¿Iguales de qué? La Carta Magna, el racismo y la no discriminación

El Anteproyecto de nueva Constitución que hoy se debate en Cuba a nivel popular, amplía la formulación legal del principio de igualdad. Este es un hecho de gran importancia.

El texto de 1976 proscribió la discriminación por motivo de raza, color, sexo u origen nacional. La reforma de 1992 prohibió además discriminar por creencias religiosas o “por cualquier otra razón lesiva a la dignidad humana”.

El nuevo proyecto recoge las anteriores y agrega “la no discriminación por géne­ro, identidad de género, orientación sexual, origen étnico y discapacidad.”

En este artículo comentaré solo un tema relacionado con la igualdad: discriminación racial. La razón es la siguiente: la forma de interpretar una discriminación, y de imaginar sus soluciones, ofrece luz sobre las causas y remedios de otras discriminaciones.

Existen varias estrategias para oponerse al racismo, pero quizás la primera de ellas sea reconocer su existencia e identificar sus mecanismos de reproducción.

En Cuba existen señales contradictorias sobre el tema.

La Revolución de 1959 combatió a fondo el racismo estructural e institucional. Sus principales líderes han tenido el antirracismo como tema recurrente. En su proceso proscribió la segregación, la discriminación y logró movilidad social, aumento de estándares de vida y acceso universal a bienes y servicios. Sin distinciones, los no blancos fueron beneficiados. Un activista negro lo ha dicho de este modo: “Fue entonces que para mí la Revolución cobró un sentido”.

No obstante, dos enfoques conflictivos han estado presentes en el discurso oficial.

Primero, la presentación del racismo como “vestigio”, que el presente contribuye a erradicar y que no reproduce.

Esa postura no comprende la base material de la reproducción del racismo, ni deja ver sus usos diferenciadores en la Cuba de hoy en el acceso a la propiedad, el recibo de remesas, o la preferencia en zonas pujantes de la economía, o cómo predisponen las tasas de deserción escolar y población carcelaria.

Segundo, el mestizaje es presentado como la negación de toda desigualdad con origen en la “raza”.

Según esa idea, somos mestizos: ni blancos ni negros. Cuba es un país donde “todo está mezclado”, en el que quien no tiene de congo tiene de carabalí; pero que también experimenta las diferencias entre blancos, mestizos y negros presentes en países con formación histórica similar, como Brasil o Colombia.

En Cuba existe mezcla, y “cubano” es una palabra comprehensiva de lo que somos, pero el mestizaje no es  salvoconducto para negar diferencias y desigualdades racializadas. Incluso porque ellas son, también, resultado del propio racismo. En su proceso, este siempre acumula diferencias: establece fronteras de exclusión entre blancos y negros y fomenta divisiones entre la misma “raza”, que han demostrado tener gran persistencia.

El más reciente informe cubano al comité de la ONU para la eliminación de la discriminación racial reprodujo ambos lugares comunes. El texto asegura que el término “afrodescendiente” –con consenso en el movimiento global antirracista, más aún después de Durban– “es ajeno a nuestra realidad”.

El criterio aparece también en los servicios de estadísticas nacionales. Tal actitud ignora la producción intelectual cubana sobre el tema, y no apoya la causa antirracista, en lo que supone reconocer legitimidad al autorreconocimiento.

La posibilidad que la libertad ofrece de crear el carácter y la identidad propia de los sujetos ha sido siempre uno de sus contenidos más deseables. La identidad solo puede crearse a través de la participación. El autorreconocimiento supone participar políticamente, asumir identidades y expresar opiniones políticas en consecuencia.

La opinión política es protegida frente a la discriminación por el artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, firmada –aunque aún no ratificada– por Cuba. Lamentablemente, el artículo 40 del Anteproyecto no incluye a la opinión política entre las materias que prohíbe discriminar. Tampoco pone en plural el concepto “identidad”, que limita las identidades a la nacional y a la de género. Esas ausencias no facilitan participar con demandas legítimas de identidad en el espacio público cubano.

En Cuba está prohibida la discriminación, pero sus canales procesales no han sido muy efectivos. El informe citado reconoció, junto a estadísticas de avance igualitario y casos “aislados” de discriminación en empleos y programas de televisión, un solo caso en 2017 de acto tipificable como Delito contra el Derecho de Igualdad.

En consecuencia, es útil sugerir la incorporación de acciones de protección, tutela o amparo constitucional frente a la violación de derechos, cuya forma y alcances no aparecen especificados en el Anteproyecto.

El instrumento de protección permite reclamar derechos con procedimientos sencillos, que propicien inmediatez en el resultado, pero también tutelar resultados jurídicos que abarcan al grupo de personas amparadas por el mismo derecho.

Otra cuestión útil es potenciar el uso directo de la Constitución en tribunales, en reclamo del principio constitucional de igualdad, ante la ausencia de una ley específica contra las discriminaciones.

En la misma dirección, sería conveniente habilitar al Estado, desde el texto constitucional, para desplegar una institucionalidad especializada en el tema.

Podría tratarse de un órgano para la Promoción de la Igualdad, con obligación de rendir informes públicos, alertar sobre comportamientos estatales y privados sospechosos de discriminación, contribuir a perfilar la variable racial en los métodos de recolección de datos en censos y encuestas de hogar, y elaborar políticas públicas en conjunto con las instancias estatales encargadas y el movimiento antirracista desde la sociedad civil.

En Cuba no parece existir consenso en torno a la acción afirmativa, otra de las maneras de combatir la discriminación. Desde el Estado, el propio Raúl Castro ha defendido la promoción de personas negras y mestizas a cargos decisorios, pero sin asignar cuotas ni inscribir tal intención en normas. El Anteproyecto no menciona dicha posibilidad.

Popularmente se dice “que me lo den por mis méritos, no por ser negro” como si la frase solo pudiese ser virtuosa. Sin embargo, es parte de un sentido común que confía a la meritocracia la clave del ascenso social. Considerar el mérito personal como único requisito de entrada, por ejemplo, a puestos de trabajo, es una virtud cuando se exige dentro de una cultura igualitaria muy potente, con muchas garantías sociales e institucionales, y con muy altos niveles de igualdad social y cultural. En otros casos, la meritocracia es la justificación razonada de la exclusión, un pretexto para legar desigualdades entre generaciones.

Según Naciones Unidas, la acción afirmativa “es un conjunto coherente de medidas de carácter temporal dirigidas a corregir la situación del grupo al que están destinadas en un aspecto o varios de su vida social para alcanzar la igualdad”.

No se concede tal política por ser “negro”, sino por pertenecer a un grupo social que ha sido históricamente discriminado, y porque tal hecho ha arrojado consecuencias no elegidas por sus miembros sobre su presente.

En el mundo actual, informes internacionales registran acciones afirmativas con resultados positivos en salud, educación, trabajo y cultura.

En Brasil un número importante de universidades públicas prevén reserva de plazas para afrodescendientes, e instituciones privadas de educación superior conceden becas totales y parciales. Asimismo, se ha legislado activamente el tema en empleo, servicio público, cultura y acceso a la justicia.

En Colombia, el asesinato selectivo de líderes sociales afrodescendientes pretende destruir la histórica movilización política en el Pacífico colombiano, y violar sus derechos de tierra, territorio, identidad y propiedad colectiva, que habían conseguido inscribir como políticas de acción afirmativa en leyes como la 70 de 1993, llamada “de negritudes”.

Cuba cuenta con historial de acciones afirmativas: las leyes de nacionalización del trabajo que garantizaron a partir de los años 30 el 50 por ciento del empleo para cubanos, o el artículo 74 de la Constitución de 1940, para el acceso al trabajo de negros y mestizos. La primera tuvo un éxito incomparable respecto a la segunda.

Pero si la ley no es suficiente para combatir la discriminación, tampoco lo es la acción afirmativa por sí sola. Otro recurso puede contribuir: la educación. La ley inhibe y reprime, la acción afirmativa redistribuye oportunidades y recursos, y la educación puede prevenir conductas discriminatorias y promover saberes que razonen la tolerancia.

La escuela, si se enfoca en ello, puede contribuir a revalorizar identidades discriminadas, promover el cambio cultural, socavar estereotipos raciales y sexuales, e impulsar la aceptación de las diferencias.

Un mandato a la política educacional, con enfoque étnico-racial, plasmado en la Constitución, sería una ganancia. Por ejemplo, señalando la necesidad de incluir en los currículos materias de Historia General de África y de sus procesos actuales, y la historia del negro cubano, cuya enseñanza actual es muy deficitaria.

Existen otras estrategias para combatir la discriminación, pero estas son útiles. Por supuesto, no carecen de problemas. El principio a seguir puede ser este: mientras más recursos estén disponibles contra la discriminación, mejor. Se trata de conseguir igualdad no solo ante la ley ni solo de oportunidades, sino también igualdad en los resultados que podamos alcanzar con esfuerzo y con libertad. Nada que ver con imponer ser “idénticos”.

La defensa de la igualdad es la verdadera celebración de la diversidad. La Constitución puede contribuir mucho a ese empeño.

 

Vea la cobertura completa de OnCuba:

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Comentarios

Al leer el articulo tal parece que fue “El texto de 1976” el que proscribió la discriminación por motivo de raza, color, sexo u origen nacional. Cualquiera que lea esto puede pensar que es un logro mas de la revolucion, y se olvidan que la constitucion de 1940 establecia en su articulo 10 que el ciudadano tiene derecho a residir en su patria sin que sea objeto de discriminacion ni extorsion alguna, no importa cuales sean su RAZA, CLASE, OPINIONES POLITICAS o CREENCIAS RELIGIOSAS. Lean bien y aprendan: OPINIONES POLITICAS!!! No es casualidad que el desgobierno que manda en Cuba haya eliminado precisamente ese concepto.

Después de 50 años de igualitarismo es muy simplista achacar a la discriminación el hecho de que los negros, por lo general, han escalado menos en la sociedad. La acción afirmativa al final es discriminación hacia los supuestos opresores. No creo que le haga ningún bien al país promover a alguien solo por su color de piel y tampoco va a promover el respeto hacia los supuestos oprimidos. Lo que necesitan TODOS los ciudadanos cubanos es igualdad de oportunidades, ya llevamos demasiado tiempo intentando forzar la igualdad de resultados y no ha resultado bien.

Cubanón Regusanón

24 agosto, 2018

Curioso que la discriminación por ideología no aparce consignada en la nueva constitución propuesta. Por supuesto, tampoco en la vieja. Esa sí es válida y la ejercerán cuando lo crean conveniente. Vergonzoso. En cuanto alas otras, deberán aprobarse a posteriori los instrumentos jurídicos que insgrumenten ese precepto, vamos aver cuando y como.

José A. Huelva

25 agosto, 2018

Javier, justamente el artículo trata de explicar que esa “igualdad de oportunidades” de la que hablas no existirá en tanto existan personas que discriminen solo por el color de la piel. Por ejemplo en Cuba una persona negra o mestiza puede ser tan apropiada o mas para un puesto de trabajo que otra blanca y en una mayoría de casos es la persona blanca la que termina en el puesto, ¿por qué?: mera discriminación! Y pregunto: ¿donde está la meritocracia en esos casos?
Lamentablemente, incluso si en la Constitución decimos que todos somos iguales, nos lo creemos y no implementamos leyes que la empoderen, haciéndola cumplir, tendremos lo mismo que tenemos ahora: La Constitución diciendo una cosa y se está haciendo otra totalmente diferente.
Otro ejemplo aún mejor: Si en la Constitución decimos que estamos en contra de la corrupción en toda la extensión de la palabra, que debe combatirse/eliminarse (caiga quien caiga) porque es un mal que destruye la sociedad y después no implementamos una buena Ley de Transparencia Nacional que permita que cada ciudadano conozca que se hace con cada centavo de impuestos que aporta al país, cual es la gestión de los políticos con los recursos públicos y demás, simplemente estaremos escribiendo otro periódico Granma (que ya todos sabemos donde acaban). No somos una sociedad nórdica europea de esas que implementan y cumplen las leyes casi a la perfección, pero aún más: son precisamente esas sociedades las que mejor establecen las Leyes de Transparencia a nivel mundial y es por eso que es tan difícil hacer trampas.
En resumidas cuentas l Constitución es la Ley de leyes, pero si lo que sea que esté ahí no se implementa después en leyes y se hace cumplir a rajatabla estamos haciendo otro ejercicio mas de pérdida de tiempo.

Jose Ramon

26 agosto, 2018

Solo con ver la proporción de negros en prisiones y universidades basta para darse uno de cuenta que la lucha contra el racismo no tuvo mucho éxito. Al menos, en los últimos 50 años. Todos los cambios ocurrieron en los primeros diez años de revolución.

cuba es en esencia un país de discriminación, ideológica, racial, cultural, económica…
Hasta que el pueblo se empodere y saque del poder a los que por casi 60 años han secuestrado las instituciones cubanas,no tendremos un país para todos.

José Ramón, ¿y por qué esos datos que mencionas tienen que ser necesariamente un indicio de que hay discriminación?¿Se les impide a los negros hacer las pruebas de ingreso o estudiar como cualquier otro cubano? Los negros son mayoría en el deporte y en la música popular y no he visto a nadie decir que hay discriminación contra los blancos ahí. ¿Por qué cuando los negros son mayoría es normal y cuando los blancos son mayoría es racismo? Opinando a la ligera y desconociendo la responsabilidad individual no se va a resolver nada.

José A. Huelva

27 agosto, 2018

Javier, no sé ud, pero creo que una mayoría de cubanos queremos una nación mejor y cuando digo de “mejor”, me refiero a lo mas avanzada posible, pero ocurre que eso depende de TODOS los cubanos sin excepción. Dejar atrás una parte de la sociedad solo por algún tipo de discriminación no nos ayuda en nada. Una nación avanza cuando parte de población lo hace, pero es aún mejor cuando todos halan parejo. Todos no tienen las mismas capacidades, pero eso no depende del color de piel.
En las personas de color hemos creado un trauma de por vida que ha tenido éxito reproduciéndose en cada nueva generación. Nunca alcanzaremos un buen desarrollo social mientras persistamos en estigmatizar a las personas por su color, género, creencias o credo político, pero vamos a lo de la raza que es lo que trata el artículo: a los negros no se les impide estudiar y tener títulos universitarios en Cuba y si es verdad que son mayoría en los deportes y la música, pero también es verdad que son discriminados a mas y mejor cuando se trata de alcanzar puestos de relevancia. Y ejemplos de eso, sobran. También es verdad que tienen que estudiar y prepararse mejor, haciendo énfasis en la familia, los modales y las buenas costumbres. Excluir no resuelve el problema, lo agrava! y esto podemos extrapolarlo a la política también.

Un cubano por ahí

27 agosto, 2018

Opino parecido a Javier, no es solo tema de blancos y negros, por ejemplo ellos domina en deporte y música, y de pronto no es racismo, porque hacerlo cuando en un hospital vez mas doctores blancos que negros, o en la Cujae o UH. Por alguna casualidad les niegan la entrada? No amigo mío, vivo en un barrio donde la mayoría es negro, muchos de ellos amigos míos, otros los quiero bien lejos de mi, y es que simplemente desde pequeños la educación que su padres les han dado es bien diferente a las que nos han dado a otros chicos del barrio, muchos jamás se han preocupado por estudiar, y mira que es uno de los pocos beneficios que a nuestro país se le puede sacar aún, pero no, para muchos es más fácil escoger otros caminos, ya no diré cuales. Ningún beneficio tampoco aporta empoderar a personas por su color de piel por la simple razón de igualar en ese aspecto, ejemplo más claro es Esteban Lazo, ese señor NO SABE NI HABLAR!!!! y lleva años ahí y todos sabemos el por qué, por títere y porque su cerebro no da para pensar más allá de lo que le dicen y sobre todo por ser negro! para equiparar aquello de la igualdad en las razas.

José A. Huelva

28 agosto, 2018

Un cubano por ahí, ud. tiene razón en muchas de las cosas que dice, pero la solución no puede ser aislarlos. Porque eso es parte del prejuicio. Señores, entiendan que no haríamos nada mas que lo mismo que se ha hecho desde siempre y los resultados serían los mismos. Ellos son dominantes en deportes y música, pero nadie excluye a los blancos diciéndoles: “Tú no puedes porque eres blanco…”, en cambio si se hace con los negros en esos otros ámbitos. Es la verdad. ¿Por qué? Parte razón y parte P R E J U I C I O !!! Y si queremos avanzar tenemos que eliminar el P R E J U I C I O.
No se trata de darles un cheque en blanco para lograr el objetivo de elevarlos al nivel del resto de la sociedad, pero ¿porqué no se usan las leyes por un tiempo para favorecer esos resultados y también se les exige por esos resultados? Cuando sea algo que fluya de forma natural veremos la diferencia que marcamos con otros países del área. Concuerdo totalmente con ud en el tema de Lazo, no sabe ni hablar!, pero tiene pedigrí político y la raza. Pero, ¿que se puede esperar?, hay tanta gente incompetente y corrupta dirigiendo en Cuba, 🙁 .

negracubana

28 agosto, 2018

Gracias Guanche por tu articulazo. Seguimos que al parecer el racismo está por doquier! Abrazo. Ah! Me lo llevé pa negracubanateniaqueser.com

Papa Montero

28 agosto, 2018

no estoy de acuerdo que se promueva una persona de color a un cargo solo por luchar contra la discriminacion, las personas deben ser promovidas por sus meritos, por sus capacidades, porque cuando lo haces estas entonces discriminado a un blanco o a una mujer que tenia las cualidades para desempeñar dicho puesto, amén de los resultados para muchas personas y la economia que no va a ser el que se desea. Ademas si algo le ha dado el estado cubano a cada uno es la posiblidad de superarse y llegar solo hasta donde sus propios limites lo dejan. Repito no me gusta ese cartelito de la composición etnica de tantos blancos, tantos negros tantos mulatos, etc

Cubano de a pie

28 agosto, 2018

Interesante artículo. Confieso que soy de los que siempre ha estado en contra de esas estadísiticas por raza, edad, sexo, etc. y otras políticas afirmativas e inclusivas, que en muchas ocasiones, traen más perjuicio que beneficio, y se asignan cargos y responsabilidades a personas sin el talento o la profesión necesaria, solo por ser negro, mujer, joven, o todo a la vez.
No obstante, coincido con el autor, que se hace imprescindible ejecutar acciones concretas que propicien ese cambio de opinión, que favorezcan la igualdad y nos libere de algún modo de tantos prejuicios. Ser negro, mujer, gay o transgénero, no puede ser nunca una condición para obtener una carrera universitaria, un cargo de gerente o un puesto en el gobierno, pero luego de cumplimentado ciertos requisitos básicos, bien que en determinados barrios, comunidades y localidades del país, en función de la composición de la población; se pueden otorgar no solo la carrera universitaria, sino préstamos, becas estudiantiles, así como otros recursos financieros que estimulen el desarrollo, así como una “real” igualdad de oportunidades para estas minorías.

Jorge Alfonso

30 agosto, 2018

Lo que deje aquí es mi opinión, debían respetarla, porque muchas cosas que ustedes publican tenemos los lectores que tragarsela, seguro ustedes se quejan sobre la libertad de prensa en medios oficiales y actúan de igual forma. Y si pienso que su generación está llena de teóricos que su vida consistió en sacar títulos en la Universidades sin aportar muy poco a la sociedad que le dio esas oportunidades de forma gratuita y carecen de experiencia de vida fuera del mundo académico.

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