El péndulo de Trump

“Cincuenta años es suficiente”, dijo a principios de septiembre de 2016. “El concepto de apertura hacia Cuba está bien”. “Creo que está bien”, repitió. Sin embargo, hizo un distanciamiento: “Pero debemos lograr un mejor acuerdo”.

Es este, de entrada, uno de los problemas del pensamiento de Donald Trump, si se le puede llamar así. A menudo no suele tener definiciones claras y precisas. Usa y abusa de los tuits, espacios válidos para comunicar, pero que satura de mensajes simplistas y torpes que contrarían cualquier complejidad de lo político. En eso consiste, entre otras cosas, su aludida condición de outsider. Su estilo populista no es tan espontáneo como a menudo se asume: tiene gente detrás de la oreja. Y lo seguirá utilizando como hasta ahora, tanto para el muro como para despedir a una funcionaria y descalificar a un juez federal, hablar de fraude o rechazar de manera enfática las encuestas que lo señalan como el presidente entrante más impopular en la historia moderna de los Estados Unidos.

Entonces no se sabía a ciencia cierta en qué consistía ese “mejor acuerdo”. ¿Para quién o quiénes? –se preguntaban analistas y académicos. ¿Para el mundo empresarial norteamericano, en el que se supone sea un experto? ¿Para el interés nacional de los Estados Unidos? ¿Para los cuentapropistas cubanos, en expansión tras las reformas del general presidente Raúl Castro?

En cualquier caso, esas declaraciones estaban atravesadas por varias coordenadas; una de ellas son sus conflictos con sectores dentro del GOP, para nada entusiasmados con la idea de que el hombre de la torre neoyorquina corriera como su candidato. Y, más en específico, con Marco Rubio y Jeb Bush –con los que cruzó varias lanzas en el torneo, algunas bastante fuera de lugar–, quienes se han opuesto siempre a cualquier cosa que se mueva o descongele de alguna manera la política hacia Cuba. Para decirlo rápido: Trump estaba, básicamente, en sintonía con el engagement.

Dicen algunos que las elecciones se parecen a las noches de ronda. A mediados de ese mismo septiembre, en un rally con sus partidarios en el Knight Civic Center, en Miami-Dade, dijo que revertiría la política hacia Cuba a menos que sus dirigentes permitieran libertades religiosas y liberaran a los presos políticos. Fue el primer anuncio concreto: liquidaría las órdenes ejecutivas de Obama, vistas como concesiones unilaterales. “El próximo presidente puede revertirlas, y eso es lo que haré a menos que el régimen de Castro cumpla con nuestras demandas”. La clásica asimetría y los condicionamientos de una clase política, o de sectores dentro de esta, con demasiados problemas de memoria.

A fines de octubre se reunió con veteranos de la Brigada 2506. Para él, como para otros miembros de su partido, “el acuerdo había beneficiado a un solo lado”. Volvía a subrayar así la idea de la unilateralidad, aunque –también como la otra vez– a contrapelo de varias rondas de negociaciones que ya habían tenido lugar entre ambos países para abordar / resolver problemas de interés mutuo. Una lista que ahora incluye migración legal e ilegal, tráfico de personas, aplicación y cumplimiento de la ley, monitoreos sísmicos, áreas marinas protegidas, información meteorológica, búsqueda, salvamento y respuesta a derrames de hidrocarburos en el Golfo de México, entre otros temas.

Más de 20 acuerdos entre Cuba y Estados Unidos

“Todos entendemos la seriedad de estas elecciones”, dijo Trump ante cámaras y micrófonos. “Se decidirán muchas cosas en nuestro país durante los próximos cuatro años, incluyendo la dirección que vamos a tomar en nuestra política hacia Cuba (…). Lo que ustedes piden es correcto y justo. Los Estados Unidos no deben apuntalar al régimen cubano económica y políticamente, como lo ha hecho del presidente Obama y Hillary Clinton continuará haciendo a cambio de nada”.

Entonces declaró a una emisora del sur floridano: “Vamos a tratar a la gente de Cuba bien, justamente debería haber un acuerdo, pero tiene que funcionar para todo el mundo. Castro tiene ahora la mejor parte de todos los acuerdos, han podido mantener esto durante mucho tiempo. Los Estados Unidos no han actuado bien en esto sino de manera muy tonta, parecen niños”. Llegó incluso a descalificar a los diplomáticos y técnicos norteamericanos, marcando la línea distintiva: “Nosotros vamos a tener a verdaderos negociadores que hablarán de libertades civiles y de las cosas que hay que hablar, eso es lo que queremos”. Esta parte estaba clara. Pero quedaron dos bastante imprecisas: “tratar bien” y “para todo el mundo”.

Con la muerte de Fidel Castro sobrevino otro momento. “¡Fidel Castro está muerto!”, tuiteó a las 5:30 am del 26 de noviembre. Y después se explicó a sí mismo echando mano a un argumento que, aparentemente, había dejado en el tuitero en aquel principio: “El legado de Fidel Castro es pelotones de fusilamientos, sufrimiento inimaginable, pobreza, y negación fundamental de los derechos humanos”. Y se montó en el corcel del Gulag tropical: “mientras Cuba siga siendo una isla totalitaria, es mi esperanza que el día de hoy marque una movida que la aparte de los horrores que han durado mucho tiempo, y hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano pueda empezar finalmente su viaje hacia la prosperidad y la libertad”. Y lo reiteró una vez más: “Revertiré las órdenes ejecutivas de Obama y las concesiones a Cuba hasta que las libertades sean restauradas”.

Dos días después, el 28 de noviembre a las 6.02 am, otro tuit: “Si Cuba no quiere hacer un mejor acuerdo para el pueblo cubano, el pueblo cubano-americano y los Estados Unidos como un todo, terminaré el acuerdo”. No dice que lo va a tumbar indefectiblemente –aunque condicione su existencia. Y ahí está el detalle. Cualquiera podría suscribir la idea de que en una negociación ambas partes siempre quieren lograr mejores acuerdos. La cuestión, sin embargo, es que no se explicita: el mensaje es, cuando menos, anfibológico. Además, concentrándonos por ahora en su propio terreno, el pueblo cubano-americano no es un monolito, como tampoco el norteamericano. Según una encuesta de FIU de septiembre de 2016, la mayoría de los cubanoamericanos se oponen al embargo (63 por ciento), y en los comprendidos entre 18 y 59 años el guarismo se eleva al 72 por ciento. Y también favorecen las relaciones económicas con Cuba (57 por ciento en general y 90 por ciento de los nuevos emigrantes). Similarmente, las mediciones a nivel nacional vienen marcando de un tiempo a esta parte una tendencia creciente a la aprobación de las relaciones y vínculos comerciales con Cuba. Una de CBS / New York Times, implementada durante la visita de Obama, arrojó que 6 de cada 10 norteamericanos aprobaban la nueva política, y que el 62 por ciento pensaba que la relación comercial sería mayormente beneficiosa para los Estados Unidos.

Con la llegada al poder de la nueva administración, no hubo pronunciamientos oficiales sobre el tema hasta el pasado 3 de febrero. Respondiendo a la pregunta de una periodista de la NBC de Miami, el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que estaban en un proceso de revisión completa (full review) de todas las políticas hacia Cuba, y que los derechos humanos estarían en el centro.

Cuba y Estados Unidos hablaron “en detalle” sobre Derechos Humanos

¿Cuál Trump? ¿El multimillonario hombre de negocios o el político? –eran las interrogantes antes de que se sentara en la Oficina Oval de la Casa Blanca con sus nuevas cortinas doradas al fondo. Imprevisible en efecto sobre un podio, pero desde su misma toma de posesión la diferencia entre lo pintado y lo vivo es tan fina que prácticamente no existe. La Biblia lo dice: “por sus obras los conoceréis”. Obamacare. Muro con México. Salida del Acuerdo Transpacífico. Revisión del NAFTA. Anuncio, de hecho, de una posible guerra comercial con el vecino del sur, uno de los principales socios comerciales de los Estados Unidos. Políticas antinmigrantes y antirrefugiados a partir de una definición peculiar de la seguridad nacional. Un politólogo lo caracterizó de la siguiente manera: “un tren descarrilado que desafía nuestras nociones de gobierno, tal y como las conocíamos hasta hoy”. Los profesionales de la Psicología aportan otro ángulo: un individuo que padece una enfermedad llamada Desorden de Personalidad Narcisista, rodeado de ideólogos y raptors cuya función no consiste, en rigor, en asesorar al Presidente, sino en otra cosa –aunque estén plagados de contradicciones internas.

Con estas trazas, se impone ahora otra pregunta: ¿Resultará suficiente la cantidad de cemento que le echaron a la relación ambos gobiernos antes de la salida de Barack Obama?

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Comentarios

Si hay dos cosas claras en Trump, una es que es consecuente. Lo que dice lo hace. La otra es que de lo que dice a lo que hace hay siempre una diferencia significativa de grado. Como no viene de la política, actúa como hombre de negocio. La mismas estrategias que utilizo durante años en el mundo de los negocios las lleva ahora a la negociación política; Arranca con una parada muy alta, para después llegar a un acuerdo a un nivel mas bajo pero satisfactorio para el. No creo que tenga ningún tipo de desorden de personalidad. Esa misma estrategia la utilizo Raul Castro con Obama.

Del “Lobo” de la campaña electoral hasta ahora la tendencia es hacia la moderación y a bajar la parada. Ademas creo que se ha dado cuenta que hay que cuidarse un poco la boca con lo que uno dice como Presidente, reconoce que el mismo tiene sus limitaciones y necesita delegar poder y recibir consejos aunque el siga siendo “la estrella del show”. Una de sus cagadas mas grande durante la campaña fue cuando dijo que estaba a favor de la tortura de waterboarding. Ahorra dice que después de hablar con su Secretario de Defensa el General Mattis, si el Secretario no esta de acuerdo con la tortura, pues es eso lo que va, “Mattis esta a cargo de la Defensa, tiene toda mi confianza, el sabe y se va hacer lo que el diga”. Punto.
Sobre China acepta la doctrina de una sola China, De acusar a Japón de manipular la moneda, de eso ni se hablo en la visita del Premier Japones públicamente. El mismo decreto sobre emigración en comparación con la retorica anterior no deja de ser limitada a solo 90 días. Del pánico que se creo con su antagonismo con Wall Street, ya su Administración ha declarado que se puede considerar puntos de la posición de los senadores Franks and Dobb y Wall Street empieza a hablar positivamente de el. De su fuerte posición sobre “Law and Orden”, ( Ley y Orden ), ahora su administración esta a favor de reformas como la reducción de las penas a los crímenes no violentos, mejorar las condiciones de las prisiones y ayudar a lo ex-prisioneros a conseguir trabajo y viviendas. De “la OTAN es obsoleta” a sus ultimas declaraciones sobre ella se ven cambios, ( aunque probablemente forzado por las criticas que ha recibido en ser muy suave con Rusia ). Mantiene su posición con la Industria Farmacéutica de comprar las medicina en Canadá, pero dispuesto a un arreglo con ellas. Del Trump de las elecciones a este de ahora hay diferencias importantes. El que no las vea es porque no quiere. Esta mas controlado. Lo mas reciente es su cuidado en no improvisar en cuestiones oficiales de estado. En su reunión con la Britanica May, mientras la May con mucha mas experiencia de vez en cuando miraba el papel, Trump leía fielmente todo lo que iba a decir. Me dio hasta pena con el. Parecía un niño regañado. ( Obama con su labia no usaba ni papel)
Por supuesto que se puede saber la posición y el momentum del péndulo al mismo tiempo. La política no es física cuántica. Y el péndulo claramente indica que va hacia una moderación. Aunque nadie tiene una bola de cristal, si se puede ver la tendencia y las probalidades de actuación futuras de la Administración de Trump. Respecto a Cuba se ve lo mismo, pero para verlo si que no se puede ver con orejeras ideológicas.

Excelente artículo con un título inmejorable. Solo hace falta saber si el péndulo es producto del “descarrilamiento del tren” y del “desorden de personalidad” o se trata de una manera de hacer política totalmente consciente y populista que tantea reacciones para enfocar las decisiones en función de los futuros votos.
Respecto a Cuba tendremos que esperar, pero si desea favorecer a la mayoría de los cubanos de dentro y de fuera de la isla, debería mantener las medidas tomadas por Obama e incrementar los vínculos económicos con Cuba, porque esa tontería de los condicionamientos políticos hace rato que demostró su ineficacia.
Saludos, Cmario.

Prieto, usted vive en un constante tormento con Trump. Cálmese. Revisión no quiere decir no negociación. Aunque por supuesto una re-negociación no necesariamente termine en acuerdos. Lo que el gobierno cubano haga cuenta también. Lo importante es que hasta el momento nadie ha dicho que se levanta de la mesa de negociación.
Actualmente la gran mayoría de los cubanos no importa donde estén piensan que el problema del país es Global, no de temas particulares, de esto y lo otro. Cuando le preguntan a los cubanos-americanos si están a favor del embargo, de los viajes y demás, las preguntas son particulares a esos temas pero no a lo que ellos piensan del gobierno cubano o que ellos creen que seria la solución General y Definitiva. Si le preguntaran a esos mismos entrevistados sobre “Cuba” y su gobierno, le garantizo que dejarían las injerencias de Obama y Trump “chiquititas”.

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