Mariela se queda en Cubalandia

Mariela Brito –eslabón inseparable del grupo teatral El Ciervo Encantado que dirige Nelda Castillo– llegó a la actuación por accidente. Conversar con ella es entrar en un universo de personajes que encarnan la cubanidad y las esencias de esta isla. No señala ninguno en particular porque se siente parte de todos o porque también ellos la poseen en una especie de diálogo que solo la actriz puede sostener.

En 1986 en Matanzas no hubo convocatoria para estudiar actuación, así que encontró en la teatrología el camino más cercano. Seis años después, su carrera se uniría al talento de Nelda para incursionar como observadora en los talleres que la maestra impartía en el Instituto Superior de Arte.

En una estética que defiende el performance dentro de las artes escénicas, Mariela ha sido protagonista de muchísimas historias que intentan problematizar sobre la Cuba de estos tiempos. Poner el centro de atención en los procesos sociales que emergen en el contexto de la reforma económica, es la línea que defiende desde hace algunos años.

Desde Variedades Galiano hasta la más reciente puesta, Departures, pasando por el cuadrúpedo que carga con los pesares de un pueblo en Rapsodia para el mulo, la dirigente con discurso victorioso en Triunfadela o la mujer que, a la llegada de los cruceros al puerto de La Habana en ¡Guan melón! ¡Tu melón!, sale a buscarse la vida de cualquier forma; llega a Cubalandia en su personaje de Yara, la China, de los más pintorescos en esa trayectoria.

Una guía turística que promueve excursiones por todo el país y cuya relación con los clientes destapa –entre otras– el problema de la doble moneda y la manera de vivir y sobrevivir en esta parte del mundo, resume la esencia del performance por el cual ha merecido el premio como “Actriz visitante más destacada” que otorga la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York (ACE) y cuya ceremonia oficial tuvo lugar el pasado 9 de abril en esa ciudad. Sobre este papel y su recorrido artístico, Mariela conversó con OnCuba.

Quedarse

Cubalandia corresponde a una serie de puestas en escena que desde hace algunos años desarrolla El Ciervo Encantado. ¿Qué intenta decir el personaje de Yara?

Es un personaje muy sutil porque es totalmente inconsciente de lo que hace. Es una madre coraje de estos tiempos, que lucha por la sobrevivencia y es capaz de pasar por encima de valores importantes con justificaciones valiosas. Su esencia conecta mucho con el sistema de “valores” en que hemos vivido durante los últimos años, a partir del florecimiento del trabajo por cuenta propia y la búsqueda de diversos mecanismos para subsistir; eso produce un encuentro político con el espectador, que es muy importante.

Yara es muy popular y conecta rápidamente con la gente, aunque de manera banal hace ver cosas muy graves. Sin querer, denuncia un grupo de valores que se han naturalizado en nuestra vida cotidiana y que a nivel ético y moral no son normales. Me provoca mucha alegría en el momento en que le doy vida porque no tiene nada que ver con mi manera de proyectarme. Sin embargo, también me ha generado un encuentro con esencias de la vida que son muy necesarias, pues en algunos momentos yo puedo tener sus soluciones; y es cuando tomas conciencia de que también uno puede ser como ella.

¿Yara es la representación de una sociedad en medio de las reformas económicas o la expresión de muchas mujeres que hoy se lanzan al oficio de emprender?

Tiene que ver con todo el mundo. No es una cuestión de género; es un problema social, aunque son las mujeres quienes continúan llevando una sobrecarga y en su gran mayoría siguen bajo el paradigma de servir el plato en la mesa, asumir la responsabilidad del cuidado de los hijos y los ancianos y devenir sostén importante de la sociedad. Que Yara sea una mujer le imprime un valor agregado, pero creo que se conecta con todos.

¿Qué retos ha supuesto para ti asumir una estética que utiliza el performance como expresión?

Ha sido un camino de conocimiento y aprendizaje. Yo no he hecho otro tipo de trabajo, no porque no haya tenido la posibilidad, sino porque no me interesa. A través del performance he encontrado un camino de autoexpresión, donde lo más importante no es el resultado, sino el proceso. Detrás de cada presentación hay un camino profundo y complejo de investigación a nivel de entrenamiento del cuerpo, de la mente, del espíritu y a nivel intelectual. Todo ello va junto y sin eso no hay obra. En lo personal no ha sido un reto sino una oportunidad.

¿Cuánto significa el nombre de Nelda Castillo en de tu carrera?

Nelda es mi maestra. Todo lo que he crecido ha sido gracias a su guía. Ella es quien me ha formado y permitido acceder al crecimiento humano, más allá del crecimiento actoral. Es mi inspiración y ese espacio de seguridad que te brinda un maestro que es tan importante. Es muy difícil encontrar una maestra y estar preparada para ella y para recibir su magisterio. Haber contado con esa generosidad durante estos años ha sido trascendental en mi vida.

***

Mariela asume como un hecho todo el conocimiento que de sí misma le han ofrecido cada uno de los papeles que interpreta. Basta con nombrar uno y emergen los demás. Ellos se han convertido en un mecanismo que le abre nuevas puertas en el plano personal y en el de su profesión como actriz; para reinterpretar el mundo en el que vive, para problematizar sobre su realidad –la de todos– y asumir nuevas proyecciones. A algunos los resume en palabras imprescindibles: verdad, batalla, comunión, el padre. Para Yara, quien la ha llevado de viaje por ese mundo de lucha y supervivencia que es Cubalandia, reserva un silencio y dice gracias.

Foto: EL Ciervo Encantado.
Yara, la China. Foto: El Ciervo Encantado.

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