Andy Rivero, un abstracto inconforme

Andy Rivero es un artista de la plástica contemporánea que desde sus comienzos optó por el arte abstracto. Este creador desarrolla su trabajo en dos grandes vertientes: la pintura y el grabado y es, tal vez, el abstracto cubano que más tiempo ha consagrado al original múltiple.

Hace tres décadas, el Taller Experimental de Gráfica de La Habana le abrió sus puertas y, desde entonces, se ha mantenido produciendo sin interrupciones. Por las excelentes oportunidades que brinda la colagrafía en cuanto a texturas es, quizás, la técnica que más se ajusta al quehacer de Andy quien, también, ha creado monotipias muy bien logradas y estructuradas desde el punto de vista conceptual, estético y técnico.

Y tiene toda la razón el maestro Oraá porque la obra de Andy, aunque cumple los requerimientos del mejor abstraccionismo, está constantemente manejando conceptos, nociones que deposita sobre la tela, o la plancha, con una personalísima manera de hacer que ha ido poco a poco –y a lo largo de más de treinta años–, conformando un sello que lo distingue e identifica.

El tema central de su obra, según afirmó en conversación exclusiva con OnCuba, es la vida “que lo resume todo; la vida es salir por la mañana a regar las plantas, oír un grito, el sexo, la mujer, el mar, la calle, lo feo, lo bonito, lo triste, lo alegre, lo armónico, lo desarmónico, el amor, el desamor, lo más refinado, lo popular y ¡hasta lo vulgar!”.

El trazo de Andy es absolutamente espontáneo con marcado matiz expresionista y, aunque a primera vista puede dar la sensación de cierto caos, cuando se analiza con detenimiento la obra, se percibe que todo está muy bien pensado y estructurado. Quizás ese orden se deba a que antes de convertirse en el consolidado artista que es hoy, se formó en las aulas del Instituto Superior de Diseño, ISDI, una academia que lo dotó de herramientas que aún hoy usa para comunicarse.

Como todo creador está constantemente reinventándose y, quizás, ese afán de experimentación le ha llevado a incorporar elementos tridimensionales para reforzar el mensaje. Y, aunque es respetable el artista que se mantenga apegado a la bidimensionalidad que ofrece el soporte pintura, es igualmente válido el desplazamiento hacia otra manera de hacer.

Y en los últimos tiempos Andy lo que hace es, precisamente, instalar sus pinturas: “quiero que mi obra no sea única y exclusivamente abstracción pura sino que tenga un valor añadido y esos objetos que adiciono contribuyen a una doble o triple lectura, pero esos elementos tienen que estar en coherencia, en unidad, con la pintura. No es cualquier objeto colocado arbitrariamente porque en arte todo tiene que estar justificado”.

La paleta de este inquieto artista –que se define “no como un abstracto puro sino como un abstracto inconforme”– ha variado con los años. En los comienzos y durante un largo período se caracterizó por la explosividad del color, sin embargo en los últimos tiempos –sobre todo a partir de una exposición titulada Nadie es puro, de 2015, realizada en la prestigiosa galería Collage Habana– se ha reducido al negro, blanco y rojo. Esa contracción o reajuste en la paleta, creo, ha favorecido mucho el discurso plástico de Andy y la economía de recursos ha contribuido a consolidar su sello.

"El camino de la nostalgia". 2016. Andy Rivero. Foto: Cortesía del artista.
“El camino de la nostalgia”. 2016. Andy Rivero. Foto: Cortesía del artista.

Otra singularidad de Rivero es que, diferencia de los pintores abstractos que por lo general recurren al socorrido S/T, se esfuerza en orientar al espectador a partir del título; una manera de articular el conjunto de información y preocupaciones que comparte con quien intenta hacer cómplice: “asimilar y comprender la abstracción es más difícil que la figuración y, como lo que hago es interpretar una realidad y no reflejarla tal cual, me apoyo en los títulos para crear nexos de complicidad y, quizás, emplazar a los públicos”.

Ese interés de Andy de relacionarse, de mezclarse con la gente, de estar al tanto –ocupado, preocupado e informado– de todo cuanto sucede en su patria y en el mundo, lo hace ir todos los días a la calle Empedrado, donde está su estudio-taller, muy próximo a la famosa Bodeguita del Medio, para volcar sobre el lienzo sus preocupaciones.

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