El largo camino de una cubana a Oxford

Se llama Patricia Zulueta Bravo y sueña con estudiar una maestría en Oxford. “De donde yo vengo, eso sólo ocurre en las películas”, respondió la primera vez que se lo sugirieron. Pero el deseo se avivó en ella.

Patricia nació en La Habana y ahora vive en Hanoi, a miles de kilómetros de la universidad más antigua de habla inglesa. Pero a sus 30 años ya logró la mitad de su anhelo: fue aceptada en Oxford para cursar una maestría de Lingüística Aplicada y Adquisición de Segundas Lenguas.

Su intención no es ir a la universidad británica para estudiar inglés. Por extraño que parezca, su deseo es crear un método que facilite el aprendizaje del idioma chino. Patricia es profesora de la lengua más hablada del mundo: mandarín.

Su vínculo con este idioma fue casual. No tiene los ojos rasgados ni desciende de emigrantes del país asiático. De hecho, sus raíces familiares están en el oriente cubano y su piel es negra. Pero siente a la lengua china como propia.

La maestría comienza en octubre pero antes, el 28 de septiembre, Patricia debe pagar su matrícula, unos 25 mil dólares. Además, precisa más dinero para su vida en el Reino Unido, aunque confía que una vez allá podrá trabajar las horas que su programa de estudio le permita.

Hasta hoy no ha logrado reunir la cantidad que necesita. Pero no concibe un Plan B. No se niega a la ayuda ajena y dedica toda su energía a completar su sueño. Es toda perseverancia. Su reloj está en conteo regresivo.

Una cubana en China

Nació en 1987, pocos años antes del Período Especial. Creció en una familia de maestros –sus abuelos maternos y sus tíos abuelos estudiaron en la Escuela Normal de Santiago de Cuba–, pero al terminar el preuniversitario, en el Instituto Vocacional Vladimir I. Lenin de La Habana, decidió presentarse a las pruebas de la Facultad de Lenguas Extranjeras.

“Fue casi por embullo porque lo me interesaba en realidad era la pedagogía –cuenta a OnCuba–, pero esa decisión cambiaría mi vida.”

Por sus resultados fue incluida en un programa de idioma chino impulsado por el Ministerio de Educación Superior. Tenía solo 17 años cuando integró el primer grupo del programa, pensado inicialmente para desarrollarse en Cuba. Pero luego surgió la posibilidad de ir a China y Patricia obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Normal de Tianjin. Allí estaría 4 años, junto a estudiantes de países como Vietnam, Tailandia y Corea del Sur.

Patricia junto a sus profesores y compañeros de clase en Tianjin. Foto: cortesía de Patricia Zulueta Bravo.
Patricia junto a sus profesores y compañeros de clase en Tianjin. Foto: Cortesía de Patricia Zulueta Bravo.

En 2010 se licenció en Lengua y Cultura Chinas y decidió regresar a La Habana, como profesora.

“Muchos amigos me tildaron de loca por volver a Cuba después de graduarme. Decían que había perdido la oportunidad de mi vida al no quedarme en China o haber viajado a Estados Unidos, como muchos de mis compañeros. Pero algo me decía que estaba en el camino correcto”, cuenta Patricia.

Poco después de su regreso, comenzó a trabajar en el Instituto Confucio, que había sido fundado en 2009 adscrito a la Universidad de La Habana. Por dos años se mantuvo en la institución. Además, dio clases de español en empresas chinas y trabajó como traductora para apoyar la economía familiar.

En el instituto comenzaron a desvelarla las dificultades de sus alumnos en el aprendizaje del chino.

“Era testigo diariamente de la frustración de mis estudiantes por no poder aprender bien el idioma –comenta Patricia–. Los libros de textos y los métodos de enseñanza no eran los más adecuados para ellos, ya que estaban basados en la metodología tradicional de enseñanza en China. Traté de hacer algunos cambios pero me percaté de que para lograr un impacto real necesitaba más conocimientos. Tenía que seguir estudiando.”

Patricia plicó entonces a una maestría en China y fue aceptada por la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing. No fue fácil. Más de una vez le cuestionaron en Cuba sus intenciones. “Recuerdo con mucha tristeza el día en que alguien me dijo que la única manera de irme era casándome con un chino”, evoca.

Solo el día antes de su viaje le fue otorgado el permiso de salida. Aun así, nunca perdió la fe.

“Compré el pasaje a China con mis últimos ahorros, antes de que me dieran el permiso de salida. Muchas personas me tildaron de loca y hoy reconozco que fue arriesgado, pero yo estaba segura de que lo iba a lograr. De cómo lo iba a hacer no tenía ni idea, pero me lancé porque confiaba en que no me caería.”

El camino de Oxford pasa por Hanoi

Otra vez en China, Patricia se entregó en cuerpo y alma a su maestría en Lingüística Aplicada. No se guardó ni una duda, no perdió ni un minuto de estudio.

“Estaba en un aula llena de asiáticos donde yo era quien llamaba más la atención, no sólo por mi físico, si no por mis constantes preguntas al profesor, algo muy poco común allí –revela. Estudiando, me percaté de que mis ideas no eran tan alocadas y que concordaban con investigaciones hechas por muchos profesores, fundamentalmente en el mundo occidental.”

Fue en esos momentos que cobró fuerza en ella la idea de hacer un doctorado en Oxford u otra importante universidad de Occidente.

Por eso, tras graduarse en Beijing en 2015, comenzó a estudiar inglés “en serio”. El dominio de este idioma –el tercero en su caso– era indispensable para ser aceptada en Gran Bretaña o Estados Unidos.

En la discusión en chino de la tesis de maestría. Foto: Cortesía de Patricia Zulueta Bravo.
En la discusión en chino de la tesis de maestría. Foto: Cortesía de Patricia Zulueta Bravo.

Entonces se mudó a Vietnam, donde encontró trabajo como profesora de español y chino “sin que importara el color de mi piel o mi nacionalidad”. La St. Paul American School, una escuela internacional con un currículum estadounidense, la acogió dentro su claustro. Allí sigue hasta hoy, enseñando a estudiantes de secundaria y preuniversitario.

Estando en Hanoi hizo su último examen de inglés. Antes, ya lo había intentado otras tres veces. La cuarta fue la vencida. Entre todas las habilidades evaluadas obtuvo una calificación promedio de 8.0 de un máximo de 9.0.

Con ese respaldo, en 2016 aplicó para doctorados en Cambridge y Oxford, pero no fue aceptada. El destino le jugaba una mala pasada.

“Pero un profesor de Cambridge me aconsejó que aplicara primero para la maestría y luego siguiera con el doctorado –cuenta a OnCuba. Tomé su consejo y apliqué para programas de maestría en el Reino Unido en 2017”.

Luego de entregar todos los materiales para la aplicación y responder a las preguntas que recibió desde las universidades, la invitaron a una entrevista. “En ese momento pensé seriamente en la posibilidad de que me aceptaran”, dice.

Sin embargo, Patricia debió viajar con urgencia a Cuba. Su abuelo estaba gravemente enfermo. Estando en la Isla, no logró conectarse a la hora de la entrevista. Por demás, su abuelo falleció. Toda parecía irle mal. Pero a su regreso a Vietnam le esperaba una sorpresa: los profesores de Oxford se comunicaron con ella para ofrecerle una segunda oportunidad.

“No pude prepararme mucho –comenta. Sólo fui sincera y les hablé de mi pasión por enseñar y mi idea de hacer un cambio en los actuales métodos de enseñanza del idioma chino.”

La entrevista se hizo por Skype. Fue aceptada.

Fragmento de la carta de aceptación de la Universidad de Oxford. Foto: Cortesía de Patricia Zulueta Bravo.
Fragmento de la carta de aceptación de la Universidad de Oxford. Foto: Cortesía de Patricia Zulueta Bravo.

Ayuda para Patricia

Esta cubana supo la noticia de que fue aceptada en Oxford mientras estaba junto a sus alumnos en un proyecto voluntario en una región rural al sur de Vietnam. La alegría le impidió pensar en algo esencial para concretar su deseo: conseguir el financiamiento.

De regreso a Hanoi, como en ocasiones anteriores, trabajaría para reunir todo el dinero posible. Su esposo La Roi –estadounidense de Chicago y profesor como ella de la St. Paul American School– también la ayudaría, a pesar de que la maestría significa estar separados por un año.

Pero la cuenta seguía dando en negativo. Por gran diferencia.

Comenzó entonces una búsqueda de ayudas financieras y becas para poder pagar sus estudios en Oxford. Aplicó a algunas pero no tuvo suerte.

“En ese momento leí la historia de una muchacha en Canadá que pagó sus estudios en la universidad con donativos conseguidos por internet –recuerda Patricia–. Al principio no me gustaba para nada la idea de pedir dinero, pero mis alumnos me ayudaron mucho, juntos diseñamos la campaña. Mi sueño se convirtió también en el suyo. Y eso me dio fuerza.”

La profesora creó una página en la plataforma GoFoundMeCom, que facilita la recolección de las donaciones por vía digital. Sus estudiantes la ayudaron a escribir el texto, a escoger las fotos, a hacer un video en el que cuenta su historia. De conseguir los fondos, planea recompensar a los donantes con premios como una camiseta de Oxford, clases gratis de chino y una postal con una estampilla tradicional del Correo Real Británico con el nombre del donante escrito en caligrafía china.

En dos meses ha recibido cerca de cuarenta donaciones, aunque la cantidad recolectada está aún muy lejos de la prevista inicialmente: 30 mil dólares.

Pero Patricia no se llama a engaño. Sabe que de comenzar la maestría en octubre, será uno de los pocos cubanos en la historia en estudiar en la prestigiosa universidad británica. Pero que de no lograrlo, tendrá que empezar todo el proceso otra vez desde el principio.

“No estoy ciega y no espero que la campaña vaya a financiar todos mis estudios –asegura–, por eso no dejo de trabajar en cualquier oportunidad.”

Se repuso incluso de la cirugía menor –una hernia y un quiste– y volvió a las aulas tres días después, enfocada en su objetivo.

“A veces sentía que no iba a poder terminar la clase, pero yo misma me daba fuerzas –narra sin melodrama. En cuanto regresaba a la casa me acostaba a descansar y así poder recuperarme para el próximo día.”

Su mayor inspiración, dice, es su familia. Aunque se comunica con ella varias veces por semana, lamenta cada día estar separada de su madre, de su hermano, de su abuela, quien siempre la motivó a no abandonar los libros. “Estudia siempre aunque el estudio te abrume –le decía a la nieta– que la mujer ignorante es una flor sin perfume”.

A dos meses de su hora cero, Patricia mira con seguridad hacia adelante. Sigue trabajando y agradece personalmente a cada uno de sus donantes. Así va construyendo su camino a Oxford. Un camino largo y empedrado al que ella no renuncia.

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Comentarios

dale “ingeniera” que no se diga, pa’ alante! mucha suerte y éxitos!

Jorge Carlos

9 Agosto, 2017

El solo hecho de aprender mandarin es un logro tremendisimo. Esperemos superes los nuevos retos

Mi prima Muchas Felicidades por todo lo que has logrado, y tranquila que todo se te va a dar como se te ha dado hasta ahora….

Te mereces ese artículo y muchos más. Pa alante mi hermanita. Un beso

Jezabel

5 Agosto, 2017

Mucha suerte Patri, recuerda siempre que el que persevera triunfa y tu eres una mujer muy esforzada y perseverante….

Caterine

4 Agosto, 2017

Patricia me alegro mucho, yo estudié con tu hermano en la Lenin y también oí hablar mucho de ti por Eduardo, tú amigo de esa escuela. Venimos de la misma facultad y creo que perseguimos los mismos sueños. Muchísima suerte y no decaigas

Salomé

3 Agosto, 2017

Felicidades Patricia!.La actitud positiva hace la diferencia,lo vas a lograr!!!,El Universo te acompaña.

Mucha suerte querida Patricia

q bueno q andaba por china o vietnam si llega andae en cuba no consigue el dinero…. a no ser q asalte una cadeca

¡¡¡¡¡Suerteee!!!!! Espero que el próximo artículo sea para narrar sus experiencias en Oxford.

Roberto

3 Agosto, 2017

muy bien patricia, exitos, el que persevera triunfa, asi somos los cubanos guerreros.

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