La forma de gobierno en Cuba y el nuevo Presidente (I)

El próximo 19 de abril, de verificarse lo anunciado por el presidente Raúl Castro –no continuar ocupando la máxima magistratura cubana–, Cuba tendrá un nuevo Jefe de Estado. El hecho dará pie a varios análisis y a cierta atención internacional sobre el “traspaso”. Sin embargo, el evento en sí no tiene por qué provocar grandes cambios en la nación, si se considera que las estructuras y las culturas de poder guardan relación con, pero no se reducen a, su configuración institucional.

Con todo, será una experiencia singular. Desde 1959 hasta hoy –casi sesenta años–, la historia institucional cubana ha conocido formalmente solo cuatro presidentes: Manuel Urrutia Lleó (1959), Osvaldo Dorticós Torrado (1959-1976), Fidel Castro Ruz (1976-2006) y Raúl Castro Ruz (2008-actualidad).

Dos datos son relevantes en el proceso por venir: el nuevo Presidente tendrá un apellido distinto, y sus funciones estarán definidas por la vigente Constitución, ante el hecho de que parece abandonada, por el momento, la promesa oficial de 2011 de elaborar una nueva carta magna.

En este artículo no me intereso en la futurología de quién será el nuevo Presidente –es probable que las noticias, como es tradición, no deparen grandes sorpresas– sino por el marco en que el próximo jefe de estado cubano debe desarrollar sus funciones, la fuente de su legitimidad y algunos de los problemas institucionales que sería prudente encarar. Antes de considerar tales temas, repaso las formas de gobierno realmente existentes en la historia cubana del siglo XX.

La forma de gobierno en 1901

En el siglo XX Cuba tuvo tres constituciones, varias leyes constitucionales y muchas reformas constitucionales. La forma de gobierno que esa constituciones dieron al país fue diferente en todas ellas, y resultaron siempre bastante singulares.

La Constitución de 1901, inspirada en la tradición estadounidense, configuró un fuerte presidencialismo. El Poder Ejecutivo se ejercía por el Presidente de la República, elegible por sufragio de segundo grado, con un mandato de cuatro años. Para el ejercicio de sus funciones el Presidente contaba con seis secretarios de despacho.

Un comentarista, José Clemente Vivanco, anotó en 1902 que tal sistema “no es presidencial, porque este régimen requiere que el poder ejecutivo resida únicamente en el Presidente, haciéndose, por ese solo hecho, único responsable, sin que los ministros o secretarios de despacho sean otra cosa que meros consejeros y auxiliares (…) y tampoco es parlamentario, porque el legislativo no interviene en la administración, ni el ejecutivo, por medio de sus ministros, tiene asiento en las Cámaras para explicar sus actos y defender cuantos proyectos de ley tuviera a bien presentar”.

En la fecha, diversas posturas se mostraron críticas del diseño presidencialista de concentración de poder.

Salvador Cisneros Betancourt había redactado un proyecto de Constitución (1900) que proponía la elección directa del Presidente y prohibía que cualquier individuo que hubiese pertenecido al Ejército Libertador con grado de Brigadier, o superior, pudiese optar por la más alta magistratura, para que “jamás se pueda constituir un gobierno militar en Cuba”.

Cuba en la década de 1930. Foto: Walker Evans.
Cuba en la década de 1930. Foto: Walker Evans.

Tres décadas después, otros cubanos seguían proponiendo contenidos similares. Según Luis Hechavarría y Limonta (1937), el Presidente debía ser elegido por sufragio universal directo, y sus funciones deberían “quedar perfectamente determinadas en la Constitución, evitando que por exceso de atribuciones se absorban y sumen en él todas las que por esa misma Constitución corresponden a los otros poderes del Estado, perdiendo su cariz político y desapareciendo la República democrática que encarna las ideas y aspiraciones del pueblo cubano.”

La práctica política generada por el diseño presidencialista de 1901 resultó contraria a esas propuestas: fue el cauce jurídico del caudillismo político y de la concentración de poder. Funcionó dentro de un marco normativo que no intervino sobre las causas que sostenían el caciquismo, como el latifundismo oligárquico y la carencia de derechos sociales y de provisiones públicas de recursos sociales.

La Constitución del 40

Por su parte, la Constitución de 1940 modeló, por primera y única vez en la historia institucional cubana, un régimen semi-parlamentario. El Presidente de la República era el Jefe del Estado y representaba a la Nación. Debía actuar “como director moderador y de solidaridad nacional”. Era elegido por sufragio universal, igual, directo y secreto, para un período de cuatro años.

El sistema prohibía la reelección presidencial consecutiva, establecía una espera de ocho años para la repostulación, creó la figura de un primer ministro (sería uno de los ministros, con o sin cartera, designado por el Presidente) y estableció mecanismos de concertación entre todos los poderes públicos, que buscaban moderar el peso del Ejecutivo.

Constitucionalistas cubanos contemporáneos han puesto en discusión la naturaleza de ese sistema institucional. Carlos Manuel Villabella considera dicho régimen como un “presidencialismo atenuado”, y califica de “impropio” llamarle semi-parlamentario. Sin embargo, los propios creadores del sistema tenían otra opinión.

José Manuel Cortina, al explicar ese diseño en la Convención Constituyente de 1939-1940, atacó frontalmente al presidencialismo: “dentro de todo el Continente Americano somos el país en donde hay un régimen presidencial más estricto y más absoluto”. En opinión de sus formuladores, la propuesta de Constitución (1940) aceptaba el sistema parlamentario, y tenía “doble ventaja, [el Presidente] conserva su autoridad, preside el Consejo de Ministros y puede, sin embargo, desdoblar la responsabilidad en el Consejo de Gobierno y en el Primer Ministro”. Así, según esa opinión, poseía “todas las ventajas del régimen parlamentario, sin ninguno de sus inconvenientes”.

Apenas creado, la eficacia real de ese sistema resultó fuertemente impugnada. También por ello, la historia del parlamentarismo es hoy muy desconocida entre cubanos. No obstante, hay más de un aspecto rescatable en ella.

Presidencialismo Vs parlamentarismo

Como ha documentado Antoni Doménech, la “constitucionalización de la democracia, entendida sencillamente como régimen con sufragio universal y control parlamentario del gobierno, fue introducida siempre [en Europa] y por doquiera por gobiernos obreros tras el desplome de las monarquías meramente constitucionales (sin control parlamentario) continentales”.

El conocido como “consenso democrático de posguerra” –en cuya elaboración ocupa un lugar central, no siempre reconocido, la gran resistencia antifascista y gran variedad de movimientos socialistas– fue muy crítica del canon de la democracia liberal. En ello, buscó ampliar la democracia con un corrimiento hacia el parlamentarismo, la justicia social y la participación económica. Dentro de estas corrientes cabe inscribir el empeño –fallido– por parlamentarizar la forma de gobierno cubana en 1940.

La discusión continúa hoy, también, en forma de crítica hacia el modelo de presidencialismo latinoamericano. En Cuba, ese debate regional ha sido resumido de este modo por el ya mencionado Villabella: “unos defienden la necesidad de metamorfosis del presidencialismo hacia un sistema menos personalista, mientras otros sostienen la necesidad de más presidencialismo para, desde la hegemonía del poder, impulsar las transformaciones.”

La primera opción, como todas las alternativas, tiene problemas, pero por ser un campo en experimentación podría deparar innovaciones deseables. La segunda cuenta con una historia documentada de gruesos inconvenientes.

Roberto Gargarella ha escrito largamente sobre ello: el constitucionalismo reformista latinoamericano se dedicó a expandir los derechos existentes, pero sin incorporar las modificaciones acordes y necesarias en la otra área fundamental de la Constitución, el área de la organización del poder. La tesis refiere al hiperpresidencialismo, que impide la expansión de los derechos tanto para autoatribuirlos desde los actores sociales como para defenderlos desde instrumentos públicos.

Es importante conocer esa historia, y este debate actual, porque dice algo importante para hoy: el objetivo de conseguir más igualdad política, más redistribución de poder, pasa también por la disputa de un sistema institucional consistente con esa meta. Los fracasos de un sistema institucional –uno de ellos es habilitar la concentración de poder– tienen consecuencias directas: desempoderamiento de la ciudadanía y la captura del Estado a manos de élites.

Revolución: un nuevo diseño institucional

Tras la Revolución, el sistema institucional creado por la Constitución de 1976 reaccionó contra el presidencialismo tanto como contra el parlamentarismo.

Esa Constitución –promulgada en 1976, reformada en 1978, 1992 y 2002 y vigente hoy– considera a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) como el “órgano supremo del poder del Estado”, que “representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo”.

El texto estableció un diseño unicameral, ni presidencialista ni parlamentario. Julio Fernández Bulté lo calificaba de “asambleario”, mientras Villabella lo califica de “convencional” (en referencia a la Convención establecida por la Constitución francesa de 1792).

El sistema no es original (tiene antecedentes cruzados, selectivamente, de la historia constitucional cubana y de la tradición del “socialismo real”), pero sí resulta singular en el mundo actual.

Por más que la prensa extranjera y más recientemente también la cubana haya elegido hablar de “Presidente” para referirse a Raúl Castro, en Cuba no existe un Presidente a la manera en que predomina esta figura en otros diseños institucionales.

La pregunta sobre quién, cómo y desde qué marco institucional manda en Cuba su jefe de Estado es una de esas de las que todo el mundo cree saber su respuesta. Pero si hablamos de investigación, no parece ser un tema favorito de las ciencias sociales cubanas, y muchas veces la información pública que se ofrece sobre el tema se limita a transcribir, en el más pulcro estilo escolar, los artículos respectivos de la Constitución.

(Continuará mañana)

 

*El autor es profesor, historiador y jurista cubano.

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Comentarios

Gracias profesor por ilustrarnos. Lo que podemos someramente concluir, que el sistema “asambleario” cubano, no se cumple, si, a los mismos, se les exige de antemano una postura política determinada. Y estando dentro de la asamblea no tienen ni voz ni voto, cuanto mas, lo dejan hablar un poco, pero la ultima palabra NUNCA la tiene la asamblea, sino el presidente que no es presidente. No podría decir cual seria el mejor diseño de constitución, pero si puedo decir, que lo que no puede faltar, es el derecho a cambiar a través de las urnas el sistema imperante. Los cubanos tenemos derecho a probar opciones y “presidentes”, y por ende, variedad de apellidos! Sino, estaremos en presencia de una DICTADURA!

por favor Oncuba dejen el articulo en el front por el tiempo que le toca, no lo desaparezcan tan rapido. es importante que se debatan estos temas. sabemos que son incomodos, pero tenemos derecho al menos al debate, no? Gracias.

Rolando Leyva Caballero

7 marzo, 2018

Muy bien por la clase de Historia del derecho constitucional cubano. Sin embargo me quedan algunas dudas: ¿Qué modelo, si acaso experimental, se podría afirmar que primó en Cuba en el período que va de 1959 a 1976, cuando aún estaba vigente la Constitución de 1940 pero la misma, de una forma u otra, por lo poco que sé al respecto, no aplicaba o lo hacía de manera selectiva, lo cual resulta contradictorio, teniendo en cuenta que su restauración, que validaba el ordenamiento democrático burgués prerrevolucionario, era parte del Manifiesto del Moncada? ¿Se podría hablar entonces de una nueva legalidad “revolucionaria”, transitoria, ejecutiva? ¿Qué modelo sería preferible para Cuba en este momento, en condiciones ideales, es decir, si ocurriese el milagro de una consulta popular y la convocatoria consecuente de una constituyente abierta, democrática, masiva y participativa? ¿Se puede hablar de un poder asambleario real, que no simuladamente parlamentario, cuando la praxis política vigente se basa en el unanimismo sincrónico y proscribe la existencia de otras fuerzas políticas, incluso de izquierdas, que abrirían el abanico de opciones permisibles teniendo en cuenta la composición sociodemográfica pero sobre todo ideológica de la sociedad cubana actual? ¿Cómo superar el autoritarismo bestial e inmanente de un sistema, más que presidencialista, sectario, es decir, ejercido, de manera fáctica e inconstestable, por el Primer Secretario del PCC, a la vez presidente de los consejos de estado y de ministros y comandante en jefe de las fuerzas armadas? ¿Cómo separar las funciones y poderes para que se anulen o complementen en caso de necesidad? Estas son apenas algunas de las cuestiones que desconozco o que me preocupan. Imagino que también a otras muchas personas. Ojalá las respuestas lleguen mañana. O pronto. O algún día.

segovia

7 marzo, 2018

el gobierno cubano es impopular,nadie esta de acuerdo en hipotecar el pais por años a intereses corporativos.corrupcion,pobreza,falta de alimentos,medicinas.es un calvario lo que vive el proletariado cubano por obra y gracia de los ulemas tropicales.

Atanasio

7 marzo, 2018

Tratar de llamar Presidentes a quienes jamas han sido electos por el pueblo es pretender enmascarar los años que se ha vivido bajo una dictadura, a la que orgullosamente en su momento la llamaron “del proletariado”. Cuba no ha tenido un presidente electo desde que Batista dio su golpe de estado. A partir de entonces la Constitucion del 40 fue utilizada a conveniencia de los dictadores. Bajo la Constitucion actual el pueblo sigue careciendo de sus derechos como electores por cuanto esa Constitucion dice bien claro que el PCC es el organo rector de la vida politica del pais, lo demas es pura pallasada, incluyendo “elecciones”, asambleas populares, asamblea nacional, delegados, comisiones, etc, etc.

Hablar de “presidente” en Cuba es un chiste de mal gusto. Mas respeto con la inteligencia ajena.

Una asamblea que el 50% es designado deja de ser democratica, donde siempre quedan represntantes del gobierno, de los minsiterios, es unir juez y parte, como esta ocurriendo en la actualidad. Todo ello ha llevado a que no se considere una rendición de cuenta efectiva del poder ejecutivo, de esta manera se viola las propias politicas que se han aprovado, se reproduce el funcionario que tiene la verdad absoluta y el poder de decir NO, a cualquier iniciativa y propuesta. Estan presente dirigentes de la tercera edad que no han tenido ningun tipo de resultado concreto en las áreas que han atendido, sino todo lo contrario, han destruido sistemas empresariales que funcionaban bien, que competian en lso mercados internacionales y que aprovecharon cualquier error para quitarlos del camino, mientras los que dirigen autoritariamente llevan un largo historial de errores y equivocaciones ,,,y no pasa nada
Sin duda la figura del rpesidente es muy importante, pero de que vale tener uno u otro presidente elegido por una u otra forma de democracia, si el poder en su conjunto es auotritario. Hay que basar más el poder en estructuras insitucionales plenamente demcoraticas en su actuar y funcionamiento. Los presidentes pasan pero las instituciones verdaderamente democráticas deben permanecer

LLámenme desconfiado, pero una Constitución escrita o revisada dentro de un sistema comunista me parece una farsa más para mantener al PCC en el poder. “Quien inventó el juego inventó la trampa”. Si puede haber una constituyente nueva como se hizo en el 40 donde participaron todos los partidos políticos desde los conservadores hasta los comunistas. De ahí su mérito.

Copio

WASHINGTON.
Media docena de congresistas republicanos de Florida le pidieron al presidente, Donald Trump, que rechace al sucesor de Raúl Castro que saldrá de los comicios a la Asamblea Nacional convocados para este domingo.

“Le pedimos respetuosamente que denuncie al sucesor de Castro como ilegítimo ante la ausencia de elecciones libres, justas y multipartidistas”, dijeron los congresistas en una carta dirigida al presidente estadounidense.

———-
Encuentro muy aburrido a un politico con acciones tan predecibles. ?Quien encabeza la lista? Deja ver si adivino

La carta la suscribieron el senador Marco Rubio y ….

Mike L Palomino

11 marzo, 2018

O sea, que si esta forma de gobierno es mala, la republicana también lo era. Cree el ladrón que todos son de su condición.
La única cosa comparable al fidelismo es el stalinismo.
Si Cuba hubiera estado tan lejos de usa como rusia, hubiéramos tenido gulags y juicios de moscú.
Ni siquiera el stalinismo pudo hacer tanto daño al pueblo ruso como el fidelismo al cubano.

Carlosamm

19 abril, 2018

Estamos atravesando ese periodo de reposo turbulento
José Julián Martí Pérez
…………Ser una persona honrada, poder hablar sin miedo ni hipocresía tiene que dejar de ser una misión de alto riesgo, no puede seguir siendo una opción suicida, tenemos como ciudadanos un rol social y el derecho a aspirar a una sociedad mejor, verdaderamente justa e incluyente, con iguales derechos para todos, no puede seguirse discriminando a una parte de la sociedad porque no piense como los otros, la aplicación del consenso por mayoría en la toma de decisiones está falseando nuestras determinaciones, pues con una sola persona que no esté de acuerdo en algo, y tenga que sin discusión subordinarse, o que por obligación tenga que ser sometida, porque no se logre con la fuerza de las ideas y la razón convencerla, nos aleja de las bases democráticas de nuestra nación, y eso no es justicia, mucho menos democracia, estaríamos trabajando en sentido contrario al fortalecimiento de la unidad nacional, nuestro país está envejeciendo a pasos cada vez más acelerados y nuestros hijos tienen sus propios problemas y no quieren asumir sus responsabilidades con la sociedad, tenemos derecho a aspirar a un país cuya Constitución refleje los deseos y aspiraciones de toda una nación y no de una parte de ella, tenemos derecho a aspirar a una Asamblea Nacional que sea asiento verdadero y representación honesta de todos los sectores del país, como siempre quiso el Apóstol, y por la que tantos cubanos entregaron sus vidas, vivimos en una república y su asiento legal está en la tripartición de poderes, en la neutralidad de cada uno de ellos, los miembros del Poder Legislativo, a la Asamblea Nacional por mandato del pueblo, otorgado mediante elecciones libres y por sufragio universal, el presidente igualmente escogido en elecciones libres y por sufragio universal, el que junto al consejo de gobierno, y de ministros conformaran el Poder Ejecutivo, y cuya función es cumplir con lo dictaminado como ley por la asamblea nacional, a la cual se debe y está obligada a rendir cuenta, tenemos derecho a aspirar a un Ejército respetuoso de la ley y obligado solo con su Constitución, a un Tribunal Supremo de Justicia solamente obligado con la ley fundamental de nuestro país, tenemos derecho a aspirar a que nuestro Consejo Electoral Nacional recupere su neutralidad y reconozca como ley la elección libre y por sufragio universal como un derecho de todos los ciudadanos, y que ese cuarto poder que es la Prensa, asuma igualmente su tan necesaria imparcialidad y neutralidad, y se convierta en el censor público de nuestra sociedad, comprometido solo con la verdad, para que nadie se sienta por encima de la ley y pueda ser señalado públicamente cuando cometa errores que perjudiquen a la nación, tenemos derecho a aspirar a un hombre dichoso, honesto y verdaderamente político, temeroso de Dios como ser supremo y de la ley como vehículo aglutinador y guía de todo lo que el país proponga, preocupado por todos los asuntos de su nación, y dispuesto a morir por su Patria si fuese necesario, que sienta como suya la obligación de apoyar cualquier causa justa en cualquier parte del mundo, pero que ame y no odie a su prójimo, tenemos derecho a aspirar a una sociedad que a nadie discrimine por su orientación sexual, pero que tampoco la imponga, tenemos derecho a aspirar a una sociedad donde la familia vuelva a ser la piedra fundamental en el crecimiento y desarrollo nacional al que aspiramos, tenemos derecho a aspirar a una sociedad donde ningún extranjero se sienta con derecho alguno sobre los nacionales, y estos últimos no se sientan como extranjeros en su propia tierra, tenemos derecho a aspirar a una sociedad donde los hombres honrados no tengan que robar para mantener a sus familias, y el salario deje de ser un costo, para ser realmente parte de las utilidades que se perciban por generar bienes o servicios, tenemos derecho a aspirar a una sociedad que como nación, se pueda sentar en materia de política internacional a conversar con cualquier otra nación del mundo en iguales condiciones, sin menoscabo de nuestra soberanía…………….

Cuba, un breve recorrido por el camino emprendido como nación, y la sociedad a que aspiramos.
Autor: Carlos A. Martínez Marréro

Carlosamm

4 mayo, 2018

Estimados todos, y la segunda parte de este articulo cuando se publicara¿?

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