Eslinda “Lucía” Núñez

En Eslinda Núñez hay algo de tiempo detenido. Parecen eternas la dulzura de la expresión y esa sutil ingenuidad que muestra en el segundo cuento de Lucía. Uno de los rostros más bellos del cine cubano, ha sabido entregar algo más a cada personaje que ha interpretado, bien sea en el teatro, el cine o la televisión: su extraordinario talento.

La Premio Nacional de Cine 2011, acaba de recibir el Premio Lucía en su primera edición, en el Festival Internacional de Cine de Gibara.

¿Qué representó Lucía en su carrera?

Para mí Lucía siempre ha sido un personaje verdaderamente muy importante. En alguna que otra ocasión he dicho que es un personaje que acuñó mi vida profesional pero también espiritual porque me descubrió cosas, me dio una pauta a seguir. El hecho o la gran suerte de haber trabajado con Humberto Solás, a quien yo considero uno de los mejores directores cubanos, me hizo pensar mucho sobre mi futuro como actriz, sobre mi desarrollo en lo adelante y me hizo profundizar y buscar más dentro de la actuación para ver hasta dónde yo podía llegar. Humberto siempre me daba muchas esperanzas, me insistía mucho en que yo tenía un extra, que buscara siempre más allá, y eso fue algo que me marcó y que en lo adelante me hizo ser un poco más reflexiva, pensar un poco más en lo que aceptaba o no y también en tener un poco más de rigor en la carrera. 

En realidad yo empecé en teatro, tengo el privilegio de haber sido alumna de Vicente y Raquel Revuelta en Teatro Estudio, cuando este grupo era una pequeña academia que había en Neptuno y Campanario, en La Habana. De ahí, estuve en algunos grupos de teatro hasta que hice mi primera película que fue El otro Cristóbal, de Arman Gattí. Luego, Humberto me había seleccionado para Lucía. Siempre me había prometido varios personajes en obras suyas, me hablaba de sueños que tenía y que por determinadas razones no se realizaban y una tarde se apareció en mi casa con el guion de Lucía y yo me fasciné porque ese personaje me conmovió mucho y enseguida me enamoré profundamente de él.

Traté de dar lo máximo que podía. Es un personaje de una línea muy interna, y realmente lo disfruté mucho.

¿Cuál fue el curso de su carrera después de Lucía?

A partir de ahí tuve la posibilidad de trabajar con Tomás “Titón” Gutiérrez Alea en Memorias del subdesarrollo que también se convirtió en un clásico del cine latinoamericano. También trabajé con Manuel Octavio Gómez en La primera carga al machete, otro clásico, así que tuve una gran suerte en mis inicios en el cine, pero continué trabajando en teatro. Estuve en muchas salas de teatro, haciendo comedias y cosas interesantes que llegaban. Continué haciendo cine, después estuve en el grupo La Rueda bajo la dirección de Rolando Ferrer, luego en el Teatro Estudio que más se conoce, con Raquel hasta que junto a Daisy Granados pasé al Icaic porque pensábamos en ese momento hacer un gran grupo de teatro con actores de cine, ese era un gran sueño de Alfredo Guevara en ese momento.

Ahí hacíamos doblajes, narraciones microfónicas, presentaciones, nos íbamos al extranjero a presentar nuestras películas y hubo un gran movimiento que nos permitió hacer cosas diferentes y a la vez podíamos hacer teatro.

Ahí tuve la posibilidad de trabajar con José Antonio Rodríguez, haciendo Otelo en El Buscón. Hice Los días de la guerra con Roberto Blanco en su grupo, con Huberto Llamas, hice Santa Camila de La Habana Vieja, también con Nelson Dorr, o sea que además de hacer cine, siempre me mantuve haciendo teatro.

Hubo un momento que no tenía mucho trabajo en cine y me ofrecieron trabajar en televisión. Recuerdo que entonces muchos actores no querían trabajar en este medio porque se veía a menos, pero tuve la suerte de que fuera un gran director y dramaturgo el que me invitara a trabajar, Carlos Piñeiro. Iba a hacer El Chino, de Carlos Felipe, era una obra que se había intentado poner como cuatro veces anteriormente y nunca se lograba y Carlos se empeñó en ponerla con un elenco magistral integrado por Leonor Gorrero, Elena Huerta, Ramoncito Veloz, Jorge Cao, Eduardo Vergara entre otros, fue una experiencia para mí inolvidable porque aparte de que el personaje que yo hacía –Palma– era muy fuerte, logré darle cierto tono un poco misterioso y mágico, que pienso lo enriqueció mucho, y eso me llevó a hacerme de un prestigio dentro de la televisión. Me dejó ver que allí también se podían hacer cosas, solamente había que proponérselo y por supuesto trabajar con un buen director.

Hice muchas obras del teatro universal y cubano, cuentos de la literatura hasta que me llamaron para trabajar en la telenovela Pasión y prejuicio. También me llamó Mirtha González Perea para trabajar en Cuando el agua regresa a la tierra, y bueno, así, trabajé en algunas novelas, no todas las que me habían propuesto, pero sí en aquellas que me parecieron interesantes. Tengo una idea muy abierta sobre la televisión, confío mucho en que se pueden hacer cosas muy valiosas también como en el cine. 

Pero nunca abandonó el cine…

Cada vez que me ofrecen un personaje interesante vuelvo al cine porque como dices nunca lo he abandonado. Recientemente hice con Gerardo Chijona Esther en alguna parte con Reynaldo Miravalles y Enrique Molina. Fue muy bonito trabajar con ellos, había mucha complicidad y afecto. El cine siempre será una de mis grandes pasiones. 

¿De los tantos personajes que usted ha interpretado, recuerda alguno especialmente?

Todos para mí son importantes. Aunque sea un personaje pequeño, lo llevo en mi corazón como algo bonito. Hace muy poco terminé una película de terror en el campo cubano, que se llama ¿Eres tú papá?, ópera prima de un joven realizador egresado de la Escuela de Cine de San Antonio y también hice 1989 con los hermanos Barriuso, sobre lo del desastre en Chernóbil. Es un personaje episódico pero muy interesante.

Muchos artistas de su generación decidieron irse de Cuba, sin embargo usted se quedó aquí…

Cuba es mi país, aquí nací y aquí espero morir. Verdaderamente aquí me siento realizada como trabajadora, como artista, como mujer. A mí por supuesto me gusta viajar, he viajado mucho, conozco medio mundo, pero cada vez que viajo siempre extraño más y más. Me gusta mi país, mis amigos, las buenas ideas que existen para levantarlo, para seguir llevándolo adelante, las buenas intensiones. Tenemos problemas como en cualquier parte pero lo bueno es saber salir de ellos con inteligencia. Esto mismo que está pasando aquí en Gibara es algo increíble, una villa que en cierta forma tenía muy poco que ofrecer en lo que respecta al arte y la cultura, y de más de una década hacia acá Gibara vuelve a florecer. Es como si hubieran regado una semillita porque Humberto, por solo citar un ejemplo, fue uno de los grandes amantes de Gibara, un hombre que amaba mucho a esta ciudad. Siento que Humberto regó muchas semillitas y esas semillas ya están dando frutos, flores y de todo, el Festival es la prueba de ello.

¿Qué hubiera hecho diferente en su vida Eslinda Núñez?

Soy un ser humano que también comete errores, pero no creo que sea nada grave de lo que me tenga que arrepentir. Al contrario, estoy muy feliz. Tengo una familia preciosa, hace más de cincuenta años estoy casada con el cineasta Manuel Herrera, mi hijo Inti Herrera es productor y director de cine de la Facultad de Medios Audiovisuales del Isa y de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio. Tengo tres nietos fabulosos que me encantan. Y estoy feliz porque veo que tenemos un buen futuro para mis nietos, para mi familia, y eso me da deseos de poder vivir muchos más años para poder ver a mis nietos realizarse.

Habla de la familia. ¿Cuán difícil ha sido llevar una carrera tan activa como la suya con una familia que siempre necesitara de su presencia?

Ha sido complejo, a veces un poco triste. Yo tuve a Inti en un momento en que mi carrera estaba en un pico muy elevado y muchas veces tenía que irme a filmar y dejar a mi hijo con mi esposo, o con mi mamá cuando Manolo y yo teníamos trabajo juntos. Y fueron momentos difíciles, sobre todo cuando tenía que salir de Cuba.

Fui a hacer películas a Moscú, a Venezuela, a Perú, pero nunca me dejé de comunicar con mi casa ni un solo día, aunque fuera desde la distancia eso nos permitía estar juntos. Como cualquier familia tenemos discrepancias pero siempre terminamos abrazados dándonos amor. 

¿Cómo ve Eslinda la actuación cubana de hoy?

Yo estoy muy contenta porque realmente he visto una gran cantidad de actores nuevos que han surgido, que son buenísimos. Hace poco la televisión transmitió la novela Latidos compartidos, dirigida por Consuelo Ramírez y Rafael “Felo” Ruiz, donde me tocó encarnar a Martha, una mujer muy generosa, madre de tres hijos, amante de su casa y de la familia, pero también con deseos de trabajar, de hacer algo, que tenía un don espiritual especial. Ahí pude trabajar con actores muy jóvenes, muy buenos, también con otros consagrados como Pancho García.

Cuba está llena de gente con mucho talento, creo que todas las personas tienen un sentido especial con el arte. En el cine también hay buenas experiencias, por ejemplo, en la película de la cual te hablaba, ¿Eres tú papá?, la protagonista es una muchachita que es una delicia, Gabriela Ramos, que está aquí en Gibara. Ella trabajó en Últimos días en La Habana, de Fernando Pérez. Es una muchacha extraordinaria que ya demostró su talento en la película de Fernando y en esta, además ha sido premiada, así que eso da muestras de que la nueva generación de actores va por muy buen camino. 

¿Cómo una mujer tan dulce puede interpretar villanas?

Una de las villanas más recientes fue la que interpreté en la telenovela Santa María del Porvenir, una señora burguesa, enloquecida, que dominaba a todo el pueblo, que mandaba a matar a alguien sin importarle nada con tal de lograr su propósito, que hablaba mal de todo el mundo, una villana bastante mala… Hice también otra parecida en un cuento en el que trabajé con Carlos Padrón.

Uno como actor disfruta mucho esos personajes y muchas veces sobresalen por encima de otros y siempre se aprende, cada interpretación sea de una villana o no, nos hace estudiar y sobre todo aprender. 

Usted ha compartido escena con muchos actores…

Son muchos realmente. He trabajado con actores buenísimos como Sergio Corrieri, Mario Balmaceda, Aramís Delgado, con Albertico Pujols, sin embargo creo que Adolfo Llauradó marcó mi carrera. Llauradó es para mí un símbolo del actor, un símbolo extraordinario de lo que es el actor de cine y de teatro, era un actor que con solo mirarlo ya él sabía lo que uno quería y viceversa. Creo que para cualquier actriz que trabajó con él fue un verdadero privilegio, yo lo siento así. 

Gibara y su Festival le acaban de entregar el Premio Lucía en su primera edición. ¿Cómo lo acogió?

En primer lugar fue una gran sorpresa que no esperaba y que hasta mi familia conspiró para que no me enterara. No obstante, siempre a alguien se le zafa y unos días antes de venir para aquí lo supe, y me alegré como no se pueden imaginar. Además para mí fue muy grata la sorpresa de que se creara un premio con ese nombre. Me sentí muy conmovida, pienso que no es solamente un premio a la carrera de Eslinda Núñez sino un reconocimiento, un homenaje al cine cubano, un homenaje a Humberto Solás que fue el creador de Lucía.

Con apenas 24 años comenzó a escribir ese guion, era un niño, casi ni había trabajado con actores, y él buscó métodos, formas, nos propuso una forma diferente de hacer cine, experimentó, y yo pienso que eso hizo que Lucía fuera tan fresca y que hoy día, siendo una película tan vieja, a punto de cumplir medio siglo de estrenada, se sigue manteniendo fresca, espontánea. 

Lucía influyó mucho en el cine latinoamericano y constituye un referente insoslayable en nuestra cinematografía también, entonces por todas estas cosas, por la gran admiración que yo siento por Humberto y por esta película y que sea precisamente aquí en esta ciudad que tanto me ha gustado desde que la conocí, con su gente muy humilde, cariñosa y atenta que me ha demostrado mucho respeto y amor, creo que la satisfacción por este premio es doble. 

¿Y haberlo recibido junto a Adela Legrá?

Un gran gusto porque Adela es una persona que yo quiero mucho, que trabajó tanto con Humberto también y que es una actriz que desde su forma tiene también una gran verdad, además muy respetada y querida por todos. 

¿Cómo le gustaría a Eslinda que la recordaran?

Hace poco dije, y ahora lo reafirmo, que me gustaría que me recordaran como una actriz que tiene una gran verdad para dar, esa verdad es la sinceridad, que me parece muy importante para cualquier ser humano, y para un artista, ser sincera con el público, respetarlo y quererlo, tratar de retribuir un poco ese cariño y esa admiración que nos demuestran cuando uno va por la calle, te paran, te dicen “como me gustó su personaje”, o por el contrario, “no me gustó que trabajara en tal película o tal cosa”, porque también me lo han dicho. Pero lo que más deseo es que me recuerden como una mujer realizada y muy feliz.

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