Hopester

Su renuncia acaba de hacerse efectiva con un besito en la mejilla en las afueras del Ala Oeste de la Casa Blanca. Una despedida para las cámaras. Hope Hicks, la directora de Comunicaciones del poder ejecutivo, caracterizada una vez por The New York Times como “la mujer que entiende totalmente a Donald Trump”, pero también como “la secretaria de prensa con menos credenciales en la historia moderna de la política presidencial”, acaba de lanzarse a “buscar otras oportunidades” envuelta en una nube de conspiración, misterio y sexo.

Hicks fue la cuarta persona en acceder a ese cargo desde que Trump llegó al poder, precedida por Sean Spicer, Mike Dubke y Anthony Scaramucci.

Una carrera meteórica, inaugurada en su adolescencia, junto a su hermana, como modelo de Ralph Lauren, continuada en dos firmas de relaciones públicas –Zeno Group y Hiltzik Strategies– y coronada (provisionalmente) con su relación de trabajo y personal con Ivanka, la hija del hombre.

De ahí pasó a la Organización Trump y poco después a desempeñarse como Secretaria de Prensa de la campaña del empresario neoyorkino hasta ascender al primer puesto aludido sustituyendo al susodicho Scaramucci –por su lenguaje, el único reguetonero de Long Island que ha pasado por ahí desde que el cargo fuera creado por la administración Nixon en 1969.

Conspiración, porque está por esclarecerse, al menos de manera pública, su papel durante los sucesos de la Torre Trump, en aquella reunión donde Donald Trump Jr., Paul Manafort y Jared Kushner confluyeron para recibir de los rusos material sucio sobre la candidata presidencial Hillary Clinton.

De acuerdo con trascendidos, la Hicks funcionó aquí como una suerte de pívot, desde el US Air Force One, entre el jefe y su hijo mayor mientras aquel fabricaba la historieta de que se había tratado de una actividad intrascendente en la que solo se había abordado la adopción de niños rusos, a contrapelo de la convocatoria original.

De comprobarse, la muchacha habría participado entonces en un caso de obstrucción de la justicia, toda vez que el propio Presidente le supervisaba las respuestas que ella le iba enviando a Trump Jr. en Nueva York, donde estaba como acuartelado.

Cuentan que, enterado de la movida, Mark Corallo, portavoz del equipo privado de abogados del Presidente para la trama balalaika, les dijo a ambos en la Oficina Oval que aquello era lo más parecido que él había visto en su vida a un caso de obstrucción. Hicks le respondió, lealtad en ristre, que esos emails nunca saldrían a la luz, implicando con ello su ocultamiento o destrucción. Corallo, que ha visto el fuego en la pradera, tiró la toalla de inmediato.

Misterio, porque su salida del aire tomó por sorpresa a tirios y troyanos. En buena ley, resulta cuando menos extraño que una bellísima joven de 29 años, en pleno goce de sus facultades, en la cima de su carrera y con un salario de 179 700 dólares mensuales –igual al que en su momento tuvieran Steve Bannon y Reince Priebus–, abandone esa posición apenas seis meses después de haberla aceptado.

Los buenos entendedores funcionan con pocas palabras, mucho más cuando se conoce que la Hicks fue citada por el equipo de Bob Mueller, metido hasta los tuétanos en una investigación sobre narices rusas, lavados de dinero, mafias y obstrucción –entre otros tópicos–, y también que su renuncia (de nuevo, extrañamente) la diera a conocer el día después de haber rendido un testimonio de nueve horas ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

Por lo que se sabe, allí no soltó muchas amarras, pero sí dijo algo que no deja de llamar la atención: su trabajo, ocasionalmente, le había requerido decir mentiras blancas por el Presidente, aunque nunca conectadas con la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones. Lo cual –siempre según las malas lenguas– desató la cólera de Aquiles (“¿será estúpida?”, dicen que exclamó, hamburguesa con cátsup en mano).

Con Mueller nunca se sabe, porque el hermetismo y las cartas bajo la manga constituyen su modo de ser. De cualquier manera, el hecho de que le ordenara a Sam Nunberg –botado por Trump, y acusado de filtrar información a The New York Post— comparecer ante un Gran Jurado Federal y le pidiera entregar toda su correspondencia con la Hicks y otros cuadros, no deja de ser un dato significativo.

Sexo, finalmente, porque mantuvo relaciones con dos trumpistas casados: primero con Corey Lewandowski, manager de la campaña (enero de 2015-junio de 2016), y después con Rob Porter, el secretario personal de la Casa Blanca que reventó por alegaciones de abuso doméstico sobre sus dos ex esposas y por carecer de la aprobación de seguridad para ocupar el cargo.

“Hopester” –le decía desde lo afectivo el Presidente. Una salida más, pero con posibles nuevas repercusiones sobre el caos que desde el inicio caracteriza a esta administración. The New York Times lo resumió de la siguiente manera: “Hope Hicks era la Dr. Jekyll del Mr. Hyde de Donald Trump”.

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Comentarios

Después del que escribió el articulo, “El presidente que no se ríe”, aquí no se puede tomar en serio los artículos sobre el presidente Donald Trump. Son patéticos y ridículos. Lo triste de estos “expertos” en política americana es que no se donde se van a meter cuando Trump vuelva a ganar en Noviembre del 2020.
Aquí por lo menos hay que reconocer algo de valentía en Prieto. Firma con su nombre y no como ONCUBA.

Alfredo Prieto

10 abril, 2018

Lo que dice su comentario es que usted milita en el partido de Trump. Yo no milito en ninguno, tal vez por eso no estoy seguro de lo que usted afirma va a pasar en 2020. Espere primero, al menos, a noviembre que viene… Gracias de todos modos por su vehemencia, el punto donde terminan las clases.

Prieto, aunque usted no lo crea no pertenezco a ningún partido político. Estoy registrado como independiente en EEUU. Tampoco pertenezco a ninguna organización política de cubanos. Solo soy un cubano mas que da su opinión. Si confieso que le tengo simpatía a la tendencia política que esta irrumpiendo en todas partes del mundo como lo que podíamos llamar un Nacionalismo-Conservador. Donde probablemente se podrían incluir a Donald Trump en Estados Unidos y a Vladimir Putin en la Federación Rusa. La versión cubana seria: “Cuba First”, donde a que partido político las personas pertenecen no es lo mas importante.
No veo nada malo en pronosticar elecciones. No tiene usted una opinión sobre quien puede ganar las elecciones en EEUU o en cualquier otra parte? O va a esperar a ver que pasa para entonces darla?

Pero solo por curiosidad, puedo estar equivocad

Me comí la ultima frase. No es importante. Ignorar.

Alfredo Prieto

10 abril, 2018

Donde yo estudié, me enseñaron a pronosticar resultados electorales con herramientas, no con simpatías. También que había contención en cualquier polémica, un camino que desde luego no pasa por epítetos –digamos “patéticos” o “ridículos” — que solo denotan un emocionalismo bueno para las telenovelas de Félix B. Caignet. En todo caso, lo más apropiado para marcar diferencias seria “equivocados” o “erróneos”, a no ser que del otro lado estemos lidiando con una clonación del Jehová del Antiguo Testamento, hecho de larga data en la cultura cubana aquí, allá y acullá.

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