Sequía, vacas flacas

De acuerdo con la televisión cubana, hoy casi un millón de personas están afectadas por la prolongada sequía en Cuba, donde 11 de sus 15 provincias tienes sus embalses por debajo de la mitad de su capacidad. Más de 964 mil personas han padecido esta situación en abril –último mes del período seco–, precisa EFE. En todo el país, hay 296 fuentes de abastecimiento de agua que están limitadas, de ellas 234 de forma parcial y 62 paralizadas totalmente.

Análisis realizados por especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos indican que, aun cuando se registren lluvias “aceptables”, superar la intensa sequía que sufre el país desde 2014 –la más grave del último siglo– tomará dos años.

Ecos comparte esta historia de Ciego de Ávila, más allá de la estadística.

Desde el año pasado mi viejo venía diciendo que la seca está brava, mas, como tenía unas tierritas sembradas de caña y el molino de viento, unas veces más y otras menos, llenaba las canoas de las vacas, pues sí, estaba brava, pero no grave.

Sin embargo las cosas fueron de gris con pespuntes negros a negro casi sin pespuntes. El agua debajo del molino se acabó, la caña se acabó y la tranquilidad de mi padre también. Esta semana se murió la primera de sus vacas y el viejo mira con preocupación su famélico rebaño. 

En Ciego de Ávila, de los 15 sectores hidrogeológicos en que se dividen las cuencas subterráneas, más del 80 por ciento tiene tan poca agua que apenas si alcanzará para el año que corre. La única esperanza, a estas alturas, es que enfile por el horizonte un temporal y llueva, como mínimo una semana ininterrumpida, a ver si se empieza a recuperar el manto.

Las noticias hablan de embalses secos y salideros en las ciudades, de abasto cada cinco días y de regadíos detenidos. Dentro de poco comenzarán a contar otras historias: la de los mercados desabastecidos y los animales muriendo.

Si no llueve, ni mi padre ni el resto de los guajiros que pidieron tierras en usufructo por el decreto 259 o el 300 podrán sembrar el pasto para su ganado, condición primera que acordaron al firmar el contrato para explotar la tierra. Sin pasto no hay vacas, sin vacas no hay leche, sin leche no hay ingresos, sin ingresos la deuda con el banco será más larga que al principio… En realidad les pasará a todos, a los privados y los estatales. Unos primero y otros después.

Esta es la segunda vez en mi vida que veo una vaca tan débil que no se puede sostener sobre sus patas. No hacía falta visión de rayos X para contarle el costillar al pobre animal y tenía los ojos negros y profundos como la noche. Respiraba con esfuerzo y cierta rigidez le subía desde las pezuñas hasta las rodillas. Se estaba muriendo.

Aunque se pudiera, dicen los guajiros que los animales en ese estado no sirven, que la carne se pone mala, como babosa. Yo sé que si los hubieran dejado, dos o tres del barrio habrían echado al caldero esas suposiciones junto con dos o tres bisteces, para luego con la barriga llena decir que no hay bicho que no mate la candela. Pero aquí la carne de res es más peligrosa que cualquier otra, porque “tranca”.

Luego vino la veterinaria, certificó la muerte y mandó a quemar a Remolino.

Las vacas de mi viejo todas tienen nombre. Manatial, Caramelo, María Luisa. Es una costumbre entre los ganaderos, porque como saben que sus animales no son comida, se pueden encariñar, y por eso buscan los sueros y las vitaminas y los antibióticos, a como sea.

No es igual con los cerdos, por ejemplo. Uno al puerco del corral pa´ lo único que le habla es pa´ decirle “engorda rápido que me hace falta el dinero”.

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