No es lo que los pepillos creen

Era el año 1999, sábado a las 5:00pm; habíamos terminado las clases (11no grado), Alex y yo estábamos sentados en el parque del pre Cuqui Bosch, mirando cómo las jevitas de la escuela se iban con los motoristas. En aquella época no se había aplicado la ley del tránsito que obligaba a portar cascos, por lo que ellas ondulaban su lozana cabellera y arqueaban sus siluetas muy exóticamente. Los chicos del pre envidiábamos a los motoristas con que partían nuestras mejores hembras. La mayoría de ellos no eran los propietarios de esas motocicletas, eran asalariados; los dueños estaban en sus casas, echando panzas y mirando películas en sus VHS, Jhon Travolta y Nicolas Cage estaban de moda.

Este sábado era diferente, se estaban efectuando por primera vez Las Noches Santiagueras. Habían quioscos gastronómicos por toda la Avenida Garzón; estrategia que había tomado el Secretario del PCC en la provincia.

Alex y yo queríamos darnos unos tragos, pero no teníamos un peso. De súbito se apareció su padrino, Leo, montando su flamante ETZ. Sacó un fajo y nos dijo, “le hice unas carreras a una jinetera y me pagó 500 pesos. Vamos a tomar cervezas”.

-Los pasajes en moto surgieron como necesidad de transportación en el Periodo Especial –cuenta Leonardo Aria Cuesta, de 40 años. Al principio las motos costaban 5,000 CUP, y de ahí fueron subiendo hasta 8,000 CUC; la mía costó 37,000, en moneda nacional, en 1994. Las jineteras empezaron a comprárselas a sus pepillos, y los precios comenzaron a subir. Eran además las que mejor pagaban los pasajes. Cuando eso no existían muchas discotecas. Estaba “La Melipona”, donde se reunía este tipo de gente que ahora se le llama farándula –afirma Leo.

A Las Jineteras hasta Willy Chirino les compuso una canción. Algunas no tuvieron suerte; pero otras consiguieron enganchar yumas, viajaron y volvieron forradas, convirtiéndose en un sector pudiente.

Otro sector ilícito emergió en Santiago, “Los Motoristas”. Durante la década de 1980, muchos cubanos que viajaron a trabajar y estudiar en Alemania Democrática, Checoslovaquia y URSS, importaron motos MZT, Jawa, Mink, Corcobeo. Santiago se convirtió en la ciudad de las motos, y hoy a cualquier hora del día están disponibles, con carreras que varían entre 10 y 20 pesos. Se especula que existen unas 15,000 en este negocio.

-La mayoría de los que trajeron esas motos fueron de la zona oriental, y cuando comenzó el negocio, muchas las vendieron aquí, y otros que se dedicaban a la compra y venta, iban a otras provincias a adquirirlas –asegura Leonardo.

“Se creó toda una industria: electricistas, chapisteros, limpiadores de tubo de escape, fregadores, y ¡asaltadores! –Leo se estremece, pero prosigue. Mataron a tres colegas míos. A Papote le dieron 17 puñaladas en la Curva de 5 Reales, tenía 20 años. A Chaguito lo mataron por el Puente de Chapela, tenía 17 años. A todos los matan de noche. Las venden en piezas”.

En 1997, Leo ingresa en un seminario católico para convertirse en cura; pero no soporta el celibato, “el virus de la calle” ya está en sus venas, y a los dos años retorna a su negocio.

-Hubo un caso muy sonado. Alquilaban a los motoristas para una carrera hasta Holguín. Allá los entraban a una casa, les brindaban café, y luego los mataban y los tiraban a una fosa; 7 víctimas.

-¿Y siempre cogen a los atracadores? –pregunto preocupado.

-Cuando hay muerto siempre cogen a los tipos.

Leo pone a colar café. Todavía tiene la grabadora que Alex le dejó cuando se fue del país en 2003; busco las cintas y me decido por Pink Floyd, The Division Bell (1992). Leo es tolerante con la preferencia satánica. Café listo: bebo la fórmula de 50 por ciento café y 50 chícharo. Entre sorbos observo de reojo al padrino de mi amigo. Ha engordado, tiene una papaya en la garganta, se nota más viejo para su edad, su casa se percibe más derruida. Ahora hablamos de 15 años atrás, de las locuras con Alex, de los que se fueron, de las jevas que nos dejaron por yumas. Recordamos amigos que murieron jóvenes; y maldecimos a Obama por su última ley contra los cubanos.

-Bueno Leo, ¿por qué te quitaron la moto?

-Una injusticia. 9 de mayo de 2007, vinieron a mi casa y se llevaron la moto. Me aplicaron el artículo 149, enriquecimiento ilícito; no puede apelarse con abogado. Formé parte de una redada policial, yo andaba con ciertos negociantes, y la policía asoció que mi moto era de ellos. Mi moto no estaba a mi nombre. Antes las motos se compraban bajo palabra, no existía el Traspaso. Estaba a nombre del propietario original, y al no poder demostrar que la moto era mía, adquirida en 1994, ¡perdí la niña de mis ojos! Y desde entonces jamás he podido levantar cabeza –cuenta con resignación.

En la actualidad, a veces, Leo trabaja en una moto, le entrega 100 pesos diario al dueño. Pero ya no puede hacerlo todos los días, sino de vez en cuando. Tantos años en este trabajo le ha creado un asma, por la exposición al constante humo y los tóxicos, él ingiere becloasma y antialérgicos.

-El motorista se descojona. Hemorroides, cáncer de próstata, cáncer de piel, insuficiencia e infección renal… Ser motorista no es lo que los pepillos creen, se pegan bastantes jevitas, pero también muchas cosas malas –afirma Leo.

Entonces hacemos planes para cuando Alex venga. Leo tiene pensado comprar un puerco y asarlo para Alex y sus amigos; se lo comunica por Facebook. Y Alex le dice: “Leo, ¿qué amigos?, si en Cuba los únicos que quedan son tú y Emmanuel. Todo el mundo se ha ido, mejor asamos una pierna”.

La cinta termina con el tema “High Hopes”, ya Roger Waters no está en la banda, suena bien, pero diferente. La banda se ha desperdigado, y todos andamos dando tumbos.

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Comentarios

Suena a mucha nostalgia el relato. Mezclada con una piza de injusticia. Yo, extranjero, pensaba que en Cuba el crimen (asesinatos por robos de motos u otros) era casi nulo.

Rolando Leyva Caballero

4 diciembre, 2017

También otros muchos resultaron gravemente heridos y nunca se aclaró el asunto. Tengo un amigo que casi acaba degollado a la altura del entronque de El Cristo, en plena Autopista Nacional. Es muy común en Santiago de Cuba este tipo de atracos tan bestias. A partir de ciertas horas nadie acepta pasajes ni determinados tipos de pasajeros para ciertas zonas de la ciudad. El origen de los robos de motos habría que remontarlos a los asesinatos para apropiarse de las famosas bicicletas chinas que rodaron en Cuba desde inicios de los años ’90. Ahí comenzó el asunto. Un buen artículo, a medio camino entre la literatura de no ficción y la indagación antropológica. Una forma diferente de concebir el periodismo narrativo Hecho en Cuba.

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