llamarse por su nombre), por otra.

Llamarle formal a ese tipo de educación siempre me pareció un error. Ser decente es esencial en los comportamientos humanos, y a veces es una cualidad casi innata, que está en el propio carácter de las personas, integra una eticidad básica donde se une a la honestidad, a la solidaridad y a la dignidad. También, como dicen otras definiciones, honrado es quien “no comete acciones ilícitas o delictivas” o quien “actúa rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral, especialmente en lo referente al respeto por la propiedad ajena, la transparencia en los negocios”.

Lo decente debería ser entendido como el conjunto de actitudes que, primero, evita que una persona perjudique a sus semejantes. Luego, que propicia la colaboración con los demás. Ni más ni menos que el respeto a los seres humanos con quienes nos relacionamos. Por eso en la base de cualquier diálogo, de todo debate, debería estar la decencia.

La decencia, o su cara opuesta, se demuestran en los grandes acontecimientos o en los nimios. Un comentario en un espacio privado puede ser tan indecente como una mentira o una ofensa proferida ante una multitud o en las redes sociales. Quien denigra de alguien que acaba de morir es mucho más indecente que la vecina que grita pingas y cojones cuando un súbito aguacero le moja la ropa tendida.

Lo decente no tiene nada que ver con la ideología. Conozco personas muy decentes de derechas, como me sobran los ejemplos en la izquierda.

Con la política es otro el asunto. A mi buen entender, hay actividades humanas en cuyo ejercicio es muy arduo sostener la decencia. La política es una de ellas. Con rarísimas excepciones, la carrera de un político le exige permanecer en el poder el mayor tiempo posible, y mientras más arriba en la escala, mejor. Para hacerlo, en muchísimas ocasiones manipula a los demás, promete lo que sabe que no va a querer o poder cumplir. Conozco jóvenes, cubanos y latinoamericanos, que tienen en su vida cotidiana un comportamiento evidentemente político y al mismo tiempo declaran su rechazo a la política. En casi todo el mundo la política se ha convertido en politiquería, que es lo que ellos en verdad repudian, y la politiquería siempre es indecente. Ya se ha hecho un lugar común que expresidentes sean juzgados, condenados, encarcelados. Es el colmo de la indecencia, y cada día nos vamos acostumbrando a que suceda.

Otra esfera de la actividad humana en que es difícil ser honrado es en la de los negocios, sobre todo si se cumple el principio capitalista de que el dinero hay que ganarlo a toda costa.

Si se me pidiera un ejemplo absoluto de político decente, digo, sin dudar, José Martí, cuyo nombre jamás invoco en vano. Es cierto que no le alcanzó la vida para presidir la nación que estaba fundando, pero creó y dirigió un vasto partido, y dentro de él estableció modos ejemplares de participación y democracia.

En el caso contrario, ahora mismo, me veo tentado a incurrir en un lugar común: el presidente de los Estados Unidos de América (cuyo nombre he decidido no volver a escribir jamás), y cuanto le rodea, se ofrecen como paradigmas absolutos de la indecencia. Allí se han unido con particular intensidad la politiquería y el desenfreno de los negocios.

Dije que la decencia existe en las personas independientemente de su ideología, pero creo también que en unos casos es más necesaria que en otros. Si concordamos en que las personas que se reconocen como de izquierdas actúan en favor de la justicia social, de la equidad, de la emancipación de los seres humanos, de la solidaridad, entonces para ellas (para nosotros) no queda más camino que comportarse con decencia. Nada hay más lamentable que un político que se autocalifique como de izquierdas y cuyo comportamiento sea indecente.

Así como hay profesiones que parecerían rechazar la honestidad, hay otras en las que resulta fundamental. En al aula, todo maestro no debería tener más alternativa que ser decente. Como los médicos ante sus pacientes. Y los trabajos intelectuales y artísticos, cuyo principio último siempre es la búsqueda, por lo general angustiosa, de algo que queremos sea “la verdad”, deberían tener en su base el sustrato de la honradez.

La decencia también se define en el tiempo. Parafraseando a Bertolt Brecht, hay personas que son decentes algunas veces, y son buenas; las hay que pueden ser decentes muchas veces, y son mejores. Aquellas que son decentes toda la vida son las imprescindibles.

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Comentarios

Juan Carlos

3 julio, 2017

Señor Adrían usted de verdad cree, digo así como pensándolo en serio, que el 80 % de los Venezolanos que son los que quieren que Maduro se vaya (de acuerdo a todas las encuestas), son fascistas ?.
Algo, digo algo así como la lógica mas elemental, no le hace pensar que, el hecho de que en las elecciones para elegir a la asamblea nacional, aun con todas las trabas del gobierno de Maduro , la oposición lograra las 2/3 partes de los diputados, sea por que el pueblo ya no resiste a ese gobierno y quiere que se vaya.

Adrián

3 julio, 2017

Ah claro, por que Maduro debería rendirse a las hordas fascistas ? A los que queman a jóvenes en las calles, atacan bases militares ? Que pasaría si eso pasara en Israel ? O en Arabia Saudita ? O en EE.UU. ?.
Es de hipócritas y cínicos acusar a Maduro de dictador cuando tiene en frente grupos fascistas apoyados por la falsimedia mundial (CNN, El Pais, la BBC) y él ofrece conversar. Y hasta el Papa lo apoya.
Quién creó la “caótica situación en Venezuela¨ ? A quién le dieron un golpe de estado en el 2002, un paro petrolero ese mismo año ? A Chávez. A pesar de que había sido mayoritariamente electo.. A quién le hicieron guarimbas en el 2013, 2014, 2015, 2016 ? A Maduro. A pesar de que una mayoría lo nombró presidente !- Contra quienes llamaron siempre a “calentar la calle” ? contra Chávez y Maduro. Algunos opinantes aqui quisieran que en Cuba pasara lo mismo que en Venezuela.

Sr Arango cree ud que son decentes los militares que gritaban en el desfile ,que a Obama le iban a poner un sombrero de plomo,despues que el ex presidente dio infinitas muestras de buena voluntad y solidaridad con el pueblo cubano o fue decente el trabajo del periodista de Trabajadores que titulo su trabajo:”Pero negro tu eres sueco”?

Juan, aunque tu peticion es valida y oportuna, no creo que el senor Arango te complazca. Fijate que en este blog no se dice ni una palabrita de Venezuela, vaya ni por equivocacion. Recuerda que al parecer el senor Arango es de los que le gusta jugar con la cadena y no con el mono.

Estimado Arango, tendría usted y este diario la decencia de dedicarle al menos un artículo, al indecente de Nicolás Maduro y a su (para que calificarla) forma de enfrentar la caótica situación política que vive Venezuela.

Marco velazquez cristo

26 junio, 2017

Cuando se escribe se puede ser tan indecente como quien grita vulgaridades, basta escribir faltando a la verdad o usando la hipocresía, al menos quien se expresa incorrectamente no medita en la mayoría de las ocasiones su indecencia, pero el que escribe si lo hace a conciencia?

El autor, para poner un ejemplo de politico indecente no tenia que ir hasta los EU. Aqui sobran los ejemplares. Como diria un amigo mio, este escrito es el mejor ejemplo de quien prefiere jugar con la cadena y no con el mono.

Juan Carlos

26 junio, 2017

Veamos algunas joyas del autor:
… ¨Con rarísimas excepciones, la carrera de un político le exige permanecer en el poder el mayor tiempo posible, y mientras más arriba en la escala, mejor. Para hacerlo, en muchísimas ocasiones manipula a los demás, promete lo que sabe que no va a querer o poder cumplir. ¨
Para que ir a latinoamerica, aqui mismo en el patio tuvimos uno que duro 50 años en poder, pero bueno este debe de ser de esas rarisimos casos que el autor considera que es decente.
¨ … La enorme movilidad social ocurrida después de 1959 y la crisis de valores que tenían en su origen un comportamiento burgués o pequeño burgués fueron sacando lo decente de las preocupaciones cotidianas de muchos cubanos¨
Con movilidad el autor se refiere a moverse hacia abajo, o sea el derrumbe de los valores donde, hablar de manera decente era considerado de Bitongos o de gays. O que entre los hombres entre mas malas palabras de dijera mejor, o cual se refiere el autor.
Hablemos un poco de dignidad, que dignos se pueden sentir los cubanos cuando visitamos un pais y nos miran como potenciales inmigrates y nos dan un tratamiento ¨especial[ que digna se puede sentir una familia cuando se le muere un hijo que trataba de irse del pais y murió en la travesía y los consulados cubanos se hacen los desentendidos.
Que decente se puede sentir una familia cuando las heroínas de las jóvenes son aquellas que se casan con extranjeros y se van de el país.
Que digno y decente se puede sentir un padre que trabajo toda su vida rompiéndose el lomo y al final de su vida no tiene ni un casa para vivir y tiene que vivir agregado con su familia mientras es mantenido por su hijos que viven el extranjero.
Que decentes nos podemos sentir los cubanos cuando nuestra hazañas diarias no son trabajar duro y prosperar sino resolver y robar para sobrevivir.

Desgraciadamente todo no es en blanco y negro. Usted puede ser muy decente, pero si tiene deseos de orinar y no hay un baño publico se ve obligado a hacerlo en publico, cosa que no es muy decente que digamos. Tampoco la izquierda tiene que ser mas decente porque promueve la justicia social y ejemplos se sobran en todo el mundo. Cuantos horrores indecentes no se han hecho a nombre de esa justicia social!.

Alberto

26 junio, 2017

“Quien denigra de alguien que acaba de morir es mucho más indecente que la vecina que grita pingas y cojones cuando un súbito aguacero le moja la ropa tendida”
¿Será que una persona que ha sido un HP toda su vida se convierte en bueno al morir y yo tengo que tener la decencia de quedarme calladito? Eso si es moral burguesa!

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