Escuelas de Arte de Cuba, el sueño de Martí

Adianez Morel tiene 9 años. Es diminuta, incluso para su edad. Parece más pequeña cuando sostiene el violín. Su maestra, Ekaterine Triana James, da un paso adelante, le ajusta la posición de los dedos en el cuello de su instrumento, y luego retrocede:

“¡Ya… Dale!”.

Adianez titubea. Pero las palabras de Ekaterine le ayudan a calmarse. Adianez interpreta Concierto número 1 para violín, de Jean- Baptiste Accolay, pieza difícil para una estudiante que cursa el segundo año de estudios de música.

Adianez Morel practica con su violín. Foto: Christopher Baker.
Adianez Morel practica con su violín. Foto: Christopher Baker.

Estoy en la Escuela Provincial de Arte “Eduardo Abela”, en San Antonio de los Baños, con un grupo de motociclistas estadounidenses, en un tour people-to-people. Muchos son republicanos tomadores, con una mentalidad de “al diablo la Revolución”. Como líder del grupo, los he traído para que conozcan (y, con suerte, valoren) el celebrado sistema de educación cubano.

La música está en el ADN de los cubanos. No es sorpresa que el país otorgue a la educación musical un tratamiento especial comparable al que se le da en Estados Unidos a la liga menor de béisbol. Pero en el sistema de las Escuelas Vocacionales de Arte se muestra una visión y un compromiso más profundo.

En su defensa, La historia me absolverá, Fidel Castro llamó al líder del independentismo de finales del siglo XIX, José Martí: “el autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada”. La visión de Martí sobre una sociedad posterior a la independencia, completamente alfabetizada y no discriminatoria inspiró la revolución de Fidel, que comenzó en el Moncada. La Campaña de Alfabetización, en 1961, fue la primera etapa de la reforma educacional que convertiría esa nación –con más de un 20 por ciento de analfabetismo en 1958 (por lo menos medio millón de niños no recibían instrucción escolar)– en el primer país del mundo en tener una población completamente alfabetizada, mientras creaba un sistema de educación financiado por el Estado que garantizaría una total y equitativa oportunidad para todos los cubanos, sin importar color de la piel ni clase social. Las Escuelas Vocacionales de Arte (EVA) son la cumbre y la máxima expresión de este logro revolucionario.

Fidel, el único cubano de su generación que nunca se vio cantar o bailar en público fue, sin embargo, quien instauró la enseñanza de la música en las escuelas regulares, a la par de las matemáticas, la historia y otras disciplinas. El sistema de las EVA fue creado en escuelas de especialización –16 en total– en todas las provincias (más cuatro en La Habana), con el objetivo de identificar a niños y niñas con talento especial y formarlos como artistas, músicos y bailarines profesionales.

En 1968, el gobierno de Fidel Castro había nacionalizado todos los negocios. Los músicos comenzaron a trabajar para el Estado. De ahí que el número de estudiantes admitidos en las EVA varíe anualmente de acuerdo con las necesidades de cada provincia: X cantidad de violinistas…, X de saxofonistas…, X de cantantes de coro…, así la alineación para una orquesta completa queda prácticamente garantizada.

A Darianna Videaux Capital, ahora con 27 años, le fue designado el contrabajo por su estatura. “Yo tenía ocho años y no sabía lo que era un contrabajo”, recuerda ella mientras ríe: “¡Lo odiaba! Eso fue años antes de comenzar a apreciarlo”.

Estudiantes de guitarra de la Escuela de Arte "Benny Moré", de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.
Estudiantes de guitarra de la Escuela de Arte “Benny Moré”, de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.

“Tratamos de acomodar a cada niño con el instrumento de su gusto”, afirma Elizabeth Labrada Mariño, directora de la Escuela de Arte “Benny Moré”, de Cienfuegos. “No es siempre posible. Una niña o niño, pequeños no pueden tocar un contrabajo”.

Una visita a la Escuela “Benny Moré” resulta un plato fuerte en los programas “Cuba: Descubra su Gente y su Cultura” de las Expediciones del National Geographic. Los miembros de mi grupo acribillaron a Elizabeth con preguntas: “¿Cómo seleccionan a los niños? ¿Cómo ellos escogen sus instrumentos?”.

Elizabeth explica que todos los años un panel de profesores visitan las escuelas en sus respectivas provincias, para evaluar a los niños de entre 8 y 10 años que deseen hacer audiciones. “No es necesario que sepan tocar un instrumento”, puntualiza Elizabeth. “Evaluamos la aptitud rítmica, los atributos físicos, y los parámetros sicológicos adecuados. Y hacemos audiciones a los mejores 400 candidatos”. Son admitidos solo 40. Un promedio de 9 000 estudiantes asiste a las EVA en todo el país.

¿El objetivo? Convertir la habilidad natural de cada niño en virtuosismo técnico. Requiere una rutina que equivale a una carga doble de trabajo. Los estudiantes reciben enseñanza musical en la mañana y, durante la tarde, deben cumplir con sus obligaciones del curso académico regular, o viceversa…, también tienen prácticas nocturnas y proyectos para el verano, además de las tareas escolares habituales.

Estudiante de piano de la Escuela de Arte "Leonardo Luberta Noy", de la Isla de la Juventud. Foto: Christopher Baker.
Estudiante de piano de la Escuela de Arte “Leonardo Luberta Noy”, de la Isla de la Juventud. Foto: Christopher Baker.

Todos los estudiantes aprenden piano como complemento de su instrumento primario. La atención principal se le da a la música clásica, incluyendo elementos básicos como el solfeo y el contrapunto, aunque los estudiantes también estudian música típica cubana y puede que, con el tiempo, terminen tocando en conjuntos de jazz o en bandas de salsa. El plan de estudios está centrado en un grupo de clases sobre historia y teoría de la música. Pero cuando se trata del instrumento que escogen, se benefician de una clase individual privada.

Dianna Solís Sánchez se adelanta y hace una reverencia. Calza tenis rosados y luce un peinado extravagante. Tiene quince años y cursa el final de guitarra en la Escuela “Benny Moré”, explica con una encantadora sonrisa. Se ajusta su saya corta del uniforme color mostaza al sentarse. Su perfecta interpretación de la obra Étude 17, del compositor cubano Leo Brouwer, estimula que el público la ovacione de pie. Su profesor, Rafael Gallardo, sonríe encantado. Rodaron lágrimas por las mejillas de uno de los miembros de mi grupo.

Dianna es de Cruces, lo suficientemente lejos para estar interna en la escuela en Cienfuegos, de lunes a viernes. Sus padres pueden visitarla a mitad de semana.

El próximo año ella pasará a otro nivel –en el Conservatorio “Olga Alonso”, en Santa Clara. A los quince años la mayoría de los estudiantes asisten a conservatorios de las EVA en La Habana, Santa Clara, Camagüey o Santiago de Cuba. De ahí se gradúan como músicos profesionales, mientras que la elite va al Instituto Superior de Arte de La Habana, el equivalente cubano de la Julliard o la London’s Royal Academy of Music.

Estudiante de flauta de la Escuela de Arte "Benny Moré", de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.
Estudiante de flauta de la Escuela de Arte “Benny Moré”, de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.

La mayoría de los profesores son egresados de las EVA. Muy pocos imparten clases a tiempo completo: combinan esta labor con la de músicos profesionales. Rafael dirige el Conjunto de Orquesta de Guitarras, fundado por él. Ekaterine, que es graduada del Conservatorio Amadeo Roldán en La Habana, ha tocado con la Orquesta Sinfónica Nacional para acompañar a Eliades Ochoa (famoso integrante del Buena Vista Social Club), y a las superestrellas del movimiento pop-trova Buena Fe. La mayoría de los egresados de las EVA retornan a las escuelas –a hacer su servicio social por tres años, como profesores, y cobran un salario mínimo como “retribución” por la educación recibida.

Aunque con una riqueza cultural fuera de lo común, con limitaciones en el flujo de efectivo, Cuba es materialmente pobre debido a su esclerótica economía estatal y al infructuoso embargo de los Estados Unidos. Las persianas de las ventanas en la Escuela de Arte de Cienfuegos se están cayendo a pedazos. Las sillas están destartaladas. Hay goteras en los techos, el yeso y la pintura parecen piel ampollada. Y aunque todos los estudiantes reciben un instrumento para su enseñanza, el violín de Adianez no es un Stradivarius.

El taller cubano para instrumentos de cuerda está en Minas, en Camagüey. Provee a las escuelas de violas, violines, cellos y guitarras hechas de maderas duras y de pino del país. “Eran malos”, recuerda Darianna, quien estudió en la Escuela de Arte “Samuel Feijóo”, de Camagüey, y es hoy contrabajista en la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión. “Las cuerdas eran espantosas. El alma se nos caía todo el tiempo. No teníamos lutieres en Camagüey. Aprendimos a arreglar nuestros instrumentos de manera precaria”. Hoy el Ministerio de Cultura importa instrumentos de China, lo cual representa una pequeña mejoría.

A pesar de estos impedimentos, las escuelas de arte cubanas continúan graduando músicos de talla mundial. Una lista de sus egresados incluye al pianista de música clásica Frank Fernández…, los grandes músicos de jazz Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba…, y a maestros de la música popular, como Juan Formell, Isaac Delgado y Giraldo Piloto. Músicos muy notables, cuyos bríos y talento son el reflejo de su entrenamiento, combinando una técnica impecable con toques de cubanía.

Estudiante de danza de la Escuela de Arte "Benny Moré", de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.
Estudiante de danza de la Escuela de Arte “Benny Moré”, de Cienfuegos. Foto: Christopher Baker.

“¿Tienes metas? ¿En qué sueñas convertirte cuando crezcas?”, le pregunta a Adianez uno de los motociclistas de mi grupo. “Quiero ser una música famosa. Quiero ir al ISA”, responde rápidamente, emocionada, refiriendo las siglas del Instituto Superior de Arte.

Estas no son escuelas para diletantes. “Solo hay un camino para el éxito”, dice Elizabeth. “¡Práctica… práctica… práctica!”. De muchas maneras, Adianez ha renunciado a una infancia normal.

“Soy del campo”, me dice Ekaterine. “Mis padres eran pobres, pero fueron educados gracias a la Revolución. Tenían sueños para mi hermano y para mí. Me gustaba la música, así que quise ir a una audición”, añade. “La escuela cambió mi vida completamente. No lamento el sacrificio. Me enseñó el valor de la disciplina. Es la única manera de lograr tus sueños”.

Ayuda que en Cuba toda la educación es gratuita en cualquier nivel. “Todo el mundo tiene la oportunidad de estudiar y ser alguien, no importa quién seas”, apunta Darianna. “Me siento agradecida”.

Darianna es negra. Lo es también Ekaterine. Y Adianez. Dianna es mulata. Mujeres negras.

Cuando el dictador Fulgencio Batista, una mezcla de blanco con chino y negro, llegó al Havana Yacht Club, apagaban las luces donde quiera que iba para hacerle saber que, aunque era el presidente, no era bienvenido por ser mulato. Es una arista de la realidad cubana pre-revolucionaria que lo exiliados cubano-americanos olvidan. Entre las ventajas sociales de la Revolución ha estado, precisamente, la abolición de la exclusividad en tales ambientes.

Viendo a Adianez y a Dianna actuar, comprendemos cuánto del sueño de Martí de igualdad social y racial, oportunidades e integración se ha cumplido, gracias, especialmente, al programa de Escuelas de Arte de Cuba.

“¡Ah! ¡Eso fue impresionante!”, exclama el más ardiente seguidor de la derecha de mi grupo de motociclistas mientras enciende su Harley. Sus ojos brillan y se llenan de lágrimas mientras los niños nos despiden con las manos.

Nota:
En Cuba la educación artística consta de tres niveles: elemental, medio y superior. Las Escuelas Vocacionales de Arte se distribuyen a lo largo de todo el país. Son instituciones especializadas para cursar estudios elementales de música, ballet, danza y artes plásticas. La enseñanza profesional del arte en Cuba cuenta con instituciones especializadas de Nivel Medio, como la Escuela Nacional de Arte en La Habana y Escuelas Profesionales de Arte en otras provincias. El nivel superior se estudia en la Universidad de las Artes de Cuba.

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