Los leopardos anaranjados en la historia

De los temidos Leopardos a la Maquinaria Naranja, de Alejandro Oms a Víctor Mesa, el béisbol de Villa Clara ha escrito una rica historia en la mayor de las Antillas. Los equipos villaclareños –otrora villareños– acumulan una estela de triunfos en los clásicos cubanos, aun cuando sus últimas campañas descubran una sorpresiva recaída.

Para no ir más lejos, la eliminación de los Naranjas esta temporada en el duelo de los comodines privó a la Serie Nacional de uno de sus históricos contendientes y provocó que sus mejores beisbolistas vistan en la segunda fase la chamarreta de otros conjuntos. Buen momento entonces para una mirada a épocas y peloteros que dieron gloria a esta central provincia de Cuba, con un Todos Estrellas que intenta una quimérica justeza posición por posición.

Que ruede la bola…

Receptor: No por ser la primera posición, resulta la más fácil de elegir. De hecho, tal vez sea la más difícil. ¡No hay ninguna otra provincia cubana con semejante talento entre los catchers! Es como si Villa Clara tuviera una fábrica de receptores en cada una de las décadas.

Detrás del plato estuvieron el sagüero Julio Rojo (años 20 y 30), el placeteño Gilberto “Chino” Valdivia (década del 40), Lázaro Pérez, Alberto Martínez, Ángel López (años 90) y Ariel Pestano (años 90 y 2000). Cualquiera puede ser titular de este Todos Estrellas, pero me decanto por Ariel Pestano.

Con la mascota lucieron inmensos el “Chino” Valdivia, el único en recibirle la bola de nudillos a Wilhem Hoyt en el Cerro, y también Albertico Martínez, a quien no le pesó la sombra del gran Juan Castro. Pero, ¿qué decir de Pestano? El de Caibarién también era un maestro atrapando cualquier envío llegado desde la lomita. En el I Clásico Mundial, impresionó por su defensa –memorable fueron sus atrapadas de los “garabatos” de Viyo Odelín– y aquel decisivo out ante otro gran receptor, Iván Rodríguez.

Sin ser un bateador brillante, Pestano destacó por su oportunidad en el cajón de bateo desde aquella vez que siendo un jovencito decidió un play off ante Industriales. En los equipos Cuba rindió siempre a gran nivel, y a los clásicos cubanos legó, además, su precisión en los tiros a las bases y su indiscutible liderato en los Naranjas. Su decisivo jonrón en el partido que le dio el título a Villa Clara en 2013, quedará como una de las imágenes más emotivas en la historia de las Series Nacionales.

El descubridor de Pestano

Primera base: Antonio Muñoz fue el símbolo de la primera almohada de los Azucareros de Las Villas, pero no es villaclareño sino de la localidad espirituana del Condado y, por demás, vistió el uniforme de Cienfuegos en las Series Nacionales, así que me parece más justo reservarlo para su provincia natal. Otro candidato en similar situación es Alejo O’Relly (años 80-90), que terminó su carrera en Ciego de Ávila, mientras merece especial destaque el “Remolcador” Ariel Borrero (21 campañas hasta su retiro en 2016), quien conectó más de 2 mil hits y acumuló de por vida meritorios promedios de bateo (312) y fildeo (992).

Sin embargo, prefiero elegir a un Jorge Luis Toca (primera mitad de los años 90), que solo me parece comparable en elasticidad con el guantanamero Agustín Lescaille y que al bate no fue segundo de nadie.

Con 100 jonrones en apenas 8 series, Toca es el villaclareño con más slugging en Series Nacionales. Conectó 796 hits e impulsó una carrera cada 5.37 veces al bate, el segundo mejor promedio de la franquicia, solo superado por su coterráneo Oscar Machado (años 80-90). Fue el inicialista más defensivo entre 1993 y 1994, junto a un bateo por encima de 300, lo que le permitió militar en equipos Cuba a una copa mundial, una intercontinental y unos juegos panamericanos. Si tenemos en cuenta lo fugaz de su presencia no es difícil predecir que bien pudo concluir con números de espanto en los clásicos nacionales.

El gigante de Remedios llegó por dos años a las Grandes Ligas con los Mets de Nueva York, donde promedió un modesto 259,  aunque eso sí, se mantuvo inmaculado a la defensa; mientras que en las Menores golpeó 285 en ocho años, con total defensivo de 989 en todos los niveles profesionales, incluido México.

Segunda base: Aunque Pedro Jova podría correrse a la intermedia, no fue esta su posición habitual. Emilio Madrazo no fue un camarero ofensivo, y Yuniesky “Riquimbili” Betancourt llegó a las Grandes Ligas donde actuó principalmente como torpedero en los equipos de Milwaukee, Kansas y Seatle, antes de recalar finalmente en México.

Prefiero entonces la estabilidad de Jorge “La Araña” Díaz, quien brilló como intermedista justo cuando la Maquinaria Naranja estuvo en su apogeo en la década del 90.

En seis Series Nacionales, Díaz conectó para 283 y promedió defensa de 973 que no muestra la cantidad de roletazos salvados por sus prodigiosas manos. Agreguémosle más de 100 bases robadas, gran cantidad de asistencias y su incursión rentada en los Estados Unidos, donde figuró en el sistema de granjas de los Rangers de Texas.

Bateó poco en las Menores, tras lo cual se fue a ligas independientes y promedió sobre 300. En seis años como profesional sumó un 299 ofensivo, nada mal, pero su mayor virtud era defensiva y como segunda base siempre estuvo por encima de 970.

Tercera base: Rafael Orlando Acebey (años 80 hasta los 2000) fue un jugador muy defensivo, brillante e incluso espectacular guante en mano, pero las esquinas necesitan de un bateador de mayor poder. Dayán Viciedo (principios siglo XXI), con cinco campañas en los Medias Blancas de Chicago (donde botó 66 pelotas) y actualmente en Japón (40 jonrones), podría ser el indicado, aunque en “la Tierra del Sol naciente” es utilizado como jardinero y primera. Pero en mi opinión se poncha demasiado y si está en Asia es por su intermitencia en las Ligas Menores.

Chico Ruiz con los Rojos de Cincinnati. Foto: readingeagle.com.
Chico Ruiz con los Rojos de Cincinnati. Foto: readingeagle.com.

Mi voto entonces es para Hiraldo Ruiz Sablón “Chico Ruiz” (principio de los 60). En mi opinión es él quien conjuga mayores cualidades en esta posición, a pesar de su breve carrera profesional, trunca por un mortal accidente.

Luego de su paso por el Cienfuegos, con el que fue campeón de una Serie del Caribe, consiguió cinco lideratos consecutivos de veces al bate en las Ligas Menores (siempre bateó por encima de 250), lo hizo muy bien en Venezuela (267) y pasó ocho campañas en las Grandes Ligas con California y Cincinatti. Con estos últimos se hizo famoso gracias a un inusitado robo de home en la Serie Mundial de 1964, entre los Rojos y los Phillies.

“Chico Ruiz” fue en realidad un utility (lo único que no hizo fue lanzar), por tanto atendiendo a que el nacido en la localidad villaclareña de Santo Domingo fue tercera regular con los Elefantes de Cienfuegos en la campaña 60-61 y luego volvió más de una vez a esta posición, es elegible para este equipo estelar.

Torpedero: Pedro Jova fue el titular del campo corto villareño desde que comenzó a jugar en Series Nacionales en 1972, cuando fue novato del año. Bateó 315 en 17 temporadas, y vistió muchas veces el uniforme del Cuba, pero en mi opinión fue superado por un jugador efectivo y espectacular que casualmente estuvo bajo su mando.

Como torpedero escojo a Eduardo Paret (década de los 90 hasta 2012), un primer bate que conjugaba poder y velocidad. Cuando Germán Mesa dejó la selección nacional fue Paret el hombre encargado de llenar su vacío, y lo hizo tan bien que acumuló participaciones en tres Juegos Olímpicos, dos Clásicos Mundiales y seis campeonatos IBAF así como topes y eventos regionales.

El de Santa Clara es el segundo lugar histórico en asistencias en Series Nacionales (6 167), tercero en robos y carreras anotadas, octavo en triples, noveno en bases por bolas y décimo en pelotazos. Los dos últimos acápites dicen mucho de su capacidad para embasarse por cualquier vía, más si los sumamos a sus más de 1800 hits. Además es décimo en sacrificios en toque, y tuvo un exquisito bateo de 293 para un primer hombre en la tanda.

Jardines: En la pradera derecha podría ubicarse a Bautista Aristondo (decenio del 40), integrante del equipo Cuba a la Serie Mundial de 1941 tras buenos desempeños con el equipo Fortuna, o al portentosos bateador Pablo García (de los 40 y 50), con experiencia en las Interprovinciales, el Almendares y en la liga profesional mexicana, o a Eddy Rojas (década de los 90), con un brazo de poder legendario.

Sin embargo, Pedro “Champion” Mesa (años 20 y 30) brilló con los Leopardos cuando los estadounidenses negros copaban su line up y fue el corredor más rápido desde home a primera en su época en Cuba.

Mesa llegó hasta donde le permitió su talento durante los años pre derrumbe de la barrera racial en el béisbol de los Estados Unidos, al militar en los All Cubans y los Cuban Stars, ambos del Este. Paradójicamente se desempeñó más en las Ligas Negras que en la Isla, pero cinco años le bastaron para mostrar en Cuba un average de 333, con 99 anotadas.

También en los jardines colocoría a Alejandro Oms (años 20), quien ocupó mayormente el center field. El apodado “El Caballero”, Oms es sin dudas uno de los mejores jugadores villaclareños de todos los tiempos, al que su tierra le debe al menos una estatua.

Fue uno de los zurdos de mejor bateo de la pelota cubana, capaz de conectar hits durante 30 juegos consecutivos, promediar 11 veces por encima de 300 (ocho de ellas de manera ininterrumpida) y capturar en desenfrenada carrera hacia atrás una pelota a 460 pies.

Tuvo el tercer mejor promedio de por vida en la Liga Cubana (345), donde fue quinto en carreras anotadas (373), sexto en triples (35) y octavo en dobles (99).

“El Caballero” era además hábil un robador de bases y se destacó en República Dominicana, Venezuela y los Estados Unidos, donde fue uno de los íconos de las Ligas Negras, con average de 332 en 15 años.

Otros relevantes jardineros de Villa Clara son Silvio Montejo (años 70), Oscar Machado, y Leonys Martín (todavía en acción en las Grandes Ligas), pero como tercer outfielder escojo indiscutiblemente a Víctor Mesa. No importa que “la Explosión Naranja” se haya desempañado en el jardín del centro al igual que Oms. Lo hecho por él en la pelota cubana tiene ribetes de excepcionalidad.

El cuerdo y el loco

Víctor es el mayor jonronero (273), tercero en slugging y mayor impulsador (1174) de su equipo en Series Nacionales. Además, superó los 2000 indiscutibles, promedió 318 y fue por mucho tiempo el máximo robador de la Isla (588), liderato en el que se incluyen siete legendarias estafas del home.

Dueño de una defensa temeraria junto a las cercas, VM32 fue un jugador de mucho liderazgo y clutch tanto en las selecciones villaclareñas como nacionales, cualidades que llevado a su labor como manager. Tenerlo en el equipo era un plus para cualquier director.

Bateador designado: No le han faltado grandes bateadores a los conjuntos villaclareños, pero entre ellos destaca Claro Duany (clímax deportivo entre la década de los 40 y 50). En el cabú debemos montar entonces a este gran jonronero de Caibarién.

En una época donde los jugadores no destacaban por la musculatura Duany sobresalía por su físico. Su gran poder le permitió conectar descomunales jonrones en un parque tan extenso como La Tropical y promediar por encima de 300 tanto en la Liga Cubana (cinco veces) como en la mexicana y las Ligas Negras, con el New York Cubans. Fue uno de los grandes talentos que no pudo brillar en la MLB, adonde hubiera jugado sin duda alguna de no ser por el color de su piel.

Fue el zurdo de más slugging en la década del 40 (antes del despegue de Formental) y dentro del profesionalismo cubano se ubica en el décimo puesto histórico en dobletes y jonrones. Sin embargo, atendiendo a sus discretos números defensivos y a su poca velocidad en las bases, se vislumbra como el designado ideal en este Todos Estrellas, aunque en su época esta posición no existiera.

¿Cuál podría ser entonces el orden al bate? Propongo: 1-Paret, 2-Pablo “Champion” Mesa, 3-Oms, 4-Duany, 5-Toca, 6-Victor Mesa, 7-Pestano, 8-“La araña” Díaz, 9- “Chico Ruiz”.

Lanzadores: También Villa Clara ha sido la patria de una pleyade de pitchers, pero para esta selección escojo a Conrado Marrero “El Guajiro de Laberinto”, Agapito Mayor “Triple Feo”, Manuel “Cocaína” García, Miguel “Mike” Cuéllar, Ángel “Catayo” González, Daniel Parra, Minervino “Minnie” Rojas, Rolando Arrojo, José Ramón Riscart y Eliecer Montes de Oca. Cuatro zurdos y seis derechos, ocho nombres profesionales y dos aficionados.

Marrero (década del 30 hasta fines de los 50) fue el mejor lanzador amateur cubano antes de 1961, tanto por sus actuaciones con el Cienfuegos Sport Club como con el equipo Cuba en las Series Mundiales Amateurs. Cuando pasó al profesionalismo, ya con demasiada edad para algunos, sus actuaciones en las Grandes Ligas con un equipo sotanero como los Senadores de Washington lo mantuvieron como un preferido de la afición, más cuando en invierno jugaba con el Almendares.

Ganó 128 partidos en la Unión Atlética de Amateurs de Cuba (UAAC), 11 en Series Mundiales aficionadas, 69 en la Liga Cubana, 70 en la Liga Internacional de la Florida, 39 en las Grandes Ligas, 80 en la Menores, 24 en México, 4 en Series del Caribe y 10 en Nicaragua. Conocido también como “Connie” Marrero y “El Premier”, el de Sagua La Grande se halla por derecho propio en el Olimpo de los lanzadores cubanos.

Conrado "Connie" Marrero en las Grandes Ligas. Foto: Al Fenn/Time Life Pictures/Getty Images.
Conrado “Connie” Marrero en las Grandes Ligas. Foto: Al Fenn/Time Life Pictures/Getty Images.

Agapito Mayor (década del 30 hasta fines de los 50) también se cansó de ganar. Fue el segundo serpentinero que más partidos lanzó en toda la historia de la pelota invernal cubana y es consierado el mejor zurdo de la primera mitad del siglo XX, con no menos de 200 éxitos en total en tres países. Su nombre era un símbolo de garantía.

Cocaína” (década de los 20 hasta los 40), zurdo de Manacas, pequeñito de estatura pero gigante en el box, fue otro icono entre aquellos jugadores negros de los Leopardos de Santa Clara y las ligas de color en los Estados Unidos. Aún después de perder velocidad dominaba con curvas lentas y pronunciadas en el ocaso de su carrera, suficiente para brillar en México, Dominicana y Venezuela, donde llegó hasta el Salón de la Fama. En Cuba, solía batear con buen tacto y a veces jugaba los jardines. Fue el cuarto de todos los tiempos en juegos ganados (85), empatado en temporadas jugadas (17), quinto en juegos completos (93) y noveno en lanzados (222).

Cuéllar (de los 50 a los 70) era un pitcher diferente. Con su tenedor y bola de tornillo pasó de ser un talento de los Sugar Kings a 15 temporadas en los Mayores (con impresionante foja de 185-130) entre las que destacan un Cy Young y un anillo de Serie Mundial. En la MLB logró también cifras respetables de ponches (1632), entradas lanzadas (2808), juegos completos (172) y promedio de carreras limpias (3,14) mientras los contrarios le batearon apenas para 220.

Mike Cuéllar: el único Cy Young cubano

Catayo” (fines de los 30 hasta principios de los 50) fue uno de los Tres Mosqueteros del Deportivo Matanzas, con récord de 55 escones consecutivos y el doble de victorias que derrotas en su etapa amateur, aunque se decidió tarde al profesionalismo donde no le fue tan bien. Mientras, Parra (finales de los 30 y década del 40) fue zurdo inteligente que le quitaba y ponía a la bola para dominar con soltura a sus rivales. Así se convirtió en un pitcher ganador tanto en el club Fortuna, como luego en el Almendares y los Estados Unidos.

Del llamado béisbol revolucionario, Rolando Arrojo (aproximadamnete 1984-2002) me parece el más sobresaliente. Era un abridor al seguro con los Anaranjados de los años 90, y también con el equipo Cuba, con el que se colgó cuatro medallas doradas en eventos internacionales, incluida los Olímpicos de 1992. Luego saltó al profesionalismo y demostró que de haber llegado más joven a los Mantarayas de Tampa, en las Grandes Ligas (donde también pasó por Colorado y Boston) hubiera finalizado su carrera con mejor balance. En total, tuvo más de 500 ponches en MLB, con un discreto 40 y 42 en ganados y perdidos.

Los únicos en este listado que exclusivamente se desempeñaron en Series Nacionales son José Ramón Riscart (desde fines de los 70 a principios del siglo XXI), que ganó y salvó incluso más que Arrojo (ambos por encima de 150 laureles) con un PCL de 3.35, y Eliecer Montes de Oca (década de los 90 y primera del siglo XXI), con 139 victorias y menos de 4 limpias de por vida, además de participar en los Juegos Olímpicos de 1996 (oro) y 2000 (plata) y en los panamericanos de 1995. El hijo de Aniceto es, además, el único lanzador villaclareño que ha obtenido 15 victorias en una Serie Nacional.

En cuanto a los relevistas, podría incluirse a Ramón “Colorado” Roger, con un currículo encomiable tanto en Cuba, donde tuvo buenos resultados con el Cienfuegos, como en la Liga Mexicana, y más recientemente Yolexis Ulacia, un verdadero brazo de hierro y el pitcher de más salvamentos con los equipos villaclareños. Pero al conformar este equipo propongo al ligamayorista Minervino “Minnie” Rojas (década del 60), quien logró 27 salvamentos en la Liga Americana en 1967. En total, salvó 43 juegos en tres años en las Mayores con los Angelinos de California, con los cuales archivó un excelente promedio de 3 carreras limpias. También en México logró temporadas con más de 20 victorias.

En el montículo naranja hay otros nombres destacados como Aniceto Montes de Oca (el padre de Eliecer), José Ramón Sastre y el zurdo José Riveira, también con buenos números, pero en un nómina pequeña como esta es difícil competir con quienes pudieron medirse con la máxima calidad de su época, y ganaron títulos y premios como profesionales.

Un caso lamentable es el del prematuramente trunco José Fernández (siglo XXI), cuyo fallecimiento lo privó de aumentar sus números ya notables con los Marlins de Miami. De haber tenido una carrera más extensa, hubiese sido inamovible en esta selección.

Manager: En tan estratégico roll mis candidatos serían Julio Rojo, Pedro Jova y Eduardo Martín. El primero fue gran cátcher (década del 20), que destacó igualmente como un hábil coach, mientras Martín (mánager académico desde los 80 hasta el siglo XXI) dirigió 13 veces a los villaclareños, y su promedio de ganados y perdidos es el más alto de los directores anaranjados (646 producto de 498 victorias y 273 derrotas). No obstante, convoco a Pedro Jova por sus tres coronas consecutivas.

En seis campañas el otrora short stop consiguió un promedio de 601 (247 victorias y 164 derrotas), y llevó las riendas del legendario Villa Clara que dominó la pelota cubana entre 1992 y 1995. Su balance en las ruletas de los play off fue de 16 y 10, pero de haber tenido una nómina como la de este Todos Estrellas imaginario, seguramente hubiese logrado un éxito todavía mayor. ¿No lo creen así?

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