Filigranas Oliva, el arte de dibujar con hilos de plata

Jorge Oliva lleva más de veinte años tejiendo y dibujando –con hilos de plata– admirables esculturas y joyas. Autodidacta, comenzó sus primeros trabajos en 1988 con figuras tridimensionales de alambre de cobre. A esa técnica de tejer como las arañas, pero con finos hilos metálicos hasta lograr diversas formas aplicables a toda clase de joyas, le llamó Aracné. Sus diseños originales y de impecable factura, son capaces de hacer variar el criterio de quienes aún dudan en considerar la orfebrería como arte. Su concepción estética está imbuida del estudio de las formas, pues hay figuras en las que el volumen y la profundidad dominan la interpretación de la pieza.

Era aún menor de edad cuando participó con sus creaciones –por primera vez– en la Feria Internacional de Artesanía de La Habana (FIART), en 1997. Antes, con tan solo 14 años, obtuvo el premio de ARTEX de la Bienal “Domingo Ravenet” de Artes Aplicadas, y en 1996 le otorgaron el Gran Premio de la misma Bienal. El importante premio UNESCO lo recibió en 1997 con sus esculturas de pequeño formato. Diversas personalidades poseen sus obras. Alicia Alonso atesora un unicornio azul; Eusebio Leal, un ángel, y Michelle Obama, una gargantilla de plata y esmeraldas. 

¿Por qué la filigrana?

Considero que es una técnica muy propia de personas compulsivas como yo. Dibujar con hilos de plata o cobre me fascina. La plumilla y yo no nos llevamos bien, pero llevar la figura a la tridimensionalidad mediante el tejido me es fácil, y me permite crear. Es una técnica milenaria, yo la asumo de forma más moderna, aunque algunos anticuarios de la ciudad han vendido piezas mías como antigüedades, algo muy gracioso. 

Tus inicios fueron en la escultura, ¿cómo llegas a la orfebrería?

Después de un estancamiento en la escultura a principios del 2000 me dije: ¿qué hago ahora para seguir viviendo? Tuve que buscar alternativas sin renunciar a lo que me gustaba. En 2001 comencé con los primeros aretes. También para diferenciarme de los orfebres que tenían un estilo definido, llevé mi técnica de tejido a las joyas. Yo no contaba con la tecnología para desarrollar otro tipo de orfebrería, solo tenía mis dos pinzas, lo que me permitió cargar con mi taller en la mochila para cualquier lugar. Con mi capacidad de autonomía pude hacer algo para vivir y, al mismo tiempo, continuar con la escultura, pero de otra forma. 

¿Cómo lograste unir ambas expresiones?

En la escultura soy figurativo y en la orfebrería, más abstracto y contemporáneo, o sea diametralmente opuesto. Ambas, aunque comparten técnica, fluyen por caminos diferentes. Una es el descanso de la otra, jamás las abandono. 

En tus inicios era solo Jorge Oliva en el taller y también de cara al público, desde hace varios años tienes tu pequeña empresa: Filigranas Oliva

El advenimiento del trabajo por cuenta propia produjo cambios de regla. Hubo una apertura de negocios que me permitieron incluir a un ayudante para la comercialización, mientras yo seguía produciendo en el taller. Nunca he dado abasto, ahora menos que tenemos varios puntos de venta. Llevar una pequeña empresa ha sido muy divertido y reconfortante, he ido aprendiendo y evolucionando mucho. Me considero un artista, nunca un comerciante, a pesar de haber permanecido nueve años directamente con el público.

Me di cuenta de que solo no iba a llegar muy lejos y entonces me asocié a personas que se dedican a la parte comercial. Fue necesario registrar la marca, cambiar el modelo de negocios, e ir más allá con las nuevas producciones. Comenzamos a participar en pasarelas, eventos y a lanzar colecciones. Lo mío es el taller y la parte creativa. Pasé el curso de Cubaemprende en su primera graduación y me hizo ver las cosas de otra forma. La feria del patio de la ACAA se quedaba pequeña. Hoy estamos además en la Fábrica de Arte Cubano, en la galería de tienda del Hotel Manzana Kempinski. Algunas cosas al inicio las hice por intuición, otras las reformulé con el paso del tiempo, y la experiencia y la cooperación de mi manager Jorge Ruiz Ramírez. 

Ruiz Ramírez, ¿qué has aportado a Filigranas Oliva?

Cuando llegué no estaban segmentados los mercados. Nos dimos cuenta de que debíamos dividir los públicos y también los productos que les ofertábamos. No se tenía claro a quién y cómo llegar, por lo que desplegamos disímiles estrategias de comunicación y marketing, siempre transmitiendo que nuestras piezas deben ser usadas por personas elegantes que aspiren a lucir diferentes en momentos de alta distinción.

En FIART, por ejemplo, siempre exhibimos piezas exclusivas. A pesar de su costo, se vendían y los clientes se quedaban esperando por otras similares. Entonces decidimos lanzar dos líneas, una de gama alta y otra de media a baja, siempre manteniendo la calidad, el diseño y el estilo. Lo que difiere es la cantidad del material, las gemas y la complejidad de la realización. Lanzamos colecciones, ediciones limitadas, piezas únicas y otras de producción seriada. Siempre que lleves una joya de las nuestras, sea cual sea, es importante que sepas que posees una pieza única totalmente manufacturada, con un diseño de autor y una calidad innegable. 

Oliva y Ramírez en su taller. Foto: Izuki Pérez.
Oliva y Ramírez en su taller. Foto: Izuky Pérez (www.izukyphotography.com)

¿En qué trabajan ahora?

Seguimos promoviendo la colección Nautil, la del famoso caracol en espiral, con la que estamos celebrando los veinte años del premio UNESCO, un motivo escultórico que por años ha estado en la obra de Jorge Oliva. También estamos lanzando una colección de gargantillas exclusivas con diversas flores, como mariposas y orquídeas, entre otras, ideales para obsequios. Una flor natural dura varios días, una de Filigranas Oliva dura para siempre.

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