Gibara, un pueblo de película

Gibara tiene una sola forma de entrar y salir del pueblo. Como si la Villa Blanca de los Cangrejos quisiera darle al visitante pocas posibilidades de escapatoria. Sus calles, rectas y anchas, tienen el rasgo surreal de terminar en el mar. Todas.

Independencia, la vía principal, pasa frente a la casa de Nancy Pérez, el lugar donde se hospedaron Humberto Solás y la mayoría de los artistas en los primeros festivales de cine pobre, cuando todavía estaba prohibido cobrar por alojamiento y solo unos “agraciados” estaban autorizados.

La casa de Nancy es la mejor conservada al norte de Holguín, en Oriente, a 800 kilómetros de La Habana. Ni siquiera el ciclón Ike del 2008 logró quitarle su esplendor colonial. “Solo un vitral de medio punto quedó hecho pedazos. Pero la ciudad de Gibara sufrió mucho, quedó destruida.”

Dicen que Solás murió unos días después no por su enfermedad, sino por el dolor de saber a su Gibara destrozada.

El pueblo se recupera. Desde hace cuatro años tiene su primer hotel, el Ordoño y hace menos de uno que abrió otro, el Arsenita.

“No le tengo miedo a la competencia. Mi casa siempre se mantiene llena, incluso sin Festival”, dice Nancy.

Nancy Pérez, propietaria de hostal / Foto: Marita Pérez Díaz
Nancy Pérez, propietaria de hostal / Foto: Marita Pérez Díaz

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Si Gibara fuera una película, no sería solo su locación, como en aquella parte de Lucía, o los minutos aquellos de Miel para Oshún o la totalidad de El Huésped.

Gibara sería en realidad el guionista que hace 200 años trabaja en el mismo texto inédito, pero no alcanza premio en ningún Festival de Cine Pobre. Excepto en el suyo propio, quizás.

La Gibara Monumento Nacional, la Gibara bicentenaria, tiene un cuerpo de bomberos voluntarios, medio centenar de hostales, un huerto de girasoles y una calavera humana real con número de inventario en el Museo de Historia Natural. Tiene hasta una legión de vecinos faroleros, que encienden puntualmente las luces públicas de los barrios juntando dos cables sueltos de cada poste.

Por estos días son más puntuales que nunca cerca de los parques. La gente necesita luz para hablar por IMO desde los teléfonos celulares conectados a internet.

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-La WIFI la pusieron cinco días antes del Festival -explica Roberto, el agente de telecomunicaciones más cerca del parque Colón o Plaza de la Cultura.

-¿Le compran bastante?

-Más o menos, la gente se está enterando ahora. Sobre todo los que tienen familia afuera… Algunos piensan que la van a quitar después del Festival, pero eso es mentira.

-¿Por qué tiene una reja? Casi ninguna casa la tiene y todo el mundo dice que el pueblo es tranquilo.

-Es que con el Festival viene mucha gente y yo no sé quién es quién. Además no dejo entrar a cualquiera. Aquí yo tengo todos los servicios de ETECSA, pero tengo que proteger esto también.

-¿Tiene tarjetas de una hora?

-Las que quieras. Ya te dije que tengo todo lo que tiene ETECSA, menos el aire acondicionado. Pero quién sabe, quizás pronto lo tenga también.

Roberto Carralero, agente de telecomunicaciones / Foto: Marita Pérez Díaz
Roberto Carralero, agente de telecomunicaciones / Foto: Marita Pérez Díaz

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Gibara es la red inalámbrica que comunica a los de aquí y los de allá. No, solo es otro de sus personajes. En realidad Gibara es la actriz poco agraciada a la que pocos directores le dan un papel protagónico.

Como en La cuarta Lucía, la obra de Eduardo Emil y Beatriz Viñas, protagonizada por la propia Viñas y basada en hechos reales. La misma puesta en escena que se realizó en el antiguo teatro El Colonial de Gibara, lleno de polvo y en eterna reparación.

La cuarta Lucía tiene los ojos pequeños, nariz grande, boca chica y poca teta. Pero tiene buenos sentimientos, es inteligente. Puede interpretar cualquier papel, desde una bebé de cinco meses hasta una vieja de 75 años. Con tal de actuar hace lo que sea.

No tiene casa propia y es de provincia.

La cuarta Lucía es la reina de los castings sin papel. Si un director le dice “Sorpréndeme”, allá va la cuarta Lucía y le mete un par de galletas. No hay mayor sorpresa ni talento que una bofetada en la cara del director, para que despierte y sepa lo que tiene delante. Pero no, gracias, la cuarta Lucía no quiere otro papel secundario. Solo quiere ser famosa y actuar, actuar, actuar.

Y Adela Legrá se levanta de su asiento, pone el bastón a un lado y aplaude.

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La economía de este país se mide informalmente por el precio que tenga la carne de cerdo. En Gibara ni siquiera hay. Desde que pusieron el tope de 20 pesos cubanos la libra en esta zona, ningún criador de puercos quiere vender.

Por “la izquierda” y a 40 pesos la libra de bistec, se puede conseguir a más de 15 kilómetros de distancia.

Pero Arsenio Cruz está más preocupado por el pescado. Rodeados de mar y cuando deberían los peces inundar las calles, la libra está a 35 pesos, por culpa de las paladares, dice. Y para colmo, casi no hay.

Arsenio vende coctel de pescado, de camarones o de masa de jaiba. Cada uno por separado cuesta 10 pesos, mientras que si pides la especialidad de la casa (los tres ingredientes), te cuesta 30.

Todavía sus clientes principales son los gibareños. De los grupos de turistas que llegan en excursiones para el pueblo, solo unos pocos se atreven a probar los mejunjes de mariscos servidos en vasos desechables reutilizados.

Su puesto de trabajo está cerca del Club náutico, donde atracan a veces los catamaranes que vienen desde Guardalavaca. Hasta el momento, un cartel anuncia que está prohibido el acceso al pequeño muelle para los nacionales que no sean propietarios de embarcación o tengan el permiso requerido.

Hace apenas unos días el gobierno anunció que los cubanos ya pueden utilizar libremente embarcaciones marinas.

Arsenio, dice, solo quiere vender sus delicias del mar y comer carne de puerco, a la manera tradicional, con un poco de congrí y yuca con mojo.

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Gibara es la actriz de voz grave que hace de hombre y prepara un coctel de camarones, masa de jaiba y pescado. Le echa jugo de tomate, limón, picante y sal. Trata, inútilmente, de explicarte la receta, decirte que es gibareña y tradicional. Pero no puede porque sus palabras se las lleva el viento.

No tampoco es esto. En realidad, Gibara es la casa natal de Guillermo Cabrera Infante, sin tarja y sin restaurar. Gibara es Guillermo y Solás.

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“Yo puedo decirte por qué no hay pescado. Yo soy un hombre de mar y viejo. El problema es la plataforma, que no tiene. Donde hay es cerca de Las Tunas o rumbo a Manzanillo, por eso hay tantos camarones allá. Pero aquí la cosa es distinta. Antes íbamos a pescar en el Golfo y cerca de Bahamas, pero después de los convenios entre Cuba, Estados Unidos y todos esos países ponían multas grandísimas a los que cogían y ya nadie se atreve a salir.

Lo poco que hay cada día está más caro, por el lío del turismo. Los extranjeros lo pagan todo más caro y ahora un plato de arroz y pescado te puede costar siete CUC. Además hay solo tres o cuatro barquitos pesqueros, los demás son botes y tampoco están autorizados. Yo no, yo lo dejé, me faltaron tres años para jubilarme, me disgusté y ahora no cobro retiro.

Lo otro es el tema de la bahía. Antes entraban barcos enormes por ahí y habían almacenes en Gibara, pero después del ferrocarril y la carretera central la cosa cambió. Ahora no sé si la bahía sigue profunda, porque los ríos le han tirado mucho sedimento. Ojalá y el gobierno se preocupara por eso, no creo que cueste tanto dragarla.

No me hables de Estados Unidos. Ellos no van a ayudar en nada de eso. Yo no hubiera hablado nada con ellos hasta que no eliminaran lo que inventaron. Cuba no fue la que inventó el bloqueo. ¿Tú quieres hablar conmigo? Quita lo que inventaste, pero así no.

Yo me llamo José Gallardo y tengo 68 años. ¿Tú vienes por el Festival? Yo tengo un hermano, de apellido Gallardo también, que tiene una exposición en la Casa de la Cultura. Creo que hizo algunas fotos de pescadores.”

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Gibara es la cuarta Lucía que espera la voz de ¡Corten! para comenzar a vivir.

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Comentarios

Dolores Romero

25 abril, 2016

Que bonita es Gibara, cuantos recuerdos me trae a la mente. De nina yo iba con mi mama y mi hermana a veranear porque mama tenia alli una hermana , mi tia Olga, e ibamos a los balnearios y a las balsas a coger cangrejitos y recuerdo su arena blanca y lo bien que lo pasabamos alli. Que Dios bendiga a GIBARA y a sus gentes tan amables

Maribel Carbó

26 abril, 2016

Muy interesante y educativa información. Me gustó mucho.

Alberto

27 abril, 2016

Tienen que luchar duro por mantener ese festival, es importante para la cultura cubana y muy bueno para el humilde y lindo pueblo como Gibara. Interesante como viven en Gibara.

AL PUENTES

24 junio, 2017

SE VE MUY BELLO JIBARA…PASE POR EL PERO NUNCA ME DETUBE….HACE ANOS UNOS FAMILIARES ME ENVIARON
ELECTRONICAMENTE UNA SERIES DE FOTOS MUY BELLAS E INTERESANTES…

LO QUE OIA CUANDO ERA NINO Y NUNCA SUPE POR QUE….LOS PERROS EN JIBARA CAMINAN PEGADOS A LA PARED?

BUENO FELICITACIONES A TODOS.

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