Nadie quiere que le hablen de la felicidad

La gasolina se evapora con la vida. La tristeza no se borra de los ojos. La calle hierve de carroña insepulta. Moscas, gatos muertos, carneros descabezados. Una danza de collares baila una rumba para suizos asustados. La última guagua se vio el día del último chubasco. Las balsas nadan vacías en el golfo. Ningún bote tiene nombre de mujer. El muro del malecón observa la marcha de los turistas lelos. Los cuarteles fueron convertidos en escuelas. Las escuelas volvieron a ser cuarteles. La madre vieja no sabe cómo vivir, pero cocina cada noche la pobreza de arroz. Los niños juegan como si nada. Los trompos dan las mismas vueltas. Pero nadie quiere que le hablen de la felicidad.

La papa está de vuelta, cómo la extrañamos

Papas salvadoras guían al transeúnte acongojado. Busca la cola que le indique, el tumulto que avisa. La papa está de vuelta, cómo la extrañamos. Frita es la gloria. El puré con huevo para el enfermo de asma. Rellena, aunque de aire es una delicia. Todo por la papa. Vamos armados porque sabemos que la angustia está de guardia. Ya llegan los ricos con sus sacos para llevarse nuestro premio. El pueblo unido jamás será vencido. Pero los ricos compran las consignas y las revenden en estuches de crujientes papas, excelentes para acompañar una película de estreno sobre la lucha de clases.

Leche cortada

El último litro de leche se cortó en 1990. La leche en polvo no se corta. O sí se corta, pero hay que darle con un machete. El dulce de leche con ralladura de limón quedó sepultado por el muro de Berlín. Aprendimos a quemar la leche condensada. No es lo mismo, pero es algo. Tienes la leche cortada, se le decía a alguien muy pesado. Ahora se me ocurre que les digamos a los sangrones, eres una bolsa de yogur de soya fermentado.

Aquel hombre tiene fama de ratero

Hace mucho tiempo que no se le ha visto vigilando una tendedera, pero eso no importa porque él es el ratero del barrio, o uno de ellos porque no está solo en esa asamblea. Al ratero lo descubrieron en otra época mirando mujeres desnudas desde aleros y azoteas. Es también el mirahueco del barrio. La gente dice que esa es una enfermedad de toda la vida. No saben nada de psiquiatría ni de psicología ni de criminología. Pero todos se apuran en tachar a los hombres malos de la cuadra. El mirahueco podría salvar a un bebé de un incendio que todos dirán al otro día que es imposible confiar en un ladronzuelo de ropa interior. Es difícil ser un héroe en un barrio de La Habana. La bíblica cizaña crece aquí como el romerillo. Es la ley de los barrios pobres. Nadie tiene derecho a rectificar.

Algunos juguetes chinos

Yo tenía una caja llena de pelotas. Bolas y tiritos, bolones y una granja de techo verde. Un batallón de marines soviéticos que marchaba con miradas de plomo. Una ciudad que solo mi papá sabía armar y un avión de pilas que parecía que despegaría, pero no. A mi hijo le puedo comprar algunos juguetes chinos que duran un disparo. Él me dice antes de que yo le explique: “Vámonos de aquí, estos juguetes están muy caros”.

Amigos en el muro

Para hacer una fiesta hay que mandar invitaciones a tres continentes. Todos los amigos están en Facebook, pero allí no se bebe ron ni se fríen churros. Se fueron los amigos de la primaria, de la secundaria, del pre y de la universidad. Se fueron los nuevos amigos que hice, alumnos tan jóvenes como el primer sol del día. Se fueron los amigos de los amigos que antes se habían ido. Hace veinte años que nadie me cita a una guardia del comité. No quiero bajar las escaleras para tomar caldosa en un jarro de aluminio. Porque mis amigos se han ido y la fiesta es una mierda sin ellos. Si Industriales gana no tengo a quién llamar para decirle que ganamos. Si muere la santísima abuela nadie puede venir a compartir la tristeza. El muro del malecón está tapizado de cajitas rechupadas de ron agrio. Un día con los amigos que se fueron comimos croquetas crudas en ese mismo muro. Hasta las piltrafas saben bien cuando los amigos hacen grupos. Si los amigos se van para qué tendríamos que triunfar en la vida.

Hoy el tiempo ha cambiado

Hoy el tiempo ha cambiado. De calor a frío después del paso de una nube fea. No hubo primavera. Tampoco recuerdo el otoño. Los frentes fríos entran en puntillas de pie. El calor se sienta en la silla de mimbre. Este será un año de mangos. Dicen los guajiros que va a haber un hambre del carajo.

Senado

El central Senado ahora es una fábrica de macarrones. Ayer vi a un hombre de 30 años sin dientes. No le hacen falta para tomar ron peleón. Las muchachas visten con lycras de moda. El club del batey se quemó hasta el polvo delante de todos, con sus maderas preciosas y sus mármoles pulidos. El ingenio no muele cañas sino vidas. La chimenea no humea. El reloj dejó de envejecer. Hay casas que hablan de una época de gloria. Los jovencitos han perdido el orgullo del azúcar. En los patios no quedan toronjas gigantes. Pero qué dulces siguen siendo los nísperos de Senado.

Tengo que ir a despedirme del mar

Parece que el cielo se va a caer, pensó un niño afgano este mediodía. Una bomba asesina para acabar con el terror. Tal vez todo haya terminado. Tengo que ir a despedirme del mar. Por si acaso es la última noche y la última luna.

Las bombas son frías

Los niños juegan a la pelota y pelean como si se tratara de una guerra. La guerra, sin embargo, está agazapada al final de la calle. Observa a los inocentes que devorará. Observa a los edificios que derrumbará. Observa al paisaje que trastocará por otro sin flores. Es mejor que los niños no sepan que los monstruos armados con misiles nos esperan. No sé si deba llamar a mi hijo para abrazarlo bien. Las bombas son frías y caen sobre cualquier amor.

Yo vivía cubierto de tiza

Yo vivía cubierto de tiza. El polvo blanco estaba en mi mochila y sobre mis libros. Las aulas viejas de la Universidad me parecían salas de un palacio. Un hombre viejo se sentaba en la primera fila de mis clases. Casi todos mis alumnos eran pobres y buenos, como el pan de a medio. A veces me daba pena hablarle de Ulpiano a gente tan viva. Pero yo era tan pobre y tan llano como mis alumnos. Algo yo tenía que ellos no… yo vivía cubierto de tiza. Hasta que me prohibieron entrar en las aulas viejas que me parecían salas de un palacio.

Los pelícanos del Malecón

Los pelícanos pescan en el Malecón. Miran a los turistas blancos como nubes con sus ojos de aves sabias y jodedoras. Parece que ríen posados en el muro. Tal vez sepan que a nosotros nos toca pollo por pescado. Cae una llovizna de sus alas inmensas. Dónde estarán los nidos de los pelícanos del Malecón. Algunos pescadores conversan con estos señores grises. Los pelícanos los guían con su vuelo en picada. Hacia allá lanzan sus anzuelos los hombres agradecidos. Al lado de una pareja que se besa con frenesí un pelícano se acicala las plumas y sueña con su época de apareamiento. Los borrachos son los mismos de siempre en el Malecón. Los pelícanos los miran con pena y no se espantan ni huyen. Solo una ola cargada de sardinas los hace levantar el vuelo.

Por el Caribe nada el cocodrilo verde

La cola del caimán ha comenzado a moverse. Las palmas y las ceibas se han estremecido. Por el Caribe nada el cocodrilo verde. Un ojo despierto y el otro dormido. Los dientes gastados del ayuno y la siesta. La estrella que antes brillaba en su frente es opaca y sus puntas han perdido el filo. Parece que danza cuando nada. Parece que viaja cuando baila. Sobre su cuerpo una cordillera le da cosquillas. Se quiere ir para siempre el caimán verde. No mira atrás a ver sus hijos presos enterrados en la arena. En una pata una maraca resuena. En su panza toca una rumba con sabor a marisco. No quiere vivir más en este pantano.  Las cotorras lo acompañan y lloran como hombres. El cocodrilo verde parece una balsa viva. No quiere saber nada de recuerdos. No extraña a los flamencos ni a las caguamas. Busca una corriente fría con sus patas regordetas. El cocodrilo verde no ha visto nunca a un caimán del Nilo. Pero no le importa parecer sencillo con sus escamas viejas de ciénaga y arenal. Allá va el cocodrilo verde. La resaca lo hace perder fuerzas. La marea lo trae mil veces a la orilla. Pero él ha decidido irse. Su cabeza de rombo mira al horizonte. Sus ojos amarillos lo delatan. Se ha cansado de este pantano el cocodrilo verde.

Donde todos seamos un poco pobres y un poco ricos

Dicen que Gramsci pidió a un cura cuando sintió que moría. Si dios lo asistió creo que se merece nuestra fe. Los descalzos y hambrientos de hoy no reciben de nosotros el vinagre que alivia. Cristo muere en su cruz cada atardecer. Ríen hasta el ahogo los jueces que se libran de los que hablan por los pobres. La Virgen del Cobre nos saca a flote en las playas de Cuba con su traje amarillo y sus ojos de madre curandera. Yo le pido en silencio por la paz y la salud de la gente sin nada. Y para que mis hijos vivan conmigo en un mundo tranquilo donde todos seamos un poco pobres y un poco ricos.

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Comentarios

Roberto

7 marzo, 2018

Julito, entre todos tus ultimos articulos, todos desbordantes de nubes grises, este es el sumum del pesismismo. Ya no dan ni deseos de leerte. Sinceramente, temo que vayas a acabar enfermo de los nervios, lo cual seria lamentable. Deberias pensar seriamente en largarte tu tambien donde tus amigos. Perdona que no comente nada del mensaje, es que me preocupa mas el mensajero

Pero Roberto, como se puede escribir algo sobre Cuba sin que no te apabulle la desesperanza, la tristeza, el insomnio, el desencanto, etc…………….. ? Este articulo, es la cruda REALIDAD de nuestro país, pero descrita con alma de poeta.

Rolando Leyva Caballero

7 marzo, 2018

En mi caso la solución fue irme. Cuando el polvo blanco de la tiza deja de ser adictivo tras inhalarlo muchas veces, vía oral, es que algo va muy mal y no somos nosotros, los cubanos, simples mortales con fecha de caducidad. Nos achicharraron, como dijeron ciertos poetas urbanos que también se fueron. Es duro asumirlo pero a veces la huida hacia delante es el acto más valiente de todos, por desesperado. Mejor escapar para pelear otro día que morir de ansiedad, estrés, ingenuidad, ostracismo y urgencias, pensando que los cambios por venir tienen algo que ver con la voluntad de un pueblo. No es una actitud cobarde ni derrotista. Cuando más pragmática. Salud y suerte Julio. Cuidado con los pelícanos. Tienen un apetito voraz. Además son más grandes que las palomas y comen pescado. Una lluvia de heces en la cabeza no es una bendición del Señor sino un accidente terrible.

@Julio, sublime. Traduces muchas de las angustias de mi generación.

@Roberto, no confundas realismo con pesimismo. De los nervios está enferma esta isla, hace muchos años.

DIOSNARA

7 marzo, 2018

Gracias Juli nuestro! Gracias por el pesimismo del que habla pero no entiende Roberto. Los revolucionarios somos almas que llevan el pesimismo en sí, sobre sus hombros, su descontento y el de otros cientos. Cargamos con siglos de tristezas, traiciones, frustraciones, esperas largas, lejanas, solitarias y bellas como las revoluciones mismas. Nuestro pesimismo es descomunal, pesa tanto como las injusticias propias que las explican. La grandeza y la humildad de gente como tú radica precisamente en que no siente vergüenza de ese pesimismo y que además da un paso más y lo usa como arma política. Te leo y recuerdo a Bertolt Brecht, a Raúl Zurita, cuyo pesimismo fue tan grande, tan grande que intentó cegar sus ojos, recuerdo a Heberto Padilla y Rafael Alcides también, y a Eliseo, y a Cintio y sus manos destrozadas por la zafra, recuerdo las cartas de Gramsci a su carissima Tania. Gracias Juli por sufrir también junto a nosotros, y por no dejarnos olvidar que lo injusto nos duele, dentro y fuera de Cuba, pero sobre todo ella, Cuba. Gracias por tener la fuerza y el coraje para seguir yendo hasta el malecón, por buscarnos, del malecón hacia adentro, del malecón hacia afuera. Y por alzar tu voz, por quedarte, también junto a Roberto, y por tener la fe y la esperanza infinita que hace falta para ello. Gracias por esto que no es una columna como sabemos, es un poema visceral hecho a retazos, como el alma nuestra de los cubanos.

Casi lloro al leer este articulo, pero sobre todo porque, aunque me duela no dice ni una sola mentira es muy lucido y resume la realidad, este pais al ritmo que va horita no existe.
Me parece excelente que algunos intelectuales cubanos den voz melancolica y sobre todo muy sobria a Cuba y los cubanos antes que seamos una especie extinta.

Romana

7 marzo, 2018

Me he reído y llorado.
Roberto, mírese ese problemita.

Julio Antonio este articulo da ganas de llorar. Debes de una vez pasarte del Derecho a la Poesía. Pero, si hubiera “jama”, si regresaran los amigos y todo eso, Te sentirías realizado en un país donde no hay Libertad ni Derechos ciudadanos?

Siempre ten presente que con lo que dices y denuncias , todos los que nos llenamos de tiza tenemos volcamos nuestra esperanza en profesionales que como tú, desde el país, denuncia todos los males que padecemos, a diferencia de otros que aplaudian y coreaban consignas de doble moral, para ahora desde afuera como dice Rolando salir es el acto más valiente. Yo creo más en la valentía de lso que se quedan y denuncia de los que se van y reclaman desde lejos lo que no fueron hacerlo desde aquí
Precisamente lo que quiere la burocracia al igual que personas como Rosa es que nos mate la desesperanza y el pesimismo, pero si mueren o renuncian los honestos, le damos la oprotunidad de la vida para quienes no se la merecen y viven en el cinismo y la doble moral.
Aunque te hallan prohibido entrar a las aulas, nunca te podran prohibir tus ideas y los criterios honestos que expones, no tendras el aula universitaria, pero tienes a todos los hombres honestos, alumnos y docentes de muchas aulasque desean un mejor país.

I.Rivera

7 marzo, 2018

Qué sabes tú de la vida?

Si fuera historiador sería de la corriente llamada revisionismo-histórico. La historia en general y la nuestra en particular tanto la era republicana como la del periodo comunista no corresponden a la realidad. Están romantizadas y mitificadas al extremo No me dice nada el pesimismo y la apatía popular actual. Siempre fue así. Desde las primeras Guerras de independencia los mambises nunca pasaron de 5,000 a 7,000 hombres. En la del del 95, unos 15,000 o 16,000 hombres y estos a ultima hora como siempre es en Cuba. Al mismo tiempo sí habían 80,000 cubanos de voluntarios en el ejército Español. Siempre en Cuba los que han hecho los grandes cambios han sido una minoría. Nunca hubo ningún levantamiento de “las masas” ni del pueblo. Ni en la independencia ni en el Machadato ni en Batistato, ni lo va a ver en el castro-comunismo. Es parte integral del carácter nacional del cubano. Miren ustedes las fotos históricas de los actos y manifestaciones contra Batista. Siempre son “cuatro gatos”. La más grande de toda fue una de los estudiantes de la Universidad de la Habana donde pudo haber unos 200 estudiantes. Aunque parezca poco que 20 personas se tiren a la calle gritando “Abajo la Dictadura” en un pueblo de provincia con los niveles de represión actuales, dice tanto o más que cuando la época de Batista. En ambos casos una infima minoria “se tira al ruedo”, mientras la gente observa. Como en las Plazas de Toros, pero con la diferencia que en la gradas de sol y sombra se abuchea o se grita ¡Olé!

Siempre los comunistas nos han hablado del “futuro”: “Que ya tu veras en el futuro”, “en la etapa final”, “yo te invito a creerme cuando digo futuro”, etc. Hoy nada mas hablan del pasado, de lo malo que era, para así no tener que hablar ni del presente. Aun tergiversando la historia pasada, ya no tienen argumentos ni son capaces de ver ninguna otra posibilidad para el país a no ser aferrarse al poder. Están derrotados y lo saben, aunque lo disimulen. El pesimismo está más en el régimen que en los factores de cambio. Las fuerzas democráticas no tiene ninguna razón para estar pesimista. Todo lo contrario.

Pasará lo que siempre ha pasado en Cuba: una minoría, con la fórmula culinaria de siempre; “una tortilla de sesos y huevos” como diría Ramiro Guerra, serán lo que daran al traste con este neo-estalinismo, ( por llamarlo de alguna forma) No se porque hay que estar pesimista. Yo por lo menos estoy optimista. De hecho, le doy al sistema un maximo de 36 meses.

Felipe

7 marzo, 2018

Buen articulo y desde el corazon, ese es el precio que se paga cuando una misma familia dirige un pais durante 60 años sin permitir nada que no sea loas y aplausos. He ahi el resultado .

Milagro

8 marzo, 2018

Para k piden tanta jama y libertad ? Para llenar los tanques de gasolina ⛽️ por todo Miami, exponer a las personas a morir en cualquier momento, a coronar credit card , estafar y todo lo malo y delincuente, prefiero a Cuba como está, y no hablen más mal de Cuba si ustedes tienen el mismo ADN de allá.

Julio: Muy modestamente te envío mis felicitaciones por esa belleza.

Dice @Tony que 36 meses… vaya médico! De los que lleva dando por muerta a la Revolución desde hace rato…
Triste lo de Julio Fernández Estrada. Su padre nunca fue tan pesimista. Tampoco se dedicaba a escribir columnas erráticas.

36 meses no lo se , tal vez sea mucho menos o mucho mas, lo que esta claro es que la olla ya no le quedan valvulas y la junta ya tiene demasiados empates, y ahora con la Embajada cerrada………

Muy bueno. Realmente excelente.
Claro, es como oír a Serrat, hay que estar con el ego en alta para no deprimirse con tanta verdad

Charly

8 marzo, 2018

La felicidad en Cuba es una quimera.

Roberto, querido, eres un muy mal lector, y un aguafiestas. Esto es un juego literario, no un reporte de prensa. La calidad, va y viene, pero es sincero. Será que estamos hasta la coronilla del triunfalismo de la doble moral…

Juli, eres un genio, este escrito es una belleza, triste pero lindo. Necesitamos una Cuba donde todos quepan y que el polvo de la tiza nunca mas te este vedado, a ti que sientes el magisterio como un sacerdocio.

Jeffry Cantallops

11 marzo, 2018

Masterpiece.

Dan ganas de reir y llorar ,pero la cura yo la encontre cuando me fui a US ,se me pasó.

Profe, entré hace ya algunos años a Derecho, despierto y a la vez dormido, Despierto, por las ansias juveniles y pensando que sabía mucho; y dormido, porque al final, no estaba para nada despierto. Mi primer examen en la UH lo defendí ante ud, asignatura: Teoría del E´y el D´ y a pesar de los nervios y lo apretada de la agenda, ud, tuvo tiempo para oírme pacientemente, además, para enseñarme a sobreponerme y defender mis criterios. Ud nos enseñó a entender… cosa que algunos como Roberto o I.Rivera no saben. Nosotros, sus alumnos, andamos por este mundo nuestro, orgullosos y felices de haber podido compartir con Ud esas “aulas viejas que me parecían salas de un palacio”, eso habría que vivirlo para poder entenderlo; entonces, un profesor se mide no por puntaje, sino, por cómo llega y cuánto significa para sus alumnos, y, de eso, a Ud le sobra. No se preocupe, todavía andamos muchos por aquí, aplicando sus enseñanzas, despiertos, alegres por esta vida que nos ha permitido compartir con Ud; algo que los “prohibidores” no entenderán nunca y sólo seguirán retorciéndose en la mediocridad que destila la envidia, robotizados e incapacesde preparar a sus alumnos para la vida. Un abrazo, profesor y… muchas gracias por todo.

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