Fabiana Cozza: Las dos voces de Bola de Nieve

Desde que Fabiana Cozza escuchó por primera vez “Be careful, it’s my heart” por Bola de Nieve, supo como él que esa poética no podía ser feliz. Por eso empezó a llorar, y por eso su manera de cantarla hoy es triste, como Bola, como todo lo que la seduce. Desde entonces es una apasionada de Bola, de su genialidad.

Fabiana está ahora en La Habana cumpliendo un sueño, una deuda pendiente con Cuba y con ella misma. En unos días –el próximo 10 de marzo, a las 7 p.m.– estará cantado en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes su último CD Ay, Amor, un recorrido por el universo íntimo y estético del showman cubano.

Nacida en Sao Paulo, Fabiana Cozza está en el arte hace más de veinte años y es considerada una destacada exponente de la música brasileña contemporánea. Ay, amor es su sexto trabajo discográfico, lanzado en 2017 por la casa discográfica Biscoito Fino, y en el que las tristezas y anhelos de Bola toman nueva vida a través de la voz de Cozza y el piano de Pepe Cisneros.

Escuchar a Fabiana es deleitarse con una canción que se canta desde adentro y se compromete. En su fonograma ella no interpreta a Bola de Nieve, ella traduce algo que él quiere decirnos. En su concierto no escucharemos a dos músicos tocando y cantando a Bola porque de eso no se trata. Solo los que asistamos sabremos lo que allí sucederá.

¿Cómo nace “Canto teatral para Bola de Nieve”?

Esto fue y sigue siendo un espectáculo. En ningún momento nosotros tuvimos idea de grabar un DVD, ni un CD. Después de dos años haciendo esto fuimos a Rio de Janeiro y ahí había una persona de Biscoito Fino, que es la misma de Maria Bethania y Chico Buarque, y cuando nos vio dijo “ustedes tienen que grabar eso en Biscoito Fino”. Esa fue la invitación en 2016 y grabamos en Diciembre de ese año. Después lanzamos el CD Ay Amor el año pasado.

Pero donde surge la idea de este homenaje a Bola de Nieve fue desde la primera vez que escuché a Bola. Yo tenía la certeza que estaba escuchando algo diverso y con muchos niveles de poética porque su voz no es higiénica, en su peor significado, porque la vida no es higiénica y cuando deparé en él dije aquí hay un gesto que me interesa, que me afecta porque me atrapa, me transforma, me inmoviliza.

Esto fue lo que yo vi en Bola de Nieve. Ahora, jamás pensé en hacer algo donde yo interpretara un alma femenina de Bola, esa era la cuestión de mi director. Él pensó este guión y lo adaptó para mí, pero yo no estoy haciendo al Bola, tal vez esté haciendo algo que escucho de él, una voz que me sobrecoge de él, pensamientos, imágenes que puedo mirar a partir de su voz y su piano, porque su piano tiene una intensidad que es como si hablara. Si tú no escuchas su voz, tú puedes comprender todo por su piano. Y eso es lo más interesante del espectáculo también, poder percibir dos voces: la voz de su garganta y la voz de su piano.

Eso es lo que intentamos hacer: somos dos solistas, pero con dos voces para Bola que se encuentran y que a veces no están juntas, a veces están solas como buscando un significado, los signos de los sentimientos.

¿Cómo fue trabajar con Pepe Cisneros al piano?

Pepe es un gran pianista cubano que está en Brasil hace años, que es de la misma generación de Gonzálo Rubalcaba. Nos conocemos hace 20 años. El proceso fue así, primero yo trabajé con el director los textos porque tenemos las canciones de Bola mezclada con textos de Lorca, Fernando Pessoa, y Oscar Wilde. Quiero aclarar que “Canto teatral…” no es un musical con esa característica americana. Nosotros estamos como buscando la palabra cantada, la canción que habla, el piano que silencia y la cantante que dice algo.

Luego de trabajar los textos viene Pepe y cuando él comienza a tocar se abrió una nueva dimensión de la música de Bola porque ya él no tocaba a Bola. Él era él, interpretando y sintiendo, utilizando imágenes y palabras del universo de Bola de Nieve. Nuestro director trató de buscar mi dramatismo para el espectáculo, no mi melodramatismo. Intentamos verticalizar nuestros sentimientos con casi nada de gesto corporales, yo todo con la voz, Pepe todo con el piano.

Fabiana Cozza y el pianista cubano Pepe Cisneros. Foto: Claudio Pelaez Sordo.
Fabiana Cozza y el pianista cubano Pepe Cisneros. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

¿Quién es Bola de Nieve para ti?

Yo no lo sé definir porque es imposible, porque hoy yo tengo tantos sentimientos. Hay un libro que dice que Bola era “el hombre alegre que cantaba triste”, eso es una forma de llamarlo. No sé si en esa alegría habitaba su tristeza o si en su tristeza cambiaba de humor para un momento de locura, de éxtasis, era muy complejo lo que hacía. En la parte pianística él era de una erudición muy alta, muy compleja y a la vez aparentemente simple. Es muy difícil.

Por tu formación como actriz pones tus dotes teatrales y musicales en función de este espectáculo, pero esto es algo que marca toda tu carrera. ¿Cómo mezclas ambas cosas en tu trabajo?

Yo no hice escuela de teatro, pero trabajé con grandes directores de Brasil y recientemente con una gran directora de París. Con esta última descubrí cómo yo podía emocionarme y llegar a llorar si es necesario, pero seguir cantando, buscando esos volúmenes en mi cuerpo. Entonces esta experiencia teatral de los gestos, de la continuación de mi canto con el movimiento, son cosas que yo llevo hace años con mis maestros que me hablan del arte de la expresión más que del arte de cantar.

Cantar para mí es una manera de decir que usted tiene un espacio en el mundo, tenemos una voz y eso es tener un espacio, estar en el mundo de alguna manera. Y claro, lo que cantas es una decisión política. Por ejemplo, en un país como Brasil donde hay tantos crímenes año por año, asesinatos de negros, de homosexuales, cantar a Bola de Nieve es casi un acto político por todo lo que él representó y representa, por ser un hombre negro, homosexual, y que con certeza presenció cosas muy malas, entonces eso es decir de qué lado yo estoy. Eso es el lugar del intérprete para mí.

Yo pudiera decir voy a cantar música para bailar solamente porque no estoy preocupada por nada, y eso también es una decisión política, no lo estoy menospreciando. Pero yo quiero hablar de cosas que muevan mi pensamiento, que puedan efectivamente cambiar los pensamientos de las personas o mínimamente provocar algo. Pero no quiero esta calma, este mundo silencioso, porque es cobarde, porque se calla ante las atrocidades. Eso no me interesa.

Fabiana Cozza en La Habana. Foto: Claudio Pelaez Sordo.
Fabiana Cozza en La Habana. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Con una tradición como la de tu padre, Osvaldo Dos Santos, no podía ser diferente. ¿Qué representa la samba para ti?

Yo siempre hice las cosas que me chocaron en todos los sentidos, las cosas que me afectaron. La samba siempre me afectó porque yo nací en una casa donde las personas se reunían para hacer ruedas de samba. Hacemos esta música desde el norte hasta el sur, con características muy diferentes, pero es la misma. Brasil es un país de samba, y ella también es las comidas, la manera de vestir, de pensar; y dentro de ella también hay contradicciones porque hay machismo, diferencias sociales, diferencias de razas.

Pero en ella conviven los ricos con los pobres, los blancos con los negros, hay una cosa muy mezclada y eso es interesante. Esa mezcla es una particularidad de Brasil, y es importante observar eso. La samba también tiene un factor político porque siempre fue un lugar en la música donde los compositores pudieron denunciar, sobre todo durante el período dictatorial. La samba es como una planta que crece en cualquier lugar.

Mi carrera tiene ese lugar por mi padre, que está vivo, que es economista pero cantó muchos años en escuelas de samba en Sao Pablo. Yo escuché mi primera referencia musical de un grupo de una escuela con 250 percusionistas, y eso también cambia la percepción musical y social. Porque yo podría por ejemplo ser de una casa donde se escuchara música clásica, pero no, eso lo estudié después. La gente que crece en la samba tiene como una marca.

¿Eres orgullosamente sambista entonces?

Yo tengo mucho orgullo, especialmente cuando estoy en una sala de conciertos y canto a Edith Piaf, de después cantar una samba para sorpresa de muchos. Algunos me dicen “Fabiana tú podrías ser una cantante de ópera”, y yo digo “sí, muchas gracias, pero no quiero”. No me importa eso.

Claro que tuve oportunidad de hacer eso, pero es casi una opción política también porque mi voz no es mi voz, mi voz es una representación, mi voz es un colectivo, mi voz es una pluralidad, es mi padre, es mi abuela, es mi tátara que fue esclavizada cuando llegó a Brasil. Usted no es usted, usted es sus ancestros, sus voces.

La samba tiene esta relación muy cercana a la conciencia de una ancestralidad, de un lugar muy sagrado. Y muy sagrado también en un sentido de fé, de tradición religiosa, del candomblé, porque el toque nace dentro de un terreno de candomblé. Creo que es muy parecido como la rumba aquí, el guaguancó, es la misma raíz. Lo que es diferente es que los navíos pararon allá en Brasil, después pararon aquí, después en otro lado del Caribe y fueron distribuyendo cultura. Fue un proceso muy similar sin dudas.

Por eso yo tengo un respeto muy grande por los cubanos, por los latinoamericanos porque yo soy latina; soy brasileña, pero antes somos latinos por nuestra historia social, por nuestra colonización que fue de matanzas.

Llegaste también para cantar en la XVII edición de la Fiesta del Tambor…

Ahí hice cosas más de la música afrobrasileña, que es mi trabajo porque llevo años dedicándome a ella. El maestro Giraldo Piloto me pidió que hiciera canciones de un universo afrobrasileño porque claro tiene conexión con Cuba. Entonces canté temas que hablan del respeto a los orishas. No son fundamentos porque yo soy de la religión, pero no canto fundamentos. Hicimos canciones que tienen este universo rítmico, poético y a la vez corporal de esa relación con lo sagrado.

El público disfrutó también la música de la cantante brasileña en el marco de la Fiesta del Tambor, junto a Joao Donato, la Jazz Band del Maestro Joaquín Betancourt y Roberto Fonseca en el Teatro Mella. Foto: Claudio Pelaez Sordo.
El público disfrutó también la música de la cantante brasileña en el marco de la Fiesta del Tambor, junto a Joao Donato, la Jazz Band del Maestro Joaquín Betancourt y Roberto Fonseca en el Teatro Mella. Foto: Claudio Pelaez Sordo.

Finalmente cumplirás tu sueño de cantar a Bola de Nieve en Cuba…

Para mí eso es un sueño de hace tres años. Desde la primera vez que estuve con Pepe le dije nosotros vamos a ir para La Habana, vamos a cantar en La Habana. Yo tengo un respeto muy grande por La Habana, por Cuba toda, a pesar de todos los problemas que nosotros sabemos que tienen. Para mí es casi que un agradecimiento al pueblo cubano por tener un artista de esta magnitud como Bola de Nieve que ha dicho tantas cosas con su arte.

Estoy muy emocionada. Estar aquí hablando ahora ya es una emoción para mí, estar hablando con un periodista cubano sobre una cosa que es tan suya, pero que es también del mundo es muy emocionante para mí. Quizás hayan personas en el teatro que nunca escucharon sobre Bola de Nieve, y que suerte será poder decirles de un hombre que tuvo el coraje de hablar del amor que no era higiénico, porque no lo es nunca, de un amor que no es limpio. Eso es muy interesante, llegar y demostrar que hay un lugar reservado para el arte, para este discurso que no se reprime, que no se calla con la represión porque el futuro es de los artistas, no de los políticos. Los artistas son el futuro, los pensadores siempre fueron el futuro, y el trabajo de nosotros es construir el pensamiento con la emoción en la boca, saliendo del cuerpo.

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