La Habana abre puertas

Camino a su medio milenio, La Habana es una ciudad que abre puertas. La primera de ellas, la del Templete, el pequeño templo grecorramano que conmemora el establecimiento de la otrora Villa de San Cristóbal en su actual ubicación, hace ya 498 años.

El 16 de noviembre de 1519 no nació en realidad La Habana –había sido fundada cinco años antes, en la costa sur de la Isla– pero aquel sería su asentamiento definitivo, alrededor de la bahía de bolsa que la ha visto crecer desde entonces como la gran metrópolis de Cuba. Este es su onomástico celebrado.

Este miércoles, un día antes del aniversario de la ciudad, el Templete reabrió al público luego de una restauración de varios meses. Los trabajos incluyeron la ampliación del pórtico a sus dimensiones originales, la intervención de la columna de Cagigal –erigida en 1754– con la devolución de todos los atributos a la Virgen del Pilar que la corona, la renovación de la jardinería y la recuperación de los óleos del francés Juan Bautista Vermay que se exhiben en el lugar.

En la reapertura el Historiador de La Habana, el Dr. Eusebio Leal Spengler, insistió en lo necesario que es cuidar y embellecer la ciudad como tributo a sus 500 años.

“Tan importante como el pan es la belleza”, dijo Leal ante las personas reunidas en el Templete, quienes siguieron luego sus pasos en las tradicionales vueltas a la Ceiba, las peticiones de deseos y las monedas lanzadas como plegaria por la buena suerte.

Según la tradición, el primer cabildo de la villa se realizó a la sombra de una Ceiba, el mismo árbol junto al cual tres siglos después se levantaría el Templete. Una lápida sobre el dintel del templo recuerda la fecha de su apertura como símbolo fundacional de La Habana: el 25 de marzo de 1828.

Ya para entonces la urbe era, hacía mucho tiempo, la capital de la Isla y una de las más importantes de América; una ciudad, a decir del Dr. Leal, con “un papel preponderante en la historia de la navegación, en la historia de la cultura, en la historia de la gran disputa producida en el Caribe por el reparto del mundo”.

Un siglo después, en 1928, se trabajó por última vez en el Templete antes de la restauración a la que ahora fue sometido.

Este miércoles tampoco estuvieron ausentes en la reapertura las Mazas Capitulares, fundidas en 1632 –como recordó Leal– por el Maestro orfebre habanero Juan Díaz, ni el doblar de las campanas del Castillo de la Real Fuerza, y de las iglesias y campanarios antiguos celebrando la festividad de San Cristóbal, patrono de la ciudad.

Las Mazas Capitulares no faltaron a la reapertura del Templete. Foto: Otmaro Rodríguez Díaz.
Las Mazas Capitulares no faltaron a la reapertura del Templete. Foto: Otmaro Rodríguez Díaz.

Así comenzaron no solo las celebraciones por el aniversario 498 sino también por los cinco siglos de La Habana, aun cuando la antigua Ceiba solo se conserve hoy en la memoria.

El árbol actual, que debió plantarse dos veces, es según Eusebio Leal el que presidirá los festejos del 500 aniversario, y “ha de dar sombra a los vecinos, al pueblo, a las autoridades, a la nación en los próximos años”.

“La identifico con el árbol de la vida, a cuya sombra debemos estar”, dijo Leal justo a su lado. A su sombra.

Restaurar, abrir, preservar

No solo el Templete muestra una imagen renovada este 16 de noviembre. También lo hace la calle O’Reilly, una de las más importantes del Centro Histórico, que exhibe ya el majestuoso pórtico que tuvo hasta su demolición en 1930 y que marcara su entrada desde la Avenida del Puerto.

Sobre la puerta, construida originalmente en 1852, luce ya el escudo de La Habana, de frente al mar, al tiempo que adoquines, herrería y cañones completan la imagen de un sitio destinado a permanecer “como La Habana, abierta al mundo para siempre”, en palabras de Eusebio Leal.

Por los 498 años de la ciudad también son inauguradas otras obras “muy importantes” a decir del Historiador. El Palacio de los Capitanes Generales, antigua sede de gobierno durante la colonia convertida hoy en museo, reabre con la mayoría de sus salas totalmente restauradas, mientras se inauguran el Centro de Información de la Oficina del Historiador de La Habana y la nueva sede de la agencia de viajes San Cristóbal, “para unir a las ciudades patrimoniales de Cuba y gestionar un turismo culto, atraído por las ciudades históricas”.

Además, se termina un nuevo emplazamiento para la estatua de Carlos III, que desde la década de 1830 estuvo ubicada en la avenida habanera que lleva su nombre. Ahora vuelve a su base original pero en la Plaza de Armas junto a la estatua de Fernando VII, que ya se encuentra a la entrada del jardín del Palacio del Segundo Cabo.

La estatua de Carlos III se traslada a la Plaza de Armas. Foto: Otmaro Rodríguez Díaz.
La estatua de Carlos III se traslada a la Plaza de Armas. Foto: Otmaro Rodríguez Díaz.

También abre sus puertas el Centro Juvenil del Centro Histórico, “dotado –de acuerdo con Leal–de todos los elementos modernos para que la juventud habanera y cubana pueda disfrutar del arte de hacer cine, radio, danza, de disfrutar de una biblioteca moderna, en medio de un conjunto de viviendas y museos que resumen el ideal de la Oficina del Historiador”, al tiempo que nuevas exposiciones se exhiben en los principales museos de la Habana antigua.

En el Castillo de la Real Fuerza, por ejemplo, se exponen tesoros del rescate submarino guardadas “celosamente” en Cuba durante años, mientras está a disposición del público el nuevo Museo de Arqueología en el Palacio de Tacón IV, que, según explicó el Historiador de La Habana, “fue la Obra Pía del famoso obispo habanero Peñalver y también la casa de los Pimienta, la familia portuguesa armadora y constructora de naves”.

Como parte de las restauraciones, la Oficina del Historiador no olvidó lugares dañados por el huracán Irma, que azotó la ciudad a inicios de septiembre. Entre estos, el Parque Infantil del Centro Histórico y el monumento a José de la Luz y Caballero. De igual manera se priorizó la recuperación del Castillo de La Punta, tanto de la cubierta y la carpintería como del foso y otras áreas exteriores de la fortificación.

Lo hecho ahora, dice Eusebio Leal, son los primeros pasos de un programa “intenso” para homenajear a La Habana por su medio milenio. Como parte del programa, adelanta el Historiador, continuará la restauración de edificios, se realizarán emisiones postales y se acuñarán medallas y monedas.

Como obras más próximas resalta la terminación de los jardines y otros arreglos en el Parque-Monumento al Mayor General Antonio Maceo, en áreas del Malecón, y la restauración del colegio San Pablo de Rafael María de Mendive, en el Prado habanero, donde estudiara el adolescente José Martí, una edificación a la que Leal considera “un monumento a la ética y la cultura cubana”.

También relacionada con Martí, el Historiador de La Habana resalta la inauguración el próximo 28 de enero de la estatua ecuestre del Héroe Nacional de Cuba, réplica de la creada por la escultora estadounidense Anna Hyatt Huntington que se erige en el Parque Central de Nueva York. La escultura, de más de 5 metros y 3 toneladas de peso, puede ser vista ya “en todo su esplendor” en el Parque 13 de marzo del Centro Histórico habanero.

Leal también anunció que como parte del programa por los 500 años, “se llevarán monumentos dañados a lugares más propios” como consecuencia del “embate brutal” del huracán , entre ellos el monumento al General Calixto García, hasta ahora situado en la calle G frente al Malecón. Además, deberán ser demolidos “algunos edificios por los cuales luchamos rabiosamente durante años”.

Pero, insistió, al llegar a sus cinco siglos La Habana “será, sin lugar a dudas, más bella”.

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Grande Eusebio! Larga vida te dé Dios.

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