Natación cubana: ¿morir en la orilla?

No hacía falta una bola de cristal. El Campeonato Mundial de Deportes Acuáticos de Budapest, Hungría, era una valla demasiado alta para la natación cubana.

La pequeña delegación de la Isla, integrada por el curtido Hanser García y los más noveles Lázaro Vergara y Luis Vega, buscaba al menos una actuación “decorosa” en medio de la oscuridad que ha acompañado a este deporte en los últimos tiempos.

Precisamente Hanser había sido el responsable de los últimos destellos. En 2011, en los Panamericanos de Guadalajara, se colgó las medallas de plata y bronce en las pruebas de velocidad del estilo libre, y un año después, en los Olímpicos de Londres, logró la proeza de ser finalista en los 100 metros con récord para Cuba de 48.04 segundos.

Su nombre siguió sonando en las piletas hasta los Centroamericanos de Veracruz 2014, en los que alcanzó a dar un título a la Isla. Pero después, sorpresivamente, “el Pollo” se bajó –o lo bajaron— del carro y dejó al equipo antillano con un vacío más grande que el cráter de un meteorito.

No es de extrañar entonces que su regreso, tras dos años fuera de las piscinas, resultara un soplo de esperanza para los aficionados. Hanser es un rara avis, un nadador tardío –proviene del polo acuático– que ha triunfado a base de talento y perseverancia en medio de las no pocas carencias que lastran a su disciplina deportiva en Cuba.

En Londres 2012, Hanser logró una de las mejores actuaciones históricas de la natación cubana. Foto: Cubahora.
En Londres 2012, Hanser logró una de las mejores actuaciones históricas de la natación cubana. Foto: Cubahora.

Pero ni toda la voluntad del mundo pueden suplir las deudas acumuladas. En Budapest, el villaclareño no logró siquiera acercarse a sus mejores registros del año y con 49.33 finalizó en el puesto 30 en su prueba estrella. Su propósito de incluirse en semifinales quedó trunco.

Luego, en los 50 metros libres tampoco pudo pasar de las eliminatorias. Fue cuarto en su hit con 22.70, marca que lo situó en el lugar 37. Varios meses de entrenamientos intensivos y tirarse en algunas pruebas en el circuito europeo Mare Nostrum –al que la Comisión Nacional dudó incluso en llevarlo– no le alcanzaron como combustible en Hungría. Necesitaba más.

Esperemos que el traspiés no le corte la sonrisa al tritón de cara a próximas competencias. Su entrenadora, Luisa María Mojarrieta, reconoció antes del Mundial que su pupilo había tenido “estados de depresión bastante altos”, aunque confió en el coraje del nadador para sobreponerse.

A la vuelta de Hungría habría que ver cómo pintan las cosas. Hanser precisará de mucha confianza y tenacidad para reinventarse a sí mismo y, con ello, rescatar de su ahogo a la natación cubana.

Los centroamericanos de Barranquilla 2018 están al doblar de la esquina, como quien dice. Pero, por su historia y su temple, “el Pollo” bien merece un voto confianza.

El naufragio de la joven guardia

Con el capitán de capa caída, poco podía pedirse a sus escuderos.

Luis Vergara (22 años) llegó a Budapest con la experiencia de dos Panamericanos y el Mundial de Curso Corto de Canadá en 2016, donde finalizó en el puesto 32 en los 200 metros mariposa.

Ahora quedó en el lugar 38 con un tiempo de 2:03:19 minutos, inferior al cronometrado en abril en la Copa Marcelo Salado. Menos logró acercarse a su cota nacional (2:00.04), alcanzada el año pasado en Canet-en-Roussillon, Francia.

Tampoco pudo mejorar sus registros personales el jovencito Luis Vega. El capitalino de 18 años es quizá la figura más prometedora de la natación de la Isla, con un crecimiento sostenido que lo hizo recorrer el anterior ciclo olímpico y lanzarse en la piscina de Río 2016. Sin embargo, esta vez quedó lejos de su tope en los 200 metros combinados, al estampar apenas 2:08:91 minutos y anclar en la casilla 40.

En los 400 combinados, su especialidad favorita, Vega finalizó en el puesto 33. En abril había roto el récord nacional con un registro 4:25.51 minutos, pero ahora solo pudo marcar 4:30:77, por debajo de su tiempo en Río de Janeiro. Tiene mucho por crecer todavía.

El jovencito Luis Vega. Foto: Roberto Morejón / Jit.
El jovencito Luis Vega. Foto: Roberto Morejón / Jit.

Tanto a Vergara como a Vega parece haberle pasado factura la falta de un mayor roce internacional. También los problemas ya crónicos con las albercas cubanas –el Complejo de Piscinas Baraguá, construido para los Panamericanos de 1991, entró hace unos meses en remodelación tras años de angustiosa espera– y la presión que supone competir en una lid de esta envergadura.

A estos fantasmas tendrán que hacerle frente si desean consagrarse más allá de la Isla. En Cuba pocos le discuten, pero el área centroamericana ya es harina de otro costal.

Con todo, en ambos jóvenes están cifradas buena parte de las esperanzas antillanas en Barranquilla y, tal vez, en Lima, sede de los Panamericanos de 2019. Junto a Hanser –quien en Perú tendrá ya el peso de los 30 años– integran hoy la élite de la natación cubana.

A este exiguo listado pueden sumarse el espaldista Armando Barrera, ya con experiencia mundialista y en eventos regionales, y la joven Elizbet Gámez, con mayores posibilidades en los 200 y 400 metros libres. Ambos hicieron la marca B para asistir a Hungría, pero al final la suerte sonrió a los otros tres nadadores.

Lejos parecen los tiempos en que Rodolfo Falcón y Neisser Bent se batían de tú por tú con los mejores del mundo, e incluso se daban el lujo de subir al podio en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. También los de la malograda Imaday Núñez, finalista hace 11 años en un Mundial de piscina de curso corto y reconvertida en entrenadora como consecuencia de una afección cardíaca.

Aunque en honor a la verdad, ellos eran por entonces la excepción y no la regla, como Hanser García lo fue años después.

El nadador más relevante del que puede blasonar hoy la Isla es Lorenzo Pérez, campeón paralímpico, medallista mundial y respetado en cuanto torneo para discapacitados sea inscrito. Pero al granmense, otro atleta forjado a pura voluntad, no le toca tirar la toalla a sus compañeros convencionales.

No queda otra entonces que arar con los bueyes que tenemos. O más bien, nadar con los jóvenes que han logrado formarse. Y hacer todo lo posible para que no se estanquen en las desmejoradas piscinas de la Isla ni partan hacia otras latitudes. De lo contrario, sin importar cuánto braceé, la natación cubana seguirá muriendo inevitablemente en la orilla.

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Comentarios

emil gles

3 agosto, 2017

pq no mencionan el cierre del marcelo salado centro nacional d los deportes acuativos por mas de 50 años en medio d una destruccion increible,es una verguenza

Magdiel

3 agosto, 2017

Nada, que poco a poco Cuba se convierte en un país ¨normal¨… no es lo que querían?

ricardo

3 agosto, 2017

La natación cubana está muriendo hoy más que nunca, porque no se pudo defender, debido a la baja moral de sus dirigentes. Desde hace unos 10 años, la mayoría de los atletas dejan de nadar disgustados. La dirección de la natación era un “clan” infranqueable. Mucha gente tiene mala opinión de quienes dirigían la natación. Eso ha sido el tiro de gracia.

Jorge Reyes

3 agosto, 2017

No obstante, a pesar de que no pudo hacer una preparación completa, Hanser había logrado mejores tiempos en la temporada. Sería bueno saber qué le impidió acercarse a esos tiempos…

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