Palmieri y “cambios importantes” de Estados Unidos hacia Cuba

A cuentagotas son las declaraciones de la administración Trump sobre su posible postura respecto a Cuba. En más de cien días en la presidencia, el magnate neoyorquino apenas ha dedicado palabras a la Isla y sus funcionarios parecen alternarse muy de vez en vez para indicar que el tema no ha salido de la agenda.

Ahora tocó el turno a Francisco Palmieri, subsecretario interino para el Hemisferio Occidental. Este martes, en la Conferencia de las Américas que celebra anualmente el Departamento de Estado, Palmieri confirmó que su gobierno realiza todavía una “revisión integral” de su política hacia Cuba.

Así lo había anunciado en febrero pasado el portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer, luego de que en la campaña electoral Trump dejara entrever la posibilidad de revertir el “deshielo” iniciado por Barack Obama. Sin embargo, esta vez Palmieri fue más allá.

“A medida que avanzamos en la revisión, sospecho que emergerán importantes diferencias en cómo este gobierno planea afrontar la situación en Cuba”, dijo tomando como punto de comparación lo hecho por la administración precedente. La piedra angular de esas diferencias, según el funcionario, es el tema de los derechos humanos.

“Una de las áreas que va a ser una alta prioridad será asegurarnos de que Cuba hace avances más sustantivos hacia un mayor respeto a los derechos humanos dentro del país. Esa es, ciertamente, un área en la que veremos un mayor énfasis cuando la revisión se complete”, afirmó Palmieri.

Sus palabras acentúan lo dicho antes por Spicer, quien había asegurado que el presidente Donald Trump “está comprometido con una agenda que garantice los derechos humanos”, lo que daba prioridad al tema en los futuros vínculos con la Isla.

Derechos humanos en la mesa de negociaciones

El tema de los derechos humanos ha sido uno de los más sensibles en la agenda entre Cuba y los Estados Unidos. Tras una ronda de conversaciones celebrada en octubre de 2016, ambas partes reconocieron “las profundas diferencias” existentes con respecto a los enfoques y conceptos sobre el ejercicio de los derechos humanos.

En su comunicado, los representantes cubanos recordaron entonces que la Isla es parte de 44 de los 61 instrumentos internacionales reconocidos en el tema de protección de los derechos humanos, “mientras que los Estados Unidos solo han asumido obligaciones con 18 de estos instrumentos”.

Por su parte, Tomasz Malinowski, secretario adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado, al frente de la comitiva estadounidense, coincidió con sus homólogos cubanos en la necesidad de “relacionarse civilizadamente dentro del reconocimiento y el respeto a esas diferencias”, y comentó que en el diálogo se habían abordado de forma “seria y detallada” temas como las detenciones arbitrarias, el registro de ONGs en Cuba y las elecciones, entre otros asuntos.

Cuba y Obama, Cuba y Trump

Después de los anuncios del 17 de diciembre de 2014 y el inicio del camino hacia la normalización, tras medio siglo de tensiones políticas y diplomáticas, fueron reabiertas las embajadas en Washington y La Habana, y se ha firmado una veintena de acuerdos entre ambos gobiernos.

Cuba y EE.UU.: Un viaje de veinticuatro meses

Obama impulsó también paquetes de medidas con la intensión explícita de que la apertura hacia Cuba fuera “irreversible”. Se reiniciaron los vuelos regulares entre los dos países y cruceros estadounidenses comenzaron a viajar a la Isla.

Sin embargo, la llegada de Trump a la Casa Blanca y la postura contraria al acercamiento de un grupo de congresistas –varios de ellos cubanoamericanos–, ha generado incertidumbre sobre el futuro de las relaciones bilaterales.

El propio mandatario republicano llegó a tuitear después de su elección: “Si Cuba no está dispuesta a hacer un mejor acuerdo para los cubanos, los cubanoamericanos y Estados Unidos en conjunto, terminaré el trato.”

Más recientemente, a mediados de abril, la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, incluyó a la Isla entre los países donde “se desprecian ampliamente los derechos humanos”.

No obstante, no son pocas las voces de Estados Unidos apoyan la continuidad del diálogo. En febrero, una delegación de legisladores de ambos partidos de visita en Cuba declaró a la prensa que, en su opinión, el progreso en la relación entre los dos países “es inevitable”. Uno de los congresistas visitantes, el senador demócrata Patrick Leahy, dijo entonces que no es posible regresar a “una política fallida de 50 años”.

En abril, el gobernador de Mississippi, Phil Bryant, convocó desde La Habana al presidente Trump a retomar las negociaciones iniciadas por la administración anterior. Y poco después un grupo de militares estadounidenses de alto rango ya retirados hizo el mismo llamado al gobierno de su país.

“La ubicación de Cuba en el Caribe y la proximidad a los Estados Unidos la convierten en un socio natural y estratégicamente valioso sobre cuestiones de interés inmediato, incluido el terrorismo, el control de fronteras, el enfrentamiento a las drogas, la protección del medioambiente, y el manejo de emergencias”, escribieron en los militares en una carta coordinada por la organización no partidista American Security Project (ASP).

El 1ro de mayo, un editorial de The New York Times abordó lo que llamó un debate “silencioso” sobre Cuba en la Casa Blanca, en el que –junto a una corriente que desea revertir lo hecho por Obama– señaló la existencia de  una numerosa coalición pro-engagement compuesta por legisladores demócratas y republicanos, intelectuales y jóvenes cubanoamericanos que pide a la presidencia seguir construyendo sobre lo heredado.

Debate “silencioso” sobre Cuba en la Casa Blanca

Esta es una posición compartida por agricultores y empresarios de los Estados Unidos, deseosos de posicionarse en un mercado en apertura a la inversión extranjera y el comercio global. También por un amplio número de estadounidenses que, aun cuando no pueden viajar a Cuba como turistas a causa de las leyes del bloqueo, continúan visitando la Isla.

En el primer trimestre de 2017 la cifra de viajeros de los Estados Unidos a Cuba mostró un crecimiento del 118 por ciento.

El gobierno cubano, por su parte, ha sido cauteloso en sus declaraciones sobre la actual administración. En enero, poco después de la investidura de Trump, el presidente Raúl Castro confirmó la voluntad de La Habana de proseguir el “diálogo respetuoso” y la cooperación en temas de interés común con el nuevo presidente estadounidense.

“Cuba y los Estados Unidos pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambos países y pueblos”, dijo entonces Raúl, aunque reafirmó que “no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia”.

Este miércoles, otra prominente voz de la Isla, el cardenal arzobispo emérito de La Habana, Jaime Ortega, dijo en Madrid que no cree que haya una interrupción en el diálogo entre Cuba y Estados Unidos bajo el mandato de Trump. Ortega, quien se encuentra en España para promover su libro “Diálogo, encuentro, acuerdo” y presentar una fundación para apoyar a los emprendedores cubanos, respaldó la apertura entre los dos países, aunque reconoció que se está haciendo “con un poco de lentitud”.

 

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