Archivo de El barrio de Fulanito

Archivo El barrio de Fulanito

Foto: Dazra Novak.

Confieso el ritmo

Confieso haberme despertado, no pocos años de mi vida, con este viejo tema de los Van Van: "Anda, ven y muévete". Confieso haber bailado ruedas de salsa dale con el corazón, muévete,  hasta quemar la borrachera en incansables gotas de sudor corriendo por mi rostro y espalda. Confieso que en mi temprana juventud yo también torturé al vecino qué tú quieres, si yo no puedo parar con música a todo volumen para amenizar ese baldeo cubano de los sábados donde echamos agua como si todos fuéramos hijos legítimos de Yemayá, como si el agua del planeta no se fuera a acabar nunca. ¿Acabarse?, jamás.

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Foto: Dazra Novak.

Hablan nuestras casas

Si a nadie miran, pues son los suyos edificios que se empinan hacia arriba no sé si queriendo ser mejores o más iguales con largos ventanales de vidrio, o porque cubren sus castillos con mucho oro. Mientras, algunos seguimos aquí pensando en una vieja bodega, en aquellas manzanas baratas, preguntándonos… ¿qué dirán nuestras casas de nosotros?

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Iglesia de Reina. Foto: Dazra Novak.

Misericordia, señor

Ayer por la tarde me despertaron los gritos de Iluminada. Parada con los brazos en jarra, con el jabuco de los mandados colgando de un hombro y del otro unos trapos de nueve colores, regañaba a los chiquillos que iban … Continued

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Foto: Dazra Novak.

El filósofo

Muchos critican al filósofo por su añeja y mala costumbre de apoyar los pies a la pared, a eso de las 3 de la tarde, cuando se guarece del sol bajo el portal de la bodega y lo vemos siempre tan pensativo exhalando el humo denso de su criollo. A esa hora le marca a las señoras en la cola para cuando empiecen a despachar de nuevo los mandados, a las cuatro (aunque jamás en punto abra la bodega). Y cambia billetes por monedas, para el ómnibus. Y vende cigarros sueltos, a deshora. Y sabe si entró el saco de cemento subrepticiamente en la casa de al lado, pero no dice nada. No echa a nadie pa’lante… o tal vez sí.

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Foto: Dazra Novak.

Deseos 2018

Esta mañana escuché decir a Aurora que no se movería de su casa ni para ir a la bodega. Ni aunque dieran carne de res por la libreta –y diciendo esto se persignó– se separaba ella del teléfono, pues su hijo llamaría del norte, como todos los diciembres, para felicitarla por Navidad.

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Foto: Dazra Novak.

Machenka

En la geografía de mi barrio todo se mueve sospechosamente de lugar. Basta media vez que alguien pronuncie la zeta, para que sea gallego, del mismo modo en que todos los rasgos asiáticos provienen de la cuna de San Fan Kong. Nadie conoce el verdadero nombre del pregonero, ni el apellido de Mercedita picadillo, aunque todos sepan a qué se dedican. Del pasado de Machenka solo se sabe que vino detrás de un cubano, estudiante de intercambio de los que viajaron todo un mes en buque hasta la antigua URSS, cuya hermosa piel de ébano y entrepierna colosal la dejaron trastornada.

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Calle Zanja. Foto: Dazra Novak.

Arroz con leche

En las tardes aburridas suelo contar, como un Fulanito infantil, los viejos balcones de mi barrio. Uno, dos, y tres balanceándose sobre la tela de una araña juegan a resistir el paso implacable del clima y de las horas, de … Continued

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Foto: Dazra Novak.

Hollejos de mandarina

En mi barrio hay un solar. En el solar, un cuarto desvencijado y pobre. En el cuarto hay un camastro y sobre el camastro un niño de diez años mira a la pared y piensa. En la cabeza, testaruda e infantil, hay una sola idea, fija como un clavo pegado desde hace siglos a la pared: ¿Cómo recuperar mi pelota? La madre lo ha castigado escudada en su derecho de haberle advertido antes, mejor gastarse ese dinero en un par de zapatos para la escuela. Pero él no la escuchó. Si es grande para cruzar solo la calle y hacer quince mandados, también lo es para cambiar la peletería por una tienda deportiva.

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Foto: Dazra Novak.

Antonio y los danzones

¡Fulanito! –me gritó tempranísimo la vecina haciéndome abrir los ojos sin querer abrirlos. Y yo hice oídos sordos (una de las más efectivas armas para sobrevivirle el modus vivendi de este barrio), pero ella insistió: ¡Fulanitooo! No, aquí no hay almohada en la cabeza que valga cuando de vecinos se trata. Gracias a la voz de la vecina se comprobó la vigilancia del custodio del jardín infantil que afirmó dos veces: “Yo no lo he visto salir hoy”. Luego las omnipresentes voces de Aurora y María Elena acabaron de declararme víctima de aquel ataque sónico y, no sé por qué, recordé al difunto Antonio.

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Foto: Dazra Novak.

El árbol de la esquina

Nuestra calle, a la mañana siguiente al huracán, era todo un desastre. Como tantas en la ciudad y en el país, si bien no de las peores. Tímidamente fuimos asomando las cabezas más allá de las ventanas para verlo con … Continued

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