Erik Alejandro, Cimafunk

Erik Alejandro Iglesias nació en Pinar del Río el viernes 7 de abril de 1989. Arrancó haciendo música en los coros de la Iglesia, hasta que, dejando a un lado la religión, se fue a hacer trova. Poco a poco fue improvisando nuevos ritmos, más movidos, gracias a la casualidad. Así llegó al funk: por azar. Y empezó esta carrera porque quiso.

Erik se crió en una familia ligada a la Salud Pública, y estudió Medicina sólo hasta 3er año porque supo era algo que no quería para toda su vida, aunque le tocara muy de cerca. No estudió música, aunque le hubiera gustado, pero la música lo atrapó, y fue por ella que dejó Pinar del Río. Le fue difícil pero no traumático, pasó con mucho flow.

Ahora Erik es Cimafunk, ya se sabrá por qué.

¿Cómo fue empezar con la trova en Pinar del Río?

Cuando aquello Pinar del Río estaba super bueno, cuando empecé con la trova e incluso cuando estudiaba Medicina había un movimiento muy activo. Nosotros éramos como la gente que estaba a la moda, y aunque había un público que oía reguetón, había otro muy grande que le descargaba a la Trova todo el tiempo. Tú ibas a una peña y se llenaba, la gente gozaba. Había tremenda sabrosura. Ya no está pasando lamentablemente, pero tuve la suerte de vivirlo.

Así fue como me di cuenta que la música era algo que yo sí quería para toda mi vida. La música me cogió y me dijo ‘mi hermano lo tuyo es esto’. Y por suerte mi familia siempre estuvo conmigo en mis decisiones.

Y entonces viniste para La Habana…

Sí, fue un proceso difícil. Es el proceso que te toca cuando tú vienes de otra provincia y de un seno humilde. Yo vine para acá sin una residencia fija donde estar, que es uno de los mayor problemas cuando tú emigras hacia otro lugar. Vine sin trabajo además. No vine directo a hacer música porque no tenía cómo ni donde.

Mi primer trabajo aquí fue lijando carros en un taller. Ahí estuve como un año, allí y haciendo otras cosas, pero siempre trabajos de mano de obra pesada. Lo que te toca cuando vienes a una ciudad donde no tienes las condiciones ideales para emprender una carrera que no te va a generar ingresos al momento. Entonces lo que tienes es que generar ingresos primero y tú sabes… También hice trabajos de traductor porque me le cuelo un poco al Inglés, por aquí y por allá, pero me mantenía todavía en el taller. Eso fue hasta un día.

¿Qué pasó ese día?

Fue curioso porque estaba en un pico donde tú dices “estoy perdiendo el tiempo”, y es complicado porque tienes que generar ingresos para poder vivir, pero si no te decides a salir, te vas a quedar ahí todo el tiempo. Entonces salí caminando y pensé que el único tipo al que yo le puedo llegar así con la cara dura es a Raúl Paz porque es pinareño y casualmente el esposo de mi tía fue su profesor en la Vocacional y me hacía los cuentos de él. Empecé a preguntar y a preguntar hasta que alguien me dijo que sabía que Raúl vivía en Paseo. Yo cogí Paseo desde 23 bajando y preguntándole a la gente hasta que al final me dijeron que él vivía en tal edificio y para allá fui.

Subí por la entrada de servicio porque no me dejaron pasar por la entrada principal, y di con la casa, le toqué y me salió él. Yo le dije que era de Pinar y que necesitaba tocarle mis canciones. Él me dijo casi literalmente: “estoy almorzando asere, dame 15 minutos y te atiendo”. Estaba como en un almuerzo de familia y yo bajé me senté en el parque y a los 15 minutos exactos volví y le toqué la puerta otra vez. Por supuesto no había terminado de almorzar, pero me entró para el estudio y le toqué canciones que ya tenía porque yo escribía casi a diario. Me dijo que le gustaban, que él tenía un concierto pronto en el Karl Marx, y me invitó a hacer los coros. Por supuesto empecé a ensayar e hice los coros en ese concierto.

Ya con eso tenía algo que podía decirle a la gente, como una carta de presentación: “Yo fui corista de Raúl Paz”. Aunque fue un concierto nada más, pero uno infla un poco. Así fue más fácil y empecé más fijo entonces con David Torrens, lo que para mí fue un sueño. Estuve como un año con él y ya luego empezaron a llamarme a mí. Hice coros a Liuba María Hevia, a Silvio en algunas presentaciones, y luego llamé a Robertico Carcassés, casi como hice con Raúl Paz. Nos vimos un lunes en su casa, el martes ensayamos los temas con la banda y el miércoles estaba con ellos en el Brecht. Fue como “espérate mi hermano, dale suave” porque era Interactivo que tiene muchos músicos buenos y además en el Brecht que es como la selva, donde va todo el mundo. Así fue más o menos como salí del taller.

Erik Alejandro Iglesias, Cimafunk. Foto: Regino Sosa.
Erik Alejandro Iglesias, Cimafunk. Foto: Regino Sosa.

Pero también cantaste en Hoyo Colorao…

Hoyo Colorao fue antes de esto, antes de que yo empezara con David Torrens, pero no llegó a concretarse porque se quedó en estudio. Grabamos un disco que casi todos eran composiciones que yo tenía. Hicimos un plan de promoción, pero eso nunca llegó a concretarse. Creo que si acaso hicimos una presentación y de pronto todo empezó a dispersarse y fue cuando llegó mi oportunidad con Torrens. Fue un tránsito extenso pero se quedó así como en una nubecita. Creo que fueron como cinco temas que grabamos, pero yo no tengo ni las grabaciones, todo se quedó en el vacío. Una lástima realmente.

¿Cómo comenzó entonces tu historia con Los Boys?

Cuando yo empecé a moverme para buscar trabajo conocí a Hernán Cepeda que estaba tocando el bajo y le dije que yo era compositor y que quería armar una banda. Nos vimos un día, le cuadraron los temas y dijimos vamos a empezar a montar. Al principio la idea era solamente hacer una banda de covers de Steve Wonder y Michael Jackson, una cosa super radical. Pero fue así como arrancamos y luego empezamos a hacer temas mío. Eramos Hernán y yo nada más, hasta que a Dianela, una cantante pinareña que llevaba bastante tiempo trabajando aquí, le llegó una propuesta para un crucero y ella dijo que quería irse con un grupo. Era realidad no tenía ningún grupo, pero nos conocíamos y decidimos hacer un grupo nosotros tres para “quemar”, como se dice. Y así, de un día para otro, nos pusimos a producir los temas y armamos como tres temas, fuimos al casting y de como 45 bandas fuimos los únicos que pasamos.

El crucero se demoró un año en concretarse. Una cosa que era para mañana se demoró un año en papeles y en ese tiempo empezamos a “pinchar” aquí, primero nosotros tres y después buscamos a un baterista y a otros músicos. Así nos presentábamos, pero era todo muy relajado para pasar el tiempo en lo que nos íbamos para el crucero. Pero de pronto fue como un boom, los lugares empezaron a cerrarse por capacidad, la gente a seguirnos, las redes sociales las teníamos a full y… llegó el crucero. Ocho meses que teníamos que irnos y la gente no quería. Pero nos tuvimos que ir.

Ya cuando regresamos volvimos a la pista con la banda, pero yo viré con esa idea de hacer lo mío independiente y al final fue muy sabroso porque como siempre fuimos socios nunca hubo nada, ningún susto, y ellos seguían trabajando y a yo colaboraba, pero estaba decido a hacer lo mío en solitario.

¿Cómo nace Terapia, tu primer CD?

Ese disco empezó a producirse en el verano de 2016. Yo estaba en Francia, en París, que estuve unos meses por allá y ahí empecé a pensar cómo podía crear mi música. Allá pensé en todo, desde la música, hasta la identidad, los ritmos, y así comencé escribiendo el que es ahora el último tema del disco. Caminaba todo solo y los ritmos que escuchaba por allá me empezaron a influir mucho, y me di cuenta que esos ritmos eran lo mismo que el Pilón, el Mozambique, y me dije entonces vamos a ver cómo yo mezclo todo esto.

Como siempre me gustó el funk empecé a probar, a mezclar y eso fue lo más divertido, lo más sabroso de la vida. Todos los días salía un tema nuevo. Volví a La Habana y empecé a armar un pequeño estudio en la casa y a llamar músicos y a grabar. El disco Terapia fue un proceso saludable, más que sentarme a hacer algo con la seriedad de hacer un disco, creo que fue algo bastante relajado. Por eso lo disfruto bastante cuando lo toco ahora porque me gusta mucho el producto final. Es un CD totalmente independiente. Lo hice y se mantiene independiente hasta ahora.

Foto: Regino Sosa.
Cimafunk en La Habana. Foto: Regino Sosa.

¿Y la distribución?

Toda mi distribución es a través de plataformas digitales. Yo lo hice a través de CD Baby, el mayor distribuidor global digital de música independiente. Ellos te ponen la música en casi todas las plataformas que existen ahora. El CD está en muchas plataformas ahora mismo, en las más populares plataformas de streaming como Apple Music y Spotify, en tiendas de descarga como iTunes y Amazon, entre otras.

Eso lo hice así, pero aquí en Cuba que es donde más interesado estoy ahora que se dé a conocer es diferente. Aquí eso sí es ponle bomba y ponle piernas. Eso es coge la calle y ponlo en El Paquete, en la radio que me ha apoyado muchísimo, y ahora quiero hacer bastante televisión para que la gente empiece a enterarse. Otra vía que he usado es repartirlo de mano en mano, que el público vaya a los conciertos y pueda pasárselo por Zapya o regalarles los CD en físico a algunos. Aquí los términos a la hora de promoverte es una cosa distinta, es una pelea, es insistir hasta que se pueda, pero al final no es algo tan doloroso.

Tus letras… ¿de qué hablan?

El otro día una muchacha me dijo que las letras de Terapia hablaban de dos cosas: de mujeres y de comida, y yo creo que sí, que en gran parte sí. Todos los temas son de relaciones con la mujer, del sentimiento y de la vida que se genera cuando vives con una persona a tu lado. Todo el disco habla de eso, de lo que es y no es una relación. Mis textos son muy relajados, hay mucho doble sentido porque estoy inspirado mucho en la trova y eso te ayuda un poco a la hora de componer y de darle la vuelta a los temas.

Mis temas son bastante calientes, pero no llegas a chocar con nada que te pueda parecer brusco. Simplemente escribo como habla el cubano. En Cuba hoy se habla diferente a como hablan la gente en los 50. Cuando aquello tú decías “me dejaste solo en las tinieblas de la noche, vagando por la oscuridad” y eso mismo tú lo traduces ahora y dices “ño, tú eres la candela mi hermana, me dejaste embarca’o en el malecón”. Cambió la manera de decirlo, pero el mensaje ha sido el mismo. siempre. Simplemente estoy cantando como la gente habla en Cuba.

¿Eso no es, en parte, lo que hace a veces el reguetón?

A ver, el lenguaje del reguetón tiene que ver con el mío. Yo sí no tengo ningún problema con eso. Para mí el reguetón es el lenguaje de la masa, la gente habla sí, la mayor parte de la gente habla así. Hay veces que se pasa, pero eso también tiene su público. Eso algo que no es nuevo y hay mucha gente asustada con eso, pero tienen su público. Lo que pasa es que eso tienes que ajustarlo y ponerle sus horarios, porque es algo que no puedes poner a cualquier hora, sobre todo por los niños.

Entonces, no creo que sea paralelo con lo que hago, pero al final es música igual y es para la gente. Si lo dices de manera sincera está bien, porque tú eres tú y tienes todo el derecho a decirlo, nadie de te puede decir que no lo hagas. Imagínate tú…

"...el lenguaje del reguetón tiene que ver con el mío". Foto: Regino Sosa.
“…el lenguaje del reguetón tiene que ver con el mío”. Foto: Regino Sosa.

¿De dónde viene el “Cimafunk”?

Viene de funk, que es el género musical, y Cima, que viene de cimarrón. Hace unos años me puse a indagar en mi familia y hubo un tátara-tatarabuelo mío que fue esclavo en Pinar del Río, que vino de Nigeria, y cuando me enteré de eso me motivó mucho y empecé a hacer canciones relacionadas con el tema. A veces abro los conciertos con alguna canción a capella que le hice a ese personaje que yo no conocí, obviamente, pero que estuvo ahí.

A mí el “Erik” no me gusta para defender mi música. Comencé a probar algunas variantes, y una amiga me recomendó también la combinación del funk con el cimarrón, y salió entonces Cimafunk. Aunque tengo que decir que me ha costado un poco de trabajo para que la gente lo entienda porque muchas veces lo confunden. Pero creo que lo van entendiendo. Cimafunk no es un nombre, no es una banda, Cimafunk es toda esta música, todo lo que yo hago.

Lo de cimarrón también viene por aquello de salir de lo que hay porque el cimarrón era el negro esclavo que se escapaba de la vida que llevaba. Y en algún tiempo yo quería hacer algo que no estuvieran haciendo los demás. Todo esto funcionó, soy un poco como ese cimarrón que se sale de todo lo que hay para ir a buscar otra cosa, para vivir a mi manera.

¿Te ha costado trabajo ser un cimarrón?

Yo creo que no. Hacer algo diferente y que la gente lo entienda, que lo baile, que te siga, eso está super sabroso. Es muy buena esa sensación. Mucha gente que van a mis presentaciones, que incluso les gustan mucho otros géneros, que llevan años consumiéndolos, y que de repente les guste lo que estoy haciendo, que lo bailen, eso te da mucho placer.

La gente en Cuba necesitaba bailar y tú sabes que si tiras algo que los ponga a bailar los vas a coger porque aquí la gente tiene la sangre caliente. Entonces yo dije ‘les voy a dar baile pero les voy a decir cosas diferentes, de la manera en la que ellos hablan, porque si el arte es comunicación, entonces vamos a comunicarnos sinceramente’. Es un estudio que uno hace, a veces sin tanto trabajo porque cuando te dejas llevar por el flow te va a salir algo que de verdad la gente va a entender. Esa es mi satisfacción.

El público ha aceptado muy bien el CD y la música que hago, y también la identidad de lo que estoy haciendo aunque es algo bastante nuevo ahora mismo en el medio cubano, sonora y visualmente. Mi estética es un poco diferente porque me gusta la onda retro, de los 70´, con pantalones campanas, brillos. Me gusta que el show esté siempre activo. La sonoridad también es diferente, algo que al menos yo no he escuchado en otros artistas. Hacer lo que estoy haciendo me ha hecho sentir muy bien.

¿Qué es tú música?

Mi música es una mezcla de funk con el ritmo cubano africano, pero eso es complicado. Mi música es pa’ que vayas a gozar, pa’ que la escuches y le descargues a tú manera, y la bailes porque lo hice pensando en que me gusta bailar. Mi música es para que la consumas, la interpretes a tú manera, la goces, y la cojas para dormir o para otras cosas. Es música para pasarla bien. Es música hecha por mí. Si yo tengo que decir un género para mi música es “funky cimarrón”. Y si alguien te pregunta tú dices que es eso: algo pa’ que vayas y la des to’a  ahí, normal.

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Comentarios

Katsumoto

8 marzo, 2018

Muy bien, voy a escuchar a ver q tal Cimafunk. De igual manera le deseo muchos exitos,por ser asi de natural y atreverse hacer cosas nuevas.

el narra azul

10 marzo, 2018

me eche al barbarito en Spotify. me cuadro. le voy a dar un trial, manejando el cacharro a ver si me inspiro y choco menos jajajaja

Ernesto

20 marzo, 2018

Una noche por casualidad una amiga me invitó a la Fabrica de Arte a escuchar el concierto de Cimafunk…el nombre me pareció curioso y bastante original pero nada impresionante.. La cosa fue cuando los escuché.. La combinación del ambiente mas la energía positiva que transmiten esos muchachos se cuela por las venas y el cuerpo se mueve al unisono con el alma. Desde ese día los sigo y voy a muchas de sus presentaciones.

Me atrevo a decir que Cimafunk es de lo mejor que hay hoy en la escena alternativa cubana. La música que hacen -como dijo Ernesto- se cuela muy fuerte, se cuela. Este chico tiene una voz poderosa y un gusto musical que arde. Además, en el escenario es un SHOW con todo lo que lleva. Gracias Alejandro por la entrevista 😉

Jorge Luis

23 abril, 2018

Lo escuché de casualidad y, a decir verdad, me cuadró. Tiene tremenda descarga…

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