Los chicos del cuarto mundo

A fines de los años 60 accionaban en Cuba varios grupos juveniles. Quinta y B, la gente de El Palo y el Huevo eran tres de sus nombres más famosos. Aunque las rivalidades entre ellos no faltaban, no se trataba de pandillas, ni de delincuentes, ni de vándalos. Tampoco se dedicaban a la política activa, aunque en una sociedad politizada siempre resultaba difícil evadirla. Eran sobre todo eso que los psicólogos denominan espacios conformadores de identidades, por lo demás en un contexto mundial donde lo juvenil había pasado a ocupar un rol protagónico, con sus conocidas implicaciones sociales y culturales.

Confluían los jóvenes en varios lugares. El más popular era La Rampa, una zona de El Vedado construida en los años 50 como parte del proyecto modernizador de una burguesía históricamente muy orientada hacia lo estadounidense, con todos sus pros y sus contras. En La Rampa –y sus alrededores– había bancos, tiendas, clubes, hoteles, cines, y hasta una funeraria de la que había partido el féretro de la cantante y actriz Rita Montaner hacia el Cementerio Colón. Y estaban los famosos estudios de televisión de la CMQ (el 24 de octubre de 1950 Cuba se había convertido en el tercer país de América Latina en tener televisión, después de México y Brasil, y fue el segundo en tenerla en colores, en 1958, después de los Estados Unidos).

La Rampa tenía también una intensa vida nocturna reflejada más de una vez por la literatura. Era como un remanente de todo, junto al edificio Focsa y los rascacielos del Malecón y de la calle Línea.

Una noche de octubre de 1968 dos adolescentes se dirigían al hotel Capri, a una cuadra de La Rampa, en 21 y N, para “janguear” un rato, anglicismo que para ellos significaba, básicamente, sentarse en la terraza del hotel a tomar té, compartir información sobre música, rock y modas, y estar al tanto del próximo “güiro” (fiesta) que se elucubraba en el propio Vedado o en La Víbora. También eran fanáticos (casi) todos de Silvio, un tipo “conflictivo” como le decían desde algunas parcelas. Pero a la altura de la cafetería Marakas, en O entre Humboldt y 23, un mulato medio hippie apodado Siete Dedos los interceptó alarmado. “¡Oye, ni suban –les dijo–, que están metiendo tremenda recogida!”. Los tres atravesaron la calle 23, y convenientemente parapetados detrás de un automóvil, casi a la entrada del Hotel Nacional, alcanzaron a ver unos ómnibus en los que estaban montando a quienes esa noche habían ido a sentarse en el muro del Capri.

Días después, un periódico cubano publicaba un extenso artículo dirigido a estigmatizar socialmente aquellos encuentros alternativos con respecto a la sensibilidad y costumbres establecidas. Rezaba el titular: “DESTRUIDO UN SUEÑO YANQUI: LOS CHICOS DEL ‘CUARTO MUNDO’”. Debajo, una pregunta: “¿Cómo pensaban y actuaban las bandas juveniles convertidas en vehículo de propaganda imperialista?”. El inventario era extenso: se les acusaba de excéntricos, de tener largas melenas, de usar pantalones estrechos, de llevar faldas extremadamente cortas, de promover el amor libre, de no bañarse, de hacer “fiestas de perchero”, de no trabajar ni estudiar, y de practicar la bisexualidad y el homosexualismo.

El texto resumía de manera transparente varias cosas.

Primero, las limitaciones propias de un imaginario profundamente marcado por el conflicto bilateral, pero llevándolo hacia donde no era y politizándolo al máximo para poder cortar la diferencia en nombre de la amenaza externa. Y, sobre todo, para justificar el castigo colocándose en la supuesta perspectiva de “un mundo muy distinto, el que construye nuestro pueblo con el sudor de sus trabajadores”, lo que constituía un capítulo adicional para un periodismo que demasiadas veces se ha colocado a medio camino entre el zhdanovismo y el kimilsunismo en un país pletórico de vitrales y mamparas.

Segundo, mostraba paternalismo: se trataba de “jóvenes confundidos ideológicamente” que había que redimir. Y la mejor manera de probarlo consistía en utilizar a unos “padres indolentes”, entre los cuales muchos luego se mostraban convenientemente arrepentidos y consideraban la recogida “una lección moral inolvidable”.

Por último, se avalaban y de hecho estimulaban actitudes como estas, bastante cercanas al macho duro o al asere monina de barrio:

“Un día fui a buscarlo al Capri y lo que vi allí me asustó. Parecían locos. Todos peludos. De un lado para otro. Muchos afeminados, bueno, ¡horrible todo! Lo divisé y fui a él, alarmada. ‘Pachi, ¿qué pasó aquí? ¿Hay algún problema?’ Y él me dijo: ‘No, mami, esto es así’. Lo cogí por la camisa y me lo llevé de allí”.

Esto ocurría tres años antes de la entrada al campo socialista por la vía de la institucionalización, tras el fracaso de la Zafra de los Diez Millones. Hay que subrayarlo para no andar sosteniendo que el dogmatismo y la exclusión –desde la homosexualidad a las creencias religiosas– vinieron de allá cuando empezó el calco y la copia. Los 60 tuvieron muchas zonas de luz cegadora y disparos de nieve, pero también de sombras.

El artículo concluía reiterando lo que figuraba en un “bajante”: “LA MEDICINA, EL TRABAJO”. Los jóvenes, al final del día, serían “transformados en ciudadanos útiles por medio de una reeducación especial en base al trabajo y al estudio”.

Cualquier semejanza con la lógica de la UMAP (1965-1968) no era pura coincidencia.

Artículos Relacionados

Comentarios

Reutilio

9 octubre, 2017

La UMAP ! Los que la crearon hoy siguen el poder , ahi estan todos impunemente , ni uno de ellos ha respondido por esos campos de concentracion al estilo fascista, siguen ahi en el poder dirigiendo el pais impunemente y sin responder por nada, siguen ahi segregando a los cubanos en comunistas y no comumistas, discrimando a todo el que no piensa como ellos, intolerantes y genocidas que solo les interesa estar en el poder y ya llevan en el desde 1959.

No quiero destruirle el modo de ver el mundo a nadie, pero la UMAP (a pesar de que jamás debió existir ) no era un campo de concentración. Eso es una exageración casi ofensiva, señores, si recordamos los testimonios de los verdaderos campos d concentracion (incluyendo los estalinistas, claro). En la UMAP, muchas veces, la gente hasta se divertía, porque adentro podían hacer lo que les daba la gana, se lo tomaban como un juego. ¿Era una barbaridad llevarse a esa gente? Sí, claro, pero no traten de hacerlo quedar como genocidio, por analogía con lo que pasó en otros países. A veces se hace un drama de cualquier cosa.

Reutilio

10 octubre, 2017

Paco

No tienes gandinga compadre , no te voy a decir lo que tu llevas para que no me censuren el comentario.

Errores hubo como en todas la revoluciones. De hecho, nuestros errores fueron menores y costaron menos sangre. Si los norteamericanos y los franceses están orgullosos de sus revoluciones, por qué nosotros no? Citando a Silvio? “no estado enumerando las manchas en el Sol pues sé que en una sola mancha cabe el mundo.” Estoy de acuerdo con que las autoridades pidan disculpas explìcitas por esos excesos, pero sin creer que somos los peores de la pelìcula.

Paco, Usted es el ejemplo tipico de quien trata de borrar la historia incomoda de la revolucion. Nadie dice que la UMAP fue un campo hitleriano con crematorios, pero si fueron campos de concentracion, a donde ibas forzado y de donde no podias salir a no ser que te dieran permiso, donde tenias que trabajar obligado, comer un rancho, bañarte cuando pudieras. Nadie estaba alli por deseo propio. Es Usted un falta de respeto al decir que se “hace un drama de cualquier cosa”. Preguntele a los familiars de las victimas, de los que se suicudaron o quedaron marcados para toda la vida por ese lugar tan divertido segun Usted. Nadie podra jamas quitar las manchas del sol aunque este siga alumbrando

Rolando Leyva Caballero

11 octubre, 2017

Si acaso nos ponemos exigentes las UMAP, el concepto discriminatorio desde el que se concibieron y diseñaron como campos de trabajos forzados para inadaptados sociales, nunca desaparecieron del mapa. No del todo. Sino que fueron en un inicio y hasta no hace muchos años las unidades de la EJT, a donde iban a parar, precisamente, los que supuestamente no estaban “aptos”, por alguna razón, casi siempre “médica” o “ideológica”, para ser parte funcional de las fuerzas regulares. Es cierto que se han “humanizado”, y que ahora cumplen con un cometido más “productivo” y también “profiláctico”, al participar de los “saneamientos” debido a la alta tasa de vectores de enfermedades contagiosas, pero la noción terrible que establece hasta hoy el carácter “reeducativo” del trabajo sigue validando el proceso de reclutamiento de los soldados. Quizás un tema que debe ser introducido como parte del debate del nuevo país que debemos construir entre todos sea el de la profesionalización definitiva o no de las Fuerzas Armadas. Que ya concluyó el proceso de descolonización de África y la lucha guerrillera en América Latina. Y la amenaza norteamericana de una invasión, al menos por el momento, también. Además, si la doctrina militar cubana se basa en la “guerra de todo el pueblo” para que se necesitan entonces las Fuerzas Armadas, más allá de formar parte de los mecanismos de control social sobre la población civil. Para eso ya tenemos al Ministerio del Interior en pleno. Que no hace falta seguir obligando a la gente a servir en el ejército sino es estrictamente necesario o una opción basada en la voluntad personal de hacer carrera militar. No creo siquiera que sigan siendo, si acaso lo fueron, un elemento disuasorio para frenar los apetitos “imperiales”.

Bueno a esto le falta un poquito de contexto historico… Por que no ponen la fecha en que en Estados Unidos se dieron los sucesos de Stone Wall? Eso ilustraría cuan abierto a la diversidad estaba el mundo en ese momento…

Algunos siguen pidiendo explicaciones y disculpas públicas sobre las UMAP… En realidad solo tratan de ocultar que esas disculpas y esas explicaciones SI se dieron y varias veces por el mismo Fidel…

LAS NOTICIAS EN TU BUZÓN

Suscríbete a nuestros boletines para que estés al tanto de los artículos más relevantes publicados en OnCuba.

Publicidad

Nubes

La caricatura