San Dimas

Las cosas insisten en perderse en el reguero del hogar. Las diminutas, las que se mimetizan con el color del suelo, las que caben en pequeños agujeros. Se extravían los libros que no encontramos porque olvidamos que los dimos en informal comodato a un amigo sin escrúpulos para la devolución. Se pierden los papeles importantes, el juguete del niño que importa más al padre que al hijo. Los objetos parece que tienen vida propia, que se mueven y ocultan para aparecer después como si nada en  medio del desorden habitual.

Este mal cotidiano es especialidad de San Dimas, o al menos lo creen muchos devotos. La práctica es normal en los campos cubanos, pero también usual en las ciudades. Si no aparece el dedal preferido de la costurera, se amarra un cordel o cinta a la pata de una mesa o silla y se dice con convicción la siguiente oración: “San Dimita amarro, San Dimita creo, preséntame el dedal que es lo que más deseo”. Y así con el objeto de que se trate.

Tengo que confesar que hasta ahora no había pensado en San Dimas para mis pérdidas. Hoy, en cambio, necesito un cabo para atracar barcos, una liana salvaje de selva virgen, una soga de montero, un nudo de marinero, para atar a una pierna de Minerva, para enlazar a la Alma Mater, para enredar a la ceiba más grande de Cuba, para amarrar y pedir a la estrella ascendente de la Plaza.

Mi lazo y mi enredo tienen que ser grandes, el nudo indomable hasta para Alejandro. Voy a pedir a San Dimas que aparezcan cosas enormes que se le han perdido a la patria. Cosas del alma y de la fiesta, algunas corpóreas y otras no. Voy a pedirle una licencia a San Dimas para que nos ayude a conservar cosas y humores antes de que nos olvidemos de que las tenemos.

San Dimita amarro, San Dimita creo, preséntame el chorizo, el tasajo, la penca de bacalao y en la seca el aguacero. Preséntame la carne con papa de los domingos y a los carteros. A la ronda de las niñas, a los abuelitos muertos, a los viejos paseos, a la leche en litros, a los taxis que llegan a sus destinos, al salario que no se acaba por una hora en Internet y unos minutos en el agro, a las personas decentes, a las calles sin furnias, a los ministros alegres, a la política popular, a la gente decidiendo en las plazas, a los carnavales de La Habana, a los vasos encerados desbordados de espuma de cerveza.

San Dimita amarro, San Dimita creo, preséntame las guaguas que llegan a la hora, y preséntame a la hora que debería decir el paradero. San Dimita encuentra a los destartalados centrales azucareros, a los mártires queridos de nuestras guerras para abrazarlos de nuevo. Preséntame los juegos que jugábamos, la prenda, el trompo, el telepón, las cuquitas en las revistas, los estadios de pelota llenos, las aventuras de las siete y media, hechas en Cuba, el jamón de seis pesos, el aceite de oliva, las frutas que los inocentes no conocen, como el marañón, el caimito o las toronjas gigantescas que eran tan comunes en los patios guajiros.

San Dimita dime dónde está la costumbre de usar la guayabera y aprovecha y dinos cómo comprar una con tan poco dinero. San Dimita creo, preséntanos para siempre a las niñas y niños en las escuelas, que no se pierda el Martí de los matutinos, ni la costumbre de cantar los Versos Sencillos. San Dimita, que sea para toda la vida el hospital simple donde no se sabe quién es pobre ni rico, ni si trabaja ni lo que cree. Que no se pierda la vacuna, ni la libreta para comprar baratas las cosas que merecemos. Que no se olvide a la justicia, a la ley,  a los derechos. San Dimita preséntame el amor a la patria, no como una consigna sino como cariño sano y orgullo modesto. San Dimita creo, que aparezca la confianza en el pueblo, en la democracia, en el sacrificio centenario de nosotros, los que vivimos en este archipiélago y de todos los millones que se sientan cubanos y cubanas debajo de otros cielos.

San Dimita amarro, que regrese el casabe, el patacón, el caldo largo, la fritura de carita, la sopa de pescado, los calamares rellenos, el boniatillo de a quilo, los buñuelos. San Dimita, presenta ante mí a Voltus V para pedirle que acabe con el bloqueo. San Dimita creo, San Dimita amarro, lo que más deseo es la sabana apretujada de vacas y corderos, de árboles frutales, de maizales orgánicos, de campesinos contentos.

Y si no es demasiado, San Dimas, por un rato, te amarro un lazo grande para que nos presentes un domingo aburrido a Nitza Villapol , a Armando Calderón, a Santiaguito Feliú con un estreno, a Juan Formell con un tumbao nuevo.

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Comentarios

Formidable, esta columna es, por mucho, una de las mejores de OnCuba… Muchas felicidades a su escribidor, escribe con el alma…

Genial Julito…te ayudaremos a rogar a San Dimas….que no perdamos nuestras tradiciones, nuestra cubania, nuestro patrimonio cultural…aquello que nos identifica estamos donde estamos!!!un fuerte abrazo

Daima Cardoso Valdés

31 agosto, 2016

Me gusta lo que escribes, me encanta, tienes un talento natural y una manera muy hermosa de ajustar la realidad de la Cuba de hoy a los pedidos y necesidades de unos cuantos millones que habitamos esta Isla hermosa y rebelde a un mismo tiempo.

Hola Julio. Me encanto tu articulo. Casi lloro cundo lo lei recordando nuestro vino agrio… pero nuestro!!!!!!!!!!

Guillermo del Rio

1 septiembre, 2016

Gracias por recordamos que somos cubanos y que a Cuba con virtudes y defectos nos debemos.

Ricardo Riverón Rojas

1 septiembre, 2016

¡Oye! ¡Qué bueno está esto!

Wilber Linares

1 septiembre, 2016

Estelar artículo…..muyyyy buenoooooo.

Es lamentable… no conozco a este “crítico”, pero es increíble cómo la mente de una persona, supuestamente culta porque estudió, puede generar tanta superficialidad mezclada con incongruencias, ambigüedades y disparates. Y no lo digo por su aparente “pueril” y supersticioso comentario, lo digo por creerse que de verdad, con tanta facilidad y hasta quizá por un puñadito de dinero, puede manipular a todos los que lo leen.
Pobres de los que caen en ese bache sin amortiguador de conciencia con destino seguro a un pozo ciego. Confundir tradiciones cubanas con prácticas propias de aquel pasado que sumió a la Isla en la pobreza, nos hace más pobres de espíritu y talento.
Y más todavía utilizar esa práctica de los creyentes, incluso de manera disparatada, porque la sequía es un fenómeno natural y los aguaceros no se pierden, sencillamente no caen por diversas causas ajenas a nuestra voluntad, y así aprovechar para de manera oportunista y enmascarada desacreditar la Revolución.
Y como casi todos los que escriben en este sitio mensajes subliminares y venenosos… intentan desinformar y distorsionar; porque con seguridad existen muchos, pero muchos cubanos que sienten el amor a la patria, no como una consigna sino como cariño sano y orgullo modesto, como ese gigante de la lucha cubana Mijaíl, o como cientos de niños que marcharán el venidero lunes orgullosos a escuela, a pesar de la estupidez de gente como este autodenominado crítico.

José Pérez

2 septiembre, 2016

Escribir bien y, al mismo tiempo, tocar sensibilidades es un don. Felicidades y gracias!

justo2007

2 septiembre, 2016

Alina esas¨practicas propias de aquel pasado que sumio a la Isla en la pobreza¨ seran peores que la falta de respeto generalizada entre cubanos, el reggeton a mil decibelios, la resolvedera a cualquier precios y segun las relaciones? Eso es lo que esta tratando Julio que San Dimas nos diga donde lo dejamos! Estoy seguro que si recuperamos por lo menos algunas estaremos mejor.

Bien por el autor.

Alina a la revolución no hay que desacreditarla, ella se ha desacreditado sola, respete como piensan los demás, si tanta rabia le da pues lea cubadebate, allí abunda la gente como usted, igual yo respeto su forma de pensar, lastima que no podamos resolver nuestras diferencias ideológicas como debe ser: En las urnas.
Julito, sabes soy un admirador, pero la libreta debiera dejar de existir, lo ideal seria que hubiese abundancia para todos, y aquellos a los que les va peor ayudarlos con lo que necesiten, es muy diferente esto a obligarnos a vivir de la libreta.

Martín Suso

4 septiembre, 2016

¡Bellísmo artículo!

Un artículo genial, con mucha cubanía y respeto. Es un lujo leer cada artículo tuyo Julito. Tu padre estará siempre orgulloso de ti.

Solo amarra a uno de verdad “aqts” o por lo menos a los BPPCC y veras como todo lo demás se desamarra

Oye Abdel La Revolución acabó con los males del neocolonialismo yanqui y ahora toca a nosotros defenderla para que aquellos no regresen. No confundas las cosas, jamás justifico todo lo que se hace mal en detrimento de nuestros valores… pero por favor hablar de chorizo y bacalao en plena crisis mundial de alimentos y de saqueos mancomunados del imperialismo a los pueblos… y si se sabe que hemos perdido valores y afrontamos problemas serios que atentan contra la urbanidad, la civilidad, las tradiciones culturales y otras, se asume con respeto y dignidad y no se despotrica en un medio como OnCuba, que está, en mi opinión, más pa´llá que pa¨cá.

Bravo Juliiii! Me encantó tu artículo,muy poético sobretodo. Hijo de Bulté cará!
Y el chocolate y el yogurt de fresa eh? 😉

Iliana Polo Diaz

20 septiembre, 2016

Gracias por ese articulo tan sentido y cubaniiisimo. Me sumo a tus reclamos y agrego a los santos que aprendí de mi papa para buscar todo lo que hemos perdido, “Pilatos, Pilatos, hasta que no lo encuentre no te desato” y “San Antonio de la baranda, que estas a orillas del río, en esta vuelta que doy, encuentrame lo perdido”. Espero que ayuden y pronto.

Aramís Milán

21 septiembre, 2016

Lo curioso es que algunos se pierden en la escencia del mensaje. Se habla de todo, de todo, lo que en Cuba se perdió y aùn el pueblo de a pie quiere volver a encontrar. Algunos se molestan, porque claro, muchas cosas no se perdieron porque sí. Algunas nos las robaron, a la cara, y no presisamente ningun vecino norteño. Algunas las regalamos, las despreciamos y ahora no las volveremos a tener. Me refiero a las palabras. Palabras como “derechos humanos”, ” sociedad civil”, “democracia”, “disentir” y la más importante de todas: “patria”. Derechos humanos que van más allá que el tener derecho a la salud o educación gratis, imprescindibles los primeros, claro que sí, inalienables los demás … también. Sociedad civil que es el pueblo en pleno queriendo que de verdad se cambie todo lo que deba ser cambiado. Democracia del que por ser minoría merece que se le escuche su opinión, aunque no nos guste, aunque no tenga toda la razón. Disentir porque somos cubanos, seres humanos, que hemos pasado trabajo desde que eramos taínos y guanatabeyes hasta pasado mañana. Patria que es todo y no solamente el Gobierno. Un abrazo a Julio Antonio, por sus palabras y por el coraje de escribirlas desde Cuba.

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