Ciao Scaramucci

En marzo de 2016, pocos días después de que el expresidente Barack Obama visitara Cuba, Anthony Scaramucci llegó a la oficina de la revista OnCuba en La Habana.

Venía sin corbata y salió ligeramente despeinado por el viento en la terraza del noveno piso. A pesar del contraluz, la foto que acompañó la entrevista que publicamos entonces dejó ver su sonrisa, complacido por tener La Habana a sus espaldas.

Aquel día, hace poco más de un año, Scaramucci hinchó hasta donde supo, y sin euforia, la trascendencia de los nuevos pasos en la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Refiriéndose a la política de normalización dijo que se trataba de “la historia más grande en Occidente en 2016”, y “el acontecimiento económico más excitante es que ha comenzado a integrarse la economía de Cuba con la de Estados Unidos”.

Esa mañana Scaramucci era un exitoso bussinessman de origen italiano, nacido en Long Island, Nueva York, líder en inversiones financieras, filántropo, y anfitrión de foros de economía en los que figuras de primer nivel global en el ámbito de los negocios y la política, cada año se reúnen para describir el futuro que ellos están decididos a conformar.

Pero desde la mañana de hoy Scaramucci es, además de todo eso, jefe de Comunicación de la Casa Blanca.

Ha sido designado por el inextricable presidente Donald Trump, quien lo describe como un killer capaz de taponear a los más incisivos medios de comunicación.

(Desde luego que le hará falta mucho aplomo e imaginación para intermediar en la guerra que sostienen Trump y el mainstream de la prensa estadounidense.)

Vista la escena, uno no se puede dejar de preguntar qué opiniones sobre Cuba le podría “pasar” Scaramucci a Trump, quien ha proclamado recientemente una revisión / reversión de la política impulsada por Obama.

Este “killer”, que ha declarado hoy frente a un enjambre de periodistas su admiración irrestricta –su amor, dijo–, su lealtad y su confianza por Trump, podría tener también –¿quién sabe?— licencia para opinar sobre Cuba frente al Presidente, en un tono distinto a como le hablan los “tipos duros” de la línea marcorrubiana.

Quizás podría contarle, como nos contó en 2016, que “a medida que pude ver la política de acercamiento norteamericana encaminarse hacia la reconciliación, la flexibilización del embargo, comencé a establecer contactos para hacerme una idea de si realmente era posible materializar mis proyectos. Muchas cosas han cambiado desde que conocí la Isla en 2012.”

Quizás podría insistirle en esa idea tan “americana” de la que nos habló aquel día: timing is everything.

Artículos Relacionados

Comentarios

jajajaja que le va a contar ahora. menos que un merengue en la puerta de un colegio. jajajajaja

LAS NOTICIAS EN TU BUZÓN

Suscríbete a nuestros boletines para que estés al tanto de los artículos más relevantes publicados en OnCuba.

[mc4wp_form id="83321"]

Publicidad

La carta bajo la manga

La caricatura