¿Cuba pone a la Casa Blanca contra los republicanos del Congreso?

Un fin inesperado del bloqueo o un retroceso serio en el diálogo con Cuba. Dos proyecciones opuestas para el futuro inmediato que pueden aparecer tan pronto como el Congreso vote a favor o en contra. El vice asesor presidencial Ben Rhodes muestra mucho optimismo y promete progreso “más temprano de lo que piensan” en los mismos días en que el liderazgo republicano en la Cámara de Representante pone por escrito sus planes y hasta una ley contra cualquier conversación oficial entre militares estadounidenses y sus pares cubanos.

Un proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes de EE.UU. incluye limitaciones al contacto y la cooperación militar entre ambos países, a menos que se cumplan condiciones establecidas por la Ley Helms-Burton y otros requisitos, como el cese de la colaboración cubana con las fuerzas armadas de Venezuela, la devolución de fugitivos de la justicia estadounidense residentes en la isla o el procesamiento judicial de los oficiales relacionados con el  derribo de avionetas de la organización Hermanos Al Rescate, que violaron el espacio aéreo de la Isla en 1996.

La prohibición difícilmente entraría en vigor. Requiere aún el voto afirmativo del Senado y la firma del presidente. La Casa Blanca ya aseguró el veto de Barack Obama contra el texto legislativo, que también frenaría el cierre del centro de detención en la Base Naval de Guantánamo o el retorno del territorio ocupado por esa instalación militar a Cuba.

“Las restricciones propuestas complicarían la coordinación pragmática a nivel de expertos entre los Estados Unidos y Cuba en asuntos que benefician a EE.UU” indica una declaración de la Oficina de Manejo y Presupuesto de la presidencia, citando por ejemplo cómo la jefatura de la base en Guantánamo y sus contrapartes “se reúnen mensualmente para compartir información sobre actividades a ambos lados de la cerca, a fin de reducir el riesgo de discrepancia accidental”.

La Administración Obama elaboró casi 20 páginas con otras objeciones.

La legislación en cuestión es la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2017, aprobada a mediados de mayo. A partir del próximo 1 de noviembre, con ese documento se autoriza el presupuesto para el ejército, la marina y aviación de guerra estadounidense durante los siguientes doce meses.

Aprobar los planes de los republicanos supondría poner fin a los contactos que Washington mantiene con el gobierno de La Habana, materializados en varios encuentros técnicos acerca de lucha contra el narcotráfico, contraterrorismo y prevención de desastre naturales, como parte de una normalización de relaciones entre ambos países con cientos de kilómetros de mares en común.

El diario Tampa Bay Times reportó en mayo pasado la eventual firma de un acuerdo de coordinación ante derrames de petróleo en el Golfo de México, la base legal para “ejercicios militares” entre la Guardia Costera estadounidenses y sus contrapartes cubanas, donde ensayarían la respuesta conjunta ante una catástrofe de este tipo.

La Administración Obama justifica a la proximidad geográfica y los desafíos comunes como una razón para “mantener flexibilidad” en las relaciones militares con las fuerzas armadas y órganos de seguridad de la isla, pues “está en el interés de la seguridad nacional de los Estados Unidos”.

En junio de 2015, la Cámara de Representantes aprobó varios acápites contra el acercamiento con Cuba en proyectos de presupuesto enviados al Senado. Ninguna de estas iniciativas prosperó, quedó fuera de la versión final de ley presupuestaria.

El líder de los republicanos en la Cámara de Representantes es un férreo opositor del acercamiento a Cuba. Foto: Chip Somodevilla (Getty Images)
El líder de los republicanos en la Cámara de Representantes es un férreo opositor del acercamiento a Cuba. Foto: Chip Somodevilla (Getty Images)

Uno de los obstáculos más fuertes que tiene la Administración Obama para obtener éxito en sus propuestas sobre Cuba viene de un Estado agrícola y alguna vez estuvo a favor de la normalización

El congresista republicano Paul Ryan, ahora speaker o jefe de la Cámara de Representantes, hizo titulares en la época en que Mitt Romney lo nominó como candidato a vicepresidente para las elecciones de 2012, pues debió ir a Miami a pedir perdón por sus posiciones en favor de una reconciliación, al menos económica, con Cuba.

Para este 2016, sin embargo, Ryan ya definió cuál es su bando en la normalización con el gobierno de La Habana: en un plan general de seguridad nacional, asuntos domésticos y política exterior, emitido a nombre de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, se pone totalmente en contra.

“Un primer paso sería debería ser prohibir transacciones financiera con el ejército cubano”, dice el reporte que define la agenda política de los conservadores en respuesta a casi todos los gestos diplomáticos de la actual Administración.

El documento fija como objetivo en unos de sus párrafos restaurar la influencia de Estados Unidos para “asegurar que cualquier nuevo ajuste se encuentre primero con concesiones reales por parte del gobierno cubano”.

En marzo pasado, el speaker de la Cámara comentó cómo Obama está atado al embargo comercial, a pesar de sus intentos por “minarlo con acción ejecutiva”, y aprovechó también la oportunidad para criticar “los nuevos acuerdos comerciales entre compañías estadounidenses y el régimen cubano”.

Ryan es un líder popular dentro del Partido Republicano. Tuvo que descartar su candidatura a la nominación presidencial del Partido Republicano en las elecciones de este año, cuando sectores de su propio partido comenzaron a preocuparse por el ascenso de Donald Trump.

“El cambio de la Administración Obama en la política con Cuba ha motivado fuerte interés en el Congreso. Algunos miembros alaban la iniciativa como lo mejor para los intereses de Estados Unidos y una mejor forma de apoyar el cambio en Cuba, mientras otros criticaron al Presidente por no obtener más concesiones” indica un reporte del Servicio de Investigación del legislativo norteamericano.

El nuevo plan republicano ignora las posiciones expresadas por el presunto nominado presidencial de su propio partido, Donald Trump, quien reduce las demandas a Cuba a conseguir “un mejor acuerdo” en franca superación del pasado y hasta con la posibilidad de abrir un hotel con su nombre de la isla.

En el pasado, la Administración Obama ha tenido encontronazos con la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Uno de estos choques ya paralizó al gobierno federal en octubre de 2013, por un desacuerdo entre el Ejecutivo y el Capitolio acerca del presupuesto para el año siguiente. La poca comunicación con los líderes del Congreso llevó a la presidencia a explotar al máximo sus poderes, lo que sus opositores han demeritado como gobernar por decreto.

En ese estira y encoge también cae la cuestión de Cuba.

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