Capablanca en su última partida

El Club de Ajedrez de Manhattan tiene esta noche la visita de uno de sus parroquianos más ilustres. Está sentado en una esquina, con la mirada atenta, incisiva, sigue los movimientos de un tablero cercano. Sonríe.

Es el 7 de marzo de 1942.

Todos allí saben lo que significan las sonrisas de quien observa. Todos allí lo conocen y lo admiran. Los jugadores, al tanto de su presencia, evitan mirarlo de soslayo. Saberse examinado por Capablanca hace a cualquiera comerse las uñas .

En una pausa, el campeón cubano conversa con varios de los presentes. Habla con Sidney Kenton sobre un posible torneo de ajedrez rápido. Un calor súbito le abrasa el cuerpo. Su cara se enrojece. Un silbido fatal estalla en sus oídos.

“Ayúdenme a quitarme el abrigo”, alcanza a decir antes de desplomarse. Tras una rápida evaluación médica, una ambulancia lo conduce hasta el Hospital Monte Sinaí. No habrá salvación.

Una hemorragia cerebral, causada por su galopante hipertensión, termina con el más genial de los ajedrecistas de su tiempo. El más grande, sin duda, en la historia de su país.

José Raúl Capablanca y Graupera dejó de respirar en el amanecer del 8 de marzo. A las 5:30 de la mañana fijó The New York Times la hora de su muerte. Las 6:00 am aparece registrada en la ficha del hospital.

Tenía 53 años y 109 días, aunque el reporte de la autopsia dice 52.

Reporte de la muerte de Capablanca del hospital Monte Sinaí. Foto: chesshistory.com.
Reporte de la muerte de Capablanca del hospital Monte Sinaí. Foto: chesshistory.com

En enero de 1941, en el mismo hospital, había fallecido Emanuel Lasker. Ante él había ganado Capablanca su corona mundial en 1921. Seis años después la perdería con el ruso Alexander Alekhine, quien nunca quiso ofrecerle la revancha. El cubano se llevó esa frustración a la tumba.

No obstante, en sus enfrentamientos particulares brilló sobre el hijo de Moscú. Lo venció en nueve ocasiones, por siete derrotas y treinta y tres tablas.

En total, Capablanca acumuló más de 600 partidos oficiales, con 315 triunfos y apenas 38 derrotas. Ganó 22 de los 37 torneos importantes en que participó y obtuvo su primer título de Cuba con apenas trece años.

La máquina humana, le llamaron algunos; otros, el Mozart del ajedrez.

Entre febrero de 1916 y marzo de 1924 jugó 63 partidas de primer nivel sin perder ninguna. Este récord incluyó el match por el campeonato del mundo frente a Lasker.

Capablanca (derecha) enfrentando a Emanuel Lasker.
Capablanca (izquierda) enfrentando a Emanuel Lasker.

Alekhine, anteponiendo la sinceridad al encono, diría a la muerte del cubano: “Nunca antes hubo ni volverá a existir un genio igual”.

Hasta su traslado a Cuba, el cuerpo de Capablanca permaneció en la Funeraria de Cooke, en 117 West 72nd Street, Nueva York. El embajador de la Isla en los Estados Unidos, Aurelio F. Concheso, viajó desde Washington para hacerse cargo de los trámites. También acompañaron los restos del ajedrecista un hermano menor y su viuda, la ex-princesa rusa Olga Chagodalf.

La comitiva fúnebre llegó a La Habana hace 75 años, el 14 de marzo de 1942. Según el diario Información, el barco que regresó a Capablanca a su patria tocó el puerto habanero sobre las 3:00 de la tarde.

Fulgencio Batista, entonces presidente constitucional, atendió personalmente la organización de la ceremonia realizada en el Capitolio Nacional. Desde allí partió el cortejo hasta la Necrópolis de Colón.

El entierro del campeón cubano en el cementerio habanero de Colón. Foto: chesshistory.com.
El entierro del campeón cubano en el cementerio habanero de Colón. Foto: chesshistory.com

Miles de personas se congregaron en el camposanto habanero para despedir al ídolo de Cuba. Un silencio doloroso recibió el féretro, cubierto de flores.

Atendiendo a un deseo de Capablanca, su tumba es custodiada por un majestuoso rey de mármol esculpido por Florencio Gelabert. Su monumento mayor, sin embargo, es su propio legado, los hitos mayúsculos de una carrera que todavía hoy sorprenden al mundo.

La tumba de Capablanca. Foto: César O. Gómez / panoramio.com.
La tumba de Capablanca. Foto: César O. Gómez / panoramio.com

 

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Comentarios

El inagotable

15 Marzo, 2017

Aquí se exagera. Kasparov, describe a todos esos genios en Mis Grandes Predecesores. Mi nombre lo excluye, no se porque no me menciona, ja, ja, quizás porque algunos no consideran los torneos relampagos verdadero ajedrez? Ja, ja ¿O porque mi nivel es sólo intermedio picando avanzado?

Rolando Leyva Caballero

14 Marzo, 2017

Siempre que viajaba a La Habana me iba, aún lo hago, hasta el Cementerio de Colón. Por alguna razón, aunque no soy un fanático del ajedrez, de hecho soy un pésimo movedor de fichas, siempre encontraba tiempo para pasar por su tumba. Me convenció de su grandeza el capítulo que escribió sobre él Guillermo Cabrera Infante en su notable Vidas para leerlas. Una lectura más que recomendable para acercarse y conocer facetas desconocidas o poco divulgadas de muchos cubanos ilustres de la primera mitad del siglo XX y lo que vino después.

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