Lizt Alfonso: Salir a buscar la oportunidad

“No me digas que me rinda, no voy a parar”, dice el primer verso de la canción No, escrita por la bailarina y coreógrafa Lizt Alfonso y hecha especialmente para el videoclip que resume el espíritu de la compañía que ha liderado por 25 años.

Disciplina, rigor, trabajo duro y preparación constante caracterizan a Lizt Anfonso Dance Cuba, que desde el pasado mes recorre, por novena ocasión, los Estados Unidos. Con el espectáculo ¡Cuba vibra!, el grupo actúa en ciudades como Chicago (Illinois), Detroit (Michigan), Atlanta (Georgia), Lewistown (Pennsylvania), Sheboygan (Wisconsin), Statesville (North Carolina) y San Luis, Obispo (California).

Para Lizt Alfonso, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington, el escenario estadounidense se ha convertido en uno de los más importantes. Sin embargo asegura: “nunca he creído en los momentos de apertura”. Una razón la asiste: “Entramos por vez primera en los Estados Unidos en la época de George Bush y realmente nunca tuvimos dificultades para presentarnos allí, salvo las económicas que todos conocemos. Nosotros, sobre todo, lo que queremos es hacer arte y para eso no hay dificultades, pienso yo”.

“El problema es que, por lo general, las compañías esperan a que les llegue la oportunidad para entonces prepararse para la gira y eso es un error. Tú tienes que estar preparado para cuando te llegue la oportunidad y si te es posible, sal a buscar la oportunidad. No esperes que ella venga a ti”.

 ¿Cómo celebra el aniversario 25 la compañía?

Lo festejamos desde octubre de este año y hasta diciembre de 2017. Comenzamos con el espectáculo 25 años en escena, las funciones que hicimos recientemente en el Teatro Karl Marx de La Habana. Allí hicimos un recorrido por algunos de los hitos del repertorio de la compañía: números de danza, musicales, fragmentos de coreografías para los premios Lucas y otros eventos donde hemos participado,e incluimos el espectáculo final que estrenamos en los Grammy Latinos 2015.

Nos gustaría hacer una gira por nuestro país. Sería muy bonito que el pueblo cubano pudiera compartir esta alegría con nosotros. Espero que sea una fiesta en la que celebremos con todo el regocijo que se merece el momento. Y para 2017, vamos a estrenar el espectáculo Latido, con música del saxofonista César López.

¿Cuál es tu concepto de lo que debe ser la danza en la contemporaneidad?

La danza tiene que ser un mundo de movimientos muy flexibles, donde no haya límites, en el que se obvien las costuras –es decir, que no las puedas ver– y en el que todo confluya de forma tal, que la gente cada vez que llegue a un espectáculo, se sorprenda por lo que está viendo. Y eso es algo muy difícil de lograr.

 ¿Qué influencias has tenido en tu formación como bailarina y coreógrafa?

¿Influencias? Muchas. Van desde mis primeros profesores en la escuela de ballet, hasta los grandes bailarines y coreógrafos de este país y de otras partes del mundo, a los cuales admiro y respeto. Pienso, en este momento, en Alicia y en Fernando Alonso. Este útimo se convirtió en un gran amigo con los años.

“Me vienen a la mente tantas personalidades del mundo del arte como el maestro Alberto Méndez,  los bailarines y coreógrafos Jirí Kylián (Checoslovaquia) y Merce Cunningham (EE.UU.), y el coreógrafo estadounidense Paul Taylor. Podría hablar también de los artistas de la plástica Pablo Picasso, Paul Cézanne, Carlos Enríquez y Amelia Peláez, porque todo eso ha influido mucho en mi vida.

Interrogada por los desafíos afrontados para defender su estética y encontrar un espacio en el mundo danzario, Lizt destaca que “durante poco más de nueve años fuimos una compañía independiente. Hubo gente que no creía en lo que estaba haciendo y me decía que la fusión era algo sin sentido. Hoy, en todo el mundo, lo que se hace, prácticamente, es eso.

“Cuando estrenamos Elementos, la gente no entendía el espectáculo, incluso algunos artistas tampoco. En la actualidad es uno de los favoritos del público. Quizás en ese momento nos adelantamos a lo que las personas podían recibir. Ahora todo fluye mucho más fácil, porque cuando hay una trayectoria y vas demostrando el valor de lo que haces, las personas empiezan a entender un poco más”.

Mi sueño era tener una compañía de danza y llegar a Broadway. Todo lo que ha pasado después ha superado con creces el anhelo inicial. Eso es lo lindo. Por eso siempre nos proponemos nuevas metas –cada vez más altas y ambiciosas– desde el punto de vista artístico y de la realización, tanto personal como colectiva.

A mis bailarinas les digo que no se conformen con lo que tienen, ni con lo que les rodea; que piensen que la realidad puede ser cambiada. Les comento a ellas que por el camino van a encontrar muchas personas que están adaptadas a vivir en esa realidad, por esa realidad y para esa realidad; y uno simplemente, no tiene por qué aceptarlo. No les estoy diciendo que vayan a romper un muro de hierro, sino que vean cómo consiguen un soplete y cómo abren una hendija en el muro.

Lizt Alfonso, junto a su compañía, en el Teatro Karl Marx. Foto: Regino Sosa
Lizt Alfonso, junto a su compañía, en el Teatro Karl Marx. Foto: Regino Sosa.

¿Esa ha sido la clave de tu éxito?

Es el trabajo. No obstante, reconozco que para que la gente se realice, como artista y como persona, necesita tener también toda una estructura de vida que le funcione para poder dedicarse a hacer lo demás. Lo digo por mi propia experiencia.

Han sido años de trabajo muy duro, pero con grandes resultados. Eso lo quise reflejar en la letra de la canción No, dedicada a los 25 años de la compañía. Nadie puede enseñar a volar, o dar alas en el medio del vuelo y luego ponerte un techo, para que no puedas seguir solo.

En el caso de Lizt Alfonso Dance Cuba, estamos luchando y lo seguiremos haciendo. Por el camino se nos va a la vida, pero ya tenemos garantizado que vienen otros detrás y van a continuar esa labor, para que todo el ciclo se complete en una espiral interminable. Con el favor de Dios, esperamos que siempre sea ascendente, igual que en estos 25 años.

 Lizt Alfonso Dance Cuba se ha convertido en una gran institución cultural, ¿cómo le gustaría que funcionara en un futuro cercano?

Lo que debemos buscar es un camino para lograr que cada vez sea mejor, para que se pueda multiplicar el trabajo, pero de una forma más cómoda, orgánica y coherente, sin tener que depender de tantos niveles superiores para obtener una respuesta. Simplemente, queremos alcanzarla desde la base de uno mismo que es quien genera el trabajo y el resultado.

Somos una institución muy grande, con una estructura piramidal que empieza con los talleres vocacionales, y una escuela totalmente amateur donde, en estos momentos, hay más de mil 200 niños entre 6 y 16 años. Después viene los ballet infantil y el juvenil, la Unidad Artístico Docente de donde egresan nuestros bailarines con el título de danza fusión y, por último, tenemos la compañía profesional, un grupo musical y un competente equipo técnico. Ahora, finalmente, ya contamos con una compañía masculina.

 

En el actual panorama danzario cubano existen compañías que se sienten deudoras, en lo formal y lo conceptual, de Lizt Alfonso Dance Cuba, ¿crees que tu manera de hacer ha ejercido influencia en otras compañías nacionales?

Me enorgullece y me satisface que en varias compañías de Cuba, estén bailarines que han pasado por nuestro ballet y que, además, lleven con ellos nuestro método, nuestra disciplina y el rigor que imprime, como sello, nuestra compañía.

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