El relanzamiento de la inversión extranjera directa en Cuba

Antes de 2013, la presencia del capital extranjero en la Isla mostró comportamientos fuera de lo común, independientemente del tipo de relaciones de producción que se tomaron como puntos de referencia. Por mucho tiempo los negocios con inversión extranjera carecieron de un enfoque global de la economía cubana, se aprobaban inversiones en eslabones sueltos de la cadena productiva que después tenían muchas dificultades para que el ciclo completo, y el resultado, tuvieran éxito. Esa realidad así como el utilizar una moneda distinta a la nacional en la ejecución de todo acuerdo, le concedieron un carácter sui géneris a esta práctica en Cuba, a pesar de los casos exitosos de compañías extranjeras que aún están vigentes.

Es decir, aún considerando la disminución de negocios, las empresas que se mantuvieron funcionando hasta el 2003 presentaron resultados positivos. Las Asociaciones Económicas Internacionales (AEI) aumentaron constantemente sus indicadores de ventas totales de bienes y servicios, y alcanzaron durante ese año más de 5 200 millones de dólares; las exportaciones ascendieron a más de 3 400 millones de dólares, y los ingresos directos al país se estiman en unos 600 millones de dólares.

El estado cubano, en ademán de un elevado pragmatismo, se vio en la necesidad de relanzar la variable inversión extranjera a partir del 2013, para acelerar los ritmos de crecimiento de la economía, elemento relacionado con el reducido porcentaje que el Estado había invertido en este sentido. Los factores clave de ese despegue han sido la reciente promulgación del decreto-ley 313, que permite el desarrollo de una Zona Especial de Desarrollo en el Mariel (ZDEM); la nueva Ley 118 de inversiones extranjeras, y el potencial de los inversores de Estados Unidos, a partir del restablecimiento de relaciones entre Cuba y EE.UU. el 20 de julio del 2015.

La situación desfavorable de los indicadores macroeconómicos cubanos, el deterioro y la obsolescencia tecnológica de las capacidades productivas, y la necesidad de incursionar en un desarrollo futuro sostenido, ameritaban un nuevo análisis de la Inversión Extranjera Directa (IED), tema en el cual se insiste en los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, guía de los cambios económicos en Cuba, aprobada el 18 de abril del 2011 en el Sexto Congreso del Partido Comunista.

Para atraer los recursos externos que necesita Cuba, se sabía que la nueva ley de inversión extranjera debía otorgar mayores incentivos al capital foráneo. Dado que hay áreas de negocios, como los de la infraestructura, que tienen largos períodos de recuperación del capital invertido, era necesario implementar políticas de exención fiscal durante un tiempo definido, o que fueran empresas 100 % extranjeras. Y se era consciente de que Cuba debía reducir la discrecionalidad en la aprobación de los negocios, a la vez que se publicaran las licitaciones necesarias de implementar, en la medida en que existieran varias propuestas para un mismo negocio.

Aunque pendiente, habría además que estimular la entrada de capitales extranjeros de cubanos residentes en el exterior, a la vez que se permitiera a los empresarios privados cubanos asociarse con empresarios extranjeros, en negocios de pequeño y mediano tamaño, al menos mediante cooperativas urbanas, en una primera etapa.

Una iniciativa prometedora ha sido la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, para la generación de exportaciones y la sustitución de importaciones; la transferencia de tecnología de avanzada y know-how, y de habilidades referidas a la gerencia de negocios; generación de empleos, desarrollo de infraestructuras para contribuir al progreso económico; creación de un sistema logístico que permita altos niveles de eficiencia en los procesos de importación, exportación y distribución; estimular el establecimiento de empresas nacionales o extranjeras y, como es lógico, la articulación de estas con el resto de la economía.

Mariel draga

Como parte de esa zona especial, se inauguró una moderna terminal de contenedores en el puerto de Mariel, que probablemente constituya uno de los mayores proyectos inversionistas de Cuba hoy. Este, sin duda, se enmarca en un contexto más amplio de reconfiguración internacional, pues lo que puede estar en juego tiene un alcance mucho mayor: la eventual participación de Cuba en ese proceso formaría parte de una dinámica central de acumulación de capital, detalle que debe tenerse en cuenta en el futuro de Cuba, y que es evidente por la posición geográfica de esa zona hoy, y la que puede ocupar cuando se concluya la nueva esclusa del Canal de Panamá, que dará paso a la nueva generación de buques portacontenedores de la serie Ultra Postpanamax.

Resulta atractivo, además, el análisis del artículo 20 del capítulo III del decreto-ley 313, donde se expresa: “La concesión de un negocio puede ser otorgada por un término de hasta 50 años y además puede ser prorrogable”, lo cual es un tiempo muy ventajoso.

A la vez que, en el artículo 23 del capítulo V, se define como un usuario de la ZDEM tanto a personas naturales como jurídicas residentes en el territorio nacional, lo cual estimularía a los cubanos a tener presencia en esa zona.

En general la documentación legal aprobada y el interés gubernamental en que esta ZDEM se desarrolle, puede atraer al inversionista para esta zona, por las bondades que se ofrecen, especialmente para los inversionistas de EE.UU. donde, al parecer, se le está despejando el camino, a pesar de que desde el punto de vista legal, hay muchos impedimentos todavía. El Estado cubano debe velar por que no se incurra en errores del pasado, como el desestímulo a los inversores extranjeros.

Resulta interesante conocer que, después del 17 de diciembre del 2014, derivado del interés de Estados Unidos y de Cuba de normalizar relaciones, se incrementaron las propuestas de inversiones extranjeras por parte de diferentes compañías para invertir en el país, especialmente en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel. Más de 300 propuestas se han computado ya, aunque el proceso no ha tenido la celeridad que demanda el momento histórico, pues se han dado a conocer solo 5 aprobaciones a empresas de capital totalmente extranjero.

Es importante también alertar que las recientemente aprobadas cooperativas no agropecuarias están autorizadas a intentar alianzas con capitales externos, o a que estos les suministren insumos para sus procesos de desarrollo, sin embargo la realidad aun no vislumbra el interés gubernamental de que se materialice algún tipo de asociación de tal índole.

Por otro lado, los capitales naturales cubanos pudieran ser usuarios de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, según la legislación aprobada en fecha reciente, pero se desconoce si se encuentra en fase de aprobación alguna propuesta de este tipo.

En general, Cuba atraviesa una etapa favorable en el entorno internacional; ha ido cambiando su imagen financiera al erogar sumas importantes para el pago de deudas anteriores, pasa por un proceso de condonación de deudas, y reporta una cierta mejoría de sus indicadores macroeconómicos, con un crecimiento este año por encima del 4 %, pero debe tenerse presente que todas las fuerzas productivas requieren ser estimuladas tanto a nivel estatal como no estatal, para que los indicadores de bienestar económico de la población cubana puedan hacerse sentir en el menor plazo posible.

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Comentarios

alejandra

2 agosto, 2015

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