Enrique Núñez: “La Guarida es una experiencia culinaria y artística”

En la ficción fue el hogar de un gay refinado de los años noventa, símbolo del resguardo de la contracultura, la religión, la espiritualidad. El escondite de un hombre acorralado por la sociedad de su tiempo, filmado en la película cubana de mayor repercusión internacional: Fresa y Chocolate. En la realidad era una casa de familia convertida en una paladar exitosa, ubicada nada más y nada menos que en el tercer piso de un auténtico solar de Centro Habana.

El hombre detrás de esa metamorfosis es un ingeniero en Electrónica al que la vida lo desvió por azar al universo de la gastronomía. Su nombre es Enrique Núñez y administra La Guarida, uno de los mejores restaurantes de La Habana, visitado por reyes, artistas y personalidades de todo el mundo. Pero el principio fue, como casi todas las grandes cosas, una casualidad.

“Yo había leído el cuento de Senel Paz y había visto la obra, así que sabía de qué iba la filmación. Un amigo que era asistente de dirección de Titón me pidió ayuda para una locación y le sugerí la casa de mis padres. Vinieron, les gustó y escogieron el lugar para que fuera la ‘guarida’ de Diego”, cuenta Enrique mientras fuma un puro cubano.

En 1993 la película Fresa y Chocolate triunfa en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y al año siguiente es nominada al Oscar. La fama trascendió al filme y comenzaron a llegar turistas de todas partes con la ilusión de encontrar la Cuba que habían visto en los cines, la imagen y la atmósfera de la película, para ver con sus ojos La Guarida.

Enrique Núñez: "No queremos que la Guarida sea solo un restaurante donde vas a cenar y listo, sino que sea toda una experiencia, que el cliente sienta la satisfacción de una buena comida y se enriquezca espiritualmente".
Enrique Núñez: “No queremos que la Guarida sea solo un restaurante donde vas a cenar y listo, sino que sea toda una experiencia, que el cliente sienta la satisfacción de una buena comida y se enriquezca espiritualmente”.

“Pero se sentían decepcionados al notar que no era más que una casa de familia, normal”, recuerda Enrique y rememora los días en que muchos amigos lo tildaron de loco y otros lo alentaron para que hiciera algo. Fue la misma época en que abrieron las primeras licencias por cuenta propia para negocios de la gastronomía. Sus padres y su mujer lo acompañaron en la aventura de “recuperar el ambiente del local de la película y transmitir su mensaje poético”.

Entre todos decidieron hacer el lugar que les gustaría visitar y para eso destinaron todos los recursos que tenían. Cuidaron los detalles, la decoración, la mantelería, cubiertos, platos y vasos y la música precisa, cubana sobre todo: Bola de Nieve, Rita… “Nuestro objetivo con el lugar era potenciar los mejores valores de nuestra cultura y ya teníamos una historia que nos daba el pie para eso. Reconstruimos el ‘altar de la cultura cubana’ que sale en la película y comenzamos a mostrar obras de artistas plásticos. Hoy en día vienen a disfrutar de la comida, pero también a descubrir un poco ese pedazo del arte criollo que mostramos. Nos preguntan por todo lo que les rodea, desde las mezclas de nuestros platos hasta las fotografías y cuadros en las paredes, la música, todo”.

El restaurante ha recibido las visitas de numerosas figuras como Jack Nicholson, Beyonce, Peter Norton, Steven Spielberg, Fito Páez y Pedro Almodóvar. Pero Enrique recuerda una visita en particular. “Una vez estaba en mi casa tomando una ducha y un amigo me llamó para saber si podía cerrar el restaurante por la noche. Yo tenía todo reservado y en broma le dije que solo si traía a los reyes de España. Y él solo respondió que ‘está bien, ciérralo’. Entonces me puse nervioso y acepté, pero él tenía que disculparse con los clientes afectados. Entonces vi la guardia real y recibí a la reina de España, la reina Sofía. Fue una experiencia increíble atender a alguien de la realeza, aunque nunca tuve la sensación de estar atendiendo a una reina, porque es una persona muy asequible y eso fue maravilloso”.

El largometraje sedujo a muchísimas personas al inicio, pero hoy repercute más la calidad del restaurante que el peso de la leyenda. Muchos de los que llegan ni siquiera conocen la película. Para Enrique y su equipo de amigos, familiares y vecinos de La Guarida, contar la historia y sugerir el filme es algo “reconfortante”. Sin embargo, no tienen licencia para vender o proyectar las imágenes de Fresa y Chocolate. Algo que, según Enrique, “sería muy interesante si se pudiera”.

“Porque no queremos que la Guarida sea solo un restaurante donde vas a cenar y listo, sino que sea toda una experiencia, que el cliente sienta la satisfacción de una buena comida y se enriquezca espiritualmente, en todos los sentidos. Para nosotros es importante que nuestro staff, más que ser especialistas del servicio gastronómico, pueda responder a las preguntas de los clientes sobre los cuadros, la música que escucha, la historia del lugar. Eso es la Guarida, no un simple restaurante, sino un complemento para una experiencia culinaria y artística”.

Rodeado de obras con las firmas de Fabelo, Rancaño, Flavio, Ivan Capote, Zaida del Río, Pichi, Abela y otros, envuelto en los aromas de las más deliciosas “recetas de la abuela” traídas al contexto culinario actual, Enrique Núñez se autodefine como un “optimista perdido de los que creen en algo y le ponen todo el empeño, la pasión y la fuerza. Hoy logramos lo que tenemos de esa manera. Estoy seguro además de que estamos listos para asumir los retos que se plantean para el desarrollo de Cuba. Y espero que las instituciones y el gobierno nos permitan hacer nuestros proyectos a los cubanos que apostamos por esto, que nos quedamos a invertir en la Isla. Que nos brinden espacios a los que estamos dedicando nuestro futuro al destino de nuestro país”.

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